Refugiados camboyanos en Longchamps, el “año cero” de los Jemeres Rojos

Jemeres Rojos

El Reino de Camboya es un pequeño Estado en la península de Indochina, que limita con Vietnam, Laos y Tailandia y posee costas sobre el golfo de Tailandia. Según Strahler, su clima es tropical con estación seca en el invierno y tiene áreas de pluviselva, la estación seca es lo que diferencia este clima del ecuatorial y permite ciertas actividades de cultivo.

Las costas de Indochina están bañadas por los vientos húmedos y tropicales que generan lluvias abundantes coincidentes con los momentos en que el sol está alto en el cielo, lo que otorga al ambiente temporadas de altas temperaturas y abundantes precipitaciones. Sus tierras están atravesadas de norte a sur por el Río Mekong, que nace en el Himalaya chino, recorre más de 4.200 km y desemboca en forma de delta en las aguas del Mar de China, en Vietnam.

Esta cuenca es fuente principal de recursos pesqueros. Se trata de un río navegable desde el mar por pequeñas embarcaciones hasta Phnom Penh, la capital de Camboya. Solo los barcos de poca profundidad pueden avanzar río arriba. El suelo fértil de la llanura deltaica y la abundancia de agua estacional son propicios para el cultivo de arroz. Recursos ambos (arroz y pescado) que determinaron la importancia que tuvo el país en el aprovisionamiento de comida para los soldados de uno y otro bando durante la guerra de Vietnam.

Hoy Camboya tiene algo más de quince millones de habitantes y transita por un recientemente iniciado proceso de democratización, en el que hubo pocos juicios contra los crímenes cometidos durante el régimen de los Jemeres Rojos. El 30 de enero de 2009, después de treinta años de la caída de aquel régimen, se inició el proceso judicial8, en un contexto de numerosas irregularidades políticas, crisis económica y el recrudecimiento de un conflicto fronterizo con Tailandia.

El régimen de los Jemeres Rojos tuvo dos naciones enemigas: Estados Unidos y Vietnam. Pol Pot se mantuvo contrario a ambas a costa de reprimir minorías étnicas, prohibir el islam, asesinar posibles aliados políticos y varios otros crímenes; todo en el marco de uno de los regímenes más opresivos y sanguinarios del siglo XX, y que resultó del desenlace de un golpe de Estado perpetrado en marzo de 1970 contra el gobierno de Sihanouk. Esto dio lugar al régimen de Pol Pot que, como dijo Anderson, contenía políticas de crueldad, paranoia, delirios de grandeza, despotismo y nacionalismo tendiente a conservar los intereses dinásticos imperiales.

China y Vietnam competían por el liderazgo político en Indochina. En ese marco, la dictadura de los Jemeres Rojos que se inicia en Camboya a partir del golpe de Estado de abril de 1975 y perdura hasta 1979, se manifiesta antivietnamita. La rivalidad nacional con Vietnam parece pesar más que su similar tinte político, la procedencia étnica de la mayoría de su población o la religión; pues la dictadura camboyana aceptó el patrocinio chino y se manifestó antivietnamita, al punto de fusilar aliados políticos de su misma etnia solo por tratarse de vietnamitas.

Camboya tiene algo más de quince millones de habitantes y transita por un recientemente iniciado proceso de democratización

En el mismo texto se afirma que China de alguna forma patrocinó a la dictadura de Camboya de los Jemeres Rojos. Mao Tse-Tung contribuyó con armamento, alimentos y otros aportes al ejército de Pol Pot. Esto habla de un acercamiento entre el nacionalismo camboyano y el chino, alineados contra Vietnam. Por este motivo se considera que estos enfrentamientos no se explican exclusivamente por la Guerra Fría, entre los ejes comunista y capitalista, sino por rivalidades nacionales. Tal como afirma Anderson, las revoluciones se definieron como “nacionales”, la Revolución china y la vietnamita atan el proceso revolucionario a un pasado nacional heredado al que el autor define como “el valor más universalmente legítimo en la vida política de nuestro tiempo”.

Los hechos violentos acontecidos en Indochina tienen una larga trayectoria. En 1867 el rey de Camboya solicita el ingreso al protectorado francés, con el objetivo de que sea Francia quien proteja al reino de otros posibles invasores. Entre los temidos invasores se encontraba el reino de Siam, actualmente Tailandia y Cochinchina. Ante la formación del protectorado francés y la inclusión de Camboya, Siam renunció a la soberanía sobre esas tierras y dio su reconocimiento oficial al nuevo protectorado. De esta manera lo relata el Diccionario Enciclopédico Hispanoamericano de Literatura, Ciencias y Artes:

No hay historia escrita de Camboya, pero la tradición asegura que hubo un tiempo en que este país fue el estado más rico y poderoso de Indochina oriental […] Según los anales del Celeste Imperio, las primeras relaciones entre China y el Reino de Camboya datan del 616 d C. […] entonces era un gran reino. Hacia 1670, comenzó a decaer. Combatido a su vez por Siam y Cochinchina que, poco a poco le fueron arrebatando territorios. […] Cuando los franceses con la ayuda de los españoles lograron triunfar en Cochinchina y se establecieron en ella, el Rey de Camboya no vaciló en aceptar su protectorado que le había de poner al cubierto de los seculares enemigos de su pueblo. (AA.VV., p. 326)

Durante la Segunda Guerra Mundial, Indochina fue ocupada por los japoneses, y es en ese contexto cuando Sihanouk es coronado rey en 1941. Tras la derrota de Japón, los franceses retoman el poder de su protectorado con gran debilidad política. En 1953 se firmó el Acuerdo de Ginebra, por el cual Francia reconocía como estados independientes a Camboya, Laos y los dos Vietnam. Esos largos años de influencia cultural francesa, especialmente entre las élites camboyanas, fueron y son aún muy importantes.

Para otorgar sentido a la dictadura ejercida por los Jemeres Rojos en Camboya es necesario mencionar algunas características y coyunturas. En primer lugar, su cercanía territorial al conflicto de Vietnam y el tránsito que los bandos del enfrentamiento tuvieron a través del territorio camboyano. Por otro lado, fue importante el desgaste político heredado de invasiones y ocupaciones anteriores, así como el ascenso al poder político de un sector social muy complejo, que fuera liderado por el conocido déspota Pol Pot o “Angkar”, como él mismo se hizo llamar.

Pol Pot nació el 19 de mayo de 1925, su nombre era Saloth Sar y sus padres eran propietarios de nueve hectáreas de arrozales, tres huertas y seis búfalos. Pertenecía a la etnia jemer, profesaba el budismo y mantenía contacto con la realeza. Tuvo una educación muy estricta y podríamos decir de privilegio entre sus coetáneos. Obtuvo una beca para estudiar en París en 1949, que perdió años más tarde. Sin embargo, durante su estadía en Francia conoció a quien después fue su esposa, se convirtió en miembro de la sección camboyana del Partido Comunista Francés y consolidó amistades.

Ya de vuelta en Camboya, surge como líder político viable, cuando su fracción toma la conducción del Partido Comunista en 1963. Casi inmediatamente esta conducción pasa a una clandestinidad que le ofrece numerosas ventajas, tales como evitar cualquier debate político abierto, preparar la rebelión contra Sihanouk y formar alianzas con los enemigos de sus enemigos. En 1967 ya estaba a la cabeza de la insurgencia comunista que generó un giro en la conducción del partido, conformando a partir de ese entonces una dirigencia de clase urbana, educada en Francia, radicalizada y antivietnamita.

Refugiados camboyanos en Longchamps, de Indochina a la Argentina

El ascenso al poder de Pol Pot tuvo algunos antecedentes que debemos mencionar, dentro de los cuales es importante destacar la intervención del ejército norteamericano en la región. Su objetivo político era aislar a China, consolidando la hegemonía norteamericana en los países que la rodean, para limitar su poder, según lo expresa Kiernan. A medida que el conflicto en Vietnam se intensificaba por la intromisión del ejército norteamericano, los soldados comunistas buscaban refugio en campos camboyanos, cuyo gobierno se mantenía neutral.

Esperaban evitar los bombardeos del ejército estadounidense y obtener comida, especialmente arroz procedente de los campos del noroeste. Un poco más tarde, en 1966 se iniciaron incursiones norteamericanas de aviones bombarderos B-52 en el campo camboyano cercano al límite con Vietnam. Y aunque Kiernan dice que el objetivo era llevar a los soldados comunistas nuevamente al campo de batalla, otras versiones hablan de bombardeos anteriores y con intenciones confusas. Estas incursiones del ejército norteamericano, cada vez más frecuentes, y la crisis económica que generó el aumento del contrabando de arroz, desgastaron fuertemente al gobierno de Sihanouk y disminuyeron los recursos económicos disponibles de la nación.

Con el apoyo de Estados Unidos (y el silencio complaciente de la oposición política de Pol Pot), el 18 de marzo de 1970 el general Lon Nol derrocó al príncipe Sihanouk y se instaló en el poder, usurpando el gobierno camboyano. A pesar de la manifiesta colaboración de Estados Unidos con el nuevo gobierno de Lon Nol, el ejército de estadounidense intensificó los ataques de B-52, sembró minas personales en campos camboyanos, en el marco de las misiones “Salem House” primero y “Daniel Boom” después. Las operaciones militares realizadas fueron ochocientas solo en el año 1967; causaron terror y confusión en la población.

En la entrevista realizada por Miguel Riera el 3 de noviembre de 2009 a Mark Aguirre, autor del libro Camboya. El legado de los Jemeres Rojos, este último dijo:

El caso camboyano es una vergüenza más de tantas para nosotros los occidentales, los supuestos civilizadores que rompemos las leyes cuando que remos y exigimos cumplirlas a nuestros supuestos enemigos. Por los últimos documentos desclasificados por el Pentágono se sabe que Camboya tiene la desgracia de ser el país más bombardeado de la historia. Más que Japón, incluyendo las bombas atómicas, y más que Alemania, durante la segunda guerra mundial. No olvides que Camboya es un pequeño país, un poco más grande que las dos Castillas juntas. Es difícil saber los muertos que hubo, pero la cifra generalmente aceptada por los historiadores alcanza el medio millón. Tanta destrucción arrasó la sociedad rural. La ciudad, que apoyaba a los norteamericanos, se libró de las bombas, facilitando el camino a los jemeres rojos. Pero lo patético es que Johnson primero y después Nixon nunca lo hicieron público para no alimentar al movimiento contra la guerra de Vietnam, que veían como una amenaza interna. Cuando Martin Luther King fue asesinado en 1968 estaba en el proceso de unir el movimiento por los derechos civiles al movimiento contra la guerra de Vietnam, una alianza explosiva. El mismo Congreso estaba contra la expansión de la guerra. Es en este contexto que decidieron actuar contra la legalidad; según la Constitución los Estados Unidos de América no pueden atacar a un país sin declararle la guerra, actuando como rufianes protegidos por la oscuridad. Al final la guerra ilegal de Camboya fue un elemento más de los que afortunadamente hicieron caer al presidente Nixon.

La descripción anterior es una de las tantas referidas a la violencia padecida en Camboya. El letrado español Miguel Ángel Rodríguez Arias, impulsor de la causa judicial que espera recuperar cuerpos de asesinados por el franquismo español entre 1936 y 1974, afirma que “España es el segundo país del mundo en fosas comunes tras la Camboya de Pol Pot”. Esta afirmación fue tomada como propia por el movimiento memorista español, sintetizando con ella a dos grandes genocidios y sus secuelas enterradas en fosas comunes y aún impunes.

Respecto a la confusión generada por las operaciones norteamericanas acerca de quien o quienes eran responsables de los ataques a poblados en Camboya, se han encontrado en esta investigación múltiples fuentes. SK y ChS, informantes de la comunidad de Longchamps, se manifestaron en este mismo sentido. Ambas afirmaron no entender del todo la situación política que las obligó a huir, tampoco conocer la identidad de los batallones que ingresaban a los pueblos vecinos, y que cuando llegaban mataban a todos los que encontraban. Es posible que esta confusión esté basada en que algunas veces los soldados americanos o sus aliados vietnamitas que intervenían en estos operativos “vestían uniformes de Viet Chong”, es decir, del ejército contrario. Con Lon Nol en el poder, y sin indicadores previos que pudieran anticiparlo, el ejército de Estados Unidos invadió Camboya generando “en 1971, 130.000 refugiados jemeres”, ante las Naciones Unidas.

China y Vietnam competían por el liderazgo político en Indochina.

Según Kiernan, los ataques cada vez más frecuentes originaban tal malestar que los sobrevivientes eran fácilmente captados por el Partido Comunista de Kampuchea, liderado por Pol Pot. Las operaciones de inteligencia norteamericanas, las plantaciones de minas y los bombardeos facilitaban el reclutamiento. A este respecto, múltiples artículos de The New York Times hacen referencia a esta situación y los entiende como factores de presión para la elaboración de la ley del Congreso de Estados Unidos, del 15 de agosto de 1973, en la que se ordena el cese del fuego y el retiro de las tropas norteamericanas de Camboya.

Acerca del rol que Estados Unidos tuvo en Camboya, hay dos películas de ficción que evocan la situación de violencia vivida en Camboya y son de interés para el tema, la más antigua titulada Los gritos del silencio (1984), enfocado en la repercusión mediática que generó el golpe de estado de Pol Pot. La segunda y más reciente es First they killed my father (2017), muy bien documentada y con una tibia mirada crítica respecto de la intromisión de Estados Unidos en la región. Son pocas las manifestaciones artísticas que llegaron al mundo occidental de aquel genocidio. Es pertinente recordar que las intervenciones americanas en Camboya durante las décadas de 1960 y 1970 son aún causales de acusaciones judiciales dirigidas al entonces embajador de Estados Unidos, según se puede leer en The New York Times.

Nuevas presas ponen en peligro la supervivencia del río Mekong en el Sudeste Asiático

Durante 1966 se había producido un bloqueo marino de los Estados Unidos sobre la costa de Vietnam, que impedía la conexión por barco entre los vietnamitas comunistas del norte y del sur. Es entonces cuando construye la ruta terrestre de Ho Chi Minh, también llamada por los norvietnamitas la “599”. Se trata de una red de caminos trenzados de aproximadamente 20.000 kilómetros de extensión total, que unen la ciudad de Hanoi con Saigón.

La circulación de tropas comunistas por esta red de caminos sobre territorio laosiano y camboyano fue extremadamente difícil de atacar por parte de norteamericanos que bombardeaban de forma constante. Este bombardeo creciente que los aviones americanos realizaban vulneraba el acuerdo de neutralidad de Laos y Camboya. La intromisión americana por este camino causó tal descontento entre los camboyanos y laosianos, que favoreció el reclutamiento de comunistas en ambos países y la creciente fuerza política comunista que sería fundamental más adelante.

La zona norte del país fue reiteradamente bombardeada. Una mañana de febrero de 1973 los B-52 atacaron la aldea de Stung Kambot (también denominada Pnum Kambot) al sur de la región de Oddar Men Chey. Allí asesinaron a cincuenta aldeanos e hirieron de gravedad a treinta. Más tarde, en marzo, los B-52 y los F 111 bombardearon una caravana de carros de bueyes en el mismo distrito, momento en el que mataron a diez aldeanos más: “un joven campesino recordaba como los B-52 bombardeaban su aldea entre tres y seis veces por día durante tres meses”.

El norte del país fue una región especialmente perjudicada por los ataques aéreos, la confusión y el terror. La provincia de Oddar Mean Chey es el lugar de residencia de origen de algunos refugiados, hoy residentes en Longchamps, según los registros de campo realizados. Aquellos sobrevivientes que no se convirtieron en partidarios del Partido Comunista de Kampuchea de Pol Pot, fueron captados como mano de obra en los campos de trabajo, exiliados o asesinados. Durante los años de su gobierno ejecutaron a camboyanos no jemeres, incluso a quienes tenían alguna experiencia revolucionaria, como una “limpieza étnica”.

Durante una entrevista le pregunté a SK acerca de su adscripción étnica. Respondió inmediatamente con actitud defensiva: “¡Yo no soy jemer!”. Al responder cambió el tono de voz y me hizo notar su disgusto por la pregunta. También dejó claro que serlo constituye algún tipo de deshonra entre el grupo. Esta comunidad es un heterogéneo étnico, social y económico, que se define hacia el barrio por su nacionalidad y no por su origen étnico o religioso, ni por su condición de “refugiados”. Posiblemente su rápido distanciamiento de la adscripción a la etnia jemer tenga lugar en la asociación generalizada que existe entre la dictadura de los jemeres rojos y la extrema violencia de la que la comunidad fue producto.

En Camboya, los jemeres mantenían los privilegios y quienes no lo eran fueron perseguidos. “No se trataba ni de una revolución proletaria comunista que privilegiaba a la clase trabajadora, ni de una revolución campesina que favorecía a todos los granjeros. Los favores en Kampuchea Democrática, tal como se daban, estaban reservados para los jemeres aprobados”. Nunca se explicitó el significado de “aprobados”, pero con seguridad los refugiados de este estudio no lo eran.

Con la toma del gobierno por parte de Pol Pot y el ingreso de los soldados a las ciudades, obligaron a la población urbana a abandonar sus casas a la fuerza, sin un destino claro, solo debían alejarse tres km de la ciudad. Los extranjeros que residían en Phnom Penh fueron reunidos en la embajada francesa y expulsados días más tarde. Para realizar estas difíciles maniobras utilizaron el pretexto de posibles bombardeos norteamericanos, y así evacuar en pocos días a la población de dos millones de habitantes que poseía la ciudad capital Phnom Penh en ese momento. La evacuación fue caótica y, de acuerdo con el cálculo realizado por Kiernan la tasa de mortalidad del viaje fue muy alta, equivalente en números absolutos a 10.600 personas muertas o ejecutadas durante el éxodo. Algunos de los habitantes expulsados de las ciudades fueron enviados a zonas menos pobladas del norte, con cuyo trabajo esperaban producir y exportar dos millones de toneladas de arroz en 1977.

Refugiados camboyanos en Longchamps, comunalización e integración

Para Aníbal Quijano, la colonialidad es un elemento constitutivo del patrón mundial de poder capitalista y Camboya durante el gobierno de Pol Pot fue comunista. Sin embargo, para este autor, la colonialidad se funda en la imposición de una clasificación racial o étnica de la población que se mundializa a partir de la conquista de América. A pesar de la aparente imposibilidad de aplicar la idea a este caso, se intentará dar sentido a las narraciones de los refugiados a la luz del concepto de colonialidad. En primer lugar, porque la supremacía de los jemeres rojos educados en Francia fue parte fundamental en la estructura de dominación durante los años de dictadura de Pol Pot (por lo menos).

La expulsión de extranjeros, los discursos acerca de la nueva Camboya que la situaban distanciada del mundo occidental, pero también del mundo comunista podría interpretarse como una imposición de superioridad étnica. Los camboyanos no jemeres y campesinos fueron relegados, fusilados, expulsados u obligados a trabajar en situaciones de subordinación extrema. Recordemos que todas las escuelas del país fueron cerradas, las expresiones de arte prohibidas, los disidentes asesinados, los extranjeros expulsados. Las pertenencias privadas con algún valor económico o artístico fueron inmediatamente apropiadas por el régimen de los jemer es rojos.

Es posible interpretar que la racionalidad eurocéntrica reinante en el poder de Camboya durante fines de la década de 1970, fue un elemento de dominación utilizado por Pol Pot y su círculo de poder. En tanto la población del país se vio privada de finalizar su escolaridad, dando así legitimidad a la “superioridad intelectual” de la clase dirigente, los campesinos no disponían de escuelas para sus hijos y la dirigencia política educada en Francia marcaba el rumbo a seguir.

El eurocentrismo en la dirigencia camboyana se manifiesta, además, en el fortalecimiento de la identidad nacional, que se rediseña en contraposición a la vietnamita. Esta idea, que se convierte en emblema del gobierno de los jemeres rojos, se sustenta en una rivalidad con Vietnam que con algunos antecedentes históricos se fortaleció como producto del alineamiento con China a partir del golpe de Estad o de Pol Pot.

Durante mis observaciones de campo tuve la oportunidad de escuchar relatos de la huida. SK me transmitió con el suyo angustia, hambre y desorientación. Ella estaba abandonando a sus dos hijos pequeños en el pueblo que dejaba, aunque más tarde logró recuperarlos y su recuerdo está cargado de aquella sensación. El relato de ChS ponía énfasis en el miedo, el hambre y el dolor físico. En todos los casos, el tiempo transcurrido durante el relato de la huida me transportó al lugar y al momento en presente. Estos relatos estaban marcados por la desposesión, la subordinación y el terror creciente, todo ello cobra sentido ante la decisión de cruzar a Tailandia.

Cuando inicié el trabajo de campo me preguntaba: ¿sigue definiéndose por qué esta minoría “no jemer” en un contexto que desconoce todo significado de esa identidad? El primer sentido que le di fue que, en el barrio nadie lo preguntó. También pensé que su adscripción era una muestra política que los excluye de cualquier asociación con los jemeres rojos. Así, encontré sentido a su expulsión, en la desposesión de bienes, propiedades, bienestar, paz, y hasta incluso de la pertenencia a la etnia jemer. Por otro lado, su adscripción a la nacionalidad camboyana en Argentina al igual que en cualquier lugar del mundo es indiscutible y universalmente admitida. Puede ser que todo lo dicho sea motivo de cierta aceptación de la comunidad a ser denominados “camboyanos”, en vez de refugiados, indochinos, jemer es u otra denominación.

Posiblemente la entidad histórica de esta etnia los haya vinculado, tanto allá como acá, con la clase oprimida. Definirse no jemer puede ser una forma más de evidenciar la desposesión padecida, aun cuando entre sus vecinos del barrio no se le diera tal significado. Durante el trascurso de las observaciones participantes escuché comentarios acerca de los miembros de la comunidad y nunca se refirieron a ellos por su etnia, siempre lo hicieron por su nacionalidad.

Así, su identidad étnica continúa refiriéndose a su situación allá, reafirman do la nacionalidad camboyana “no jemer”; reafirman que son sobrevivientes de crímenes perpetrados contra “su” gente y que no participaron de ninguna ventaja durante los años de Pol Pot. Esta identidad tan marcada entre la generación de los refugiados 18 , pa rece estar ausente entre las siguientes generaciones. No se trata de una “mezcla” étnica que los hizo desaparecer, sino de una identificación propia de la generación que padeció la condición persecutoria y que compone la otredad, en notable diferencia con sus hijos y nietos.

Díaz Polanco hace referencia a esto y dice: “puede observarse que ciertos grupos mantienen constante una identidad contrastable con respecto a otros conjuntos sociales, pero eso no significa necesariamente que la identidad que establece el contraste es siempre la misma”. Lo que puede ser constante es la existencia de una identidad que funda la diferencia, pero la naturaleza de esa identidad en cada momento histórico es impactada por las transformaciones que sufre la estructura social.

 

Nota: El artículo es la cuarta parte de un paper publicado originalmente por la Revista Asia / América Latina. La reproducción del mismo se realiza con la debida autorización. Link al artículo original: http://www.asiaamericalatina.org/wp-content/uploads/2021/12/2.-Refugiados-camboyanos-en-Longchamps.pdf

Laura Puga
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