La República Socialista de Vietnam ha emprendido una transformación estratégica de gran envergadura, orientada a consolidarse como una potencia intermedia hacia el año 2045, coincidiendo con el centenario de su independencia. Bajo la conducción de Tô Lâm, el país ha adoptado un enfoque pragmático que deja en segundo plano antiguos postulados ideológicos, priorizando la modernización económica y una política exterior renovada, centrada en el fortalecimiento de la cooperación regional. Este reordenamiento estratégico ha sido objeto de análisis por parte de centros especializados, entre ellos el ISEAS-Yusof Ishak Institute, cuyos informes recientes coinciden en identificar un patrón consistente: la estrategia vietnamita se dirige a robustecer su autonomía estratégica en un entorno internacional caracterizado por la creciente rivalidad entre Estados Unidos y China (ISEAS-Yusof Ishak Institute, 2024).
Un giro regional pragmático: la clave de Hanoi
En un movimiento que evidencia un rediseño estratégico en su política exterior, Vietnam e Indonesia han elevado recientemente sus relaciones bilaterales al estatus de «asociación estratégica integral». Este acuerdo contempla un compromiso para intensificar la cooperación económica, eliminar barreras al comercio e inversión, y profundizar la colaboración en materia de defensa e inteligencia. La decisión adquirió especial relevancia, considerando las históricas fricciones entre ambos Estados por disputas marítimas en el Mar del Sur de China. No obstante, Hanoi optó por una postura pragmática y conciliadora, logrando concluir, tras doce años de negociaciones, un acuerdo para la delimitación de sus respectivas zonas económicas exclusivas (ZEE), el cual será formalmente ratificado en abril.
Este movimiento se inserta en un patrón más amplio de política exterior vietnamita. Según el informe 2024 del ISEAS-Yusof Ishak Institute, estas iniciativas no solo buscan reforzar una red de alianzas intra-ASEAN, sino también disminuir la dependencia estructural respecto de las grandes potencias y dinamizar el proceso de modernización nacional. En esta línea, Vietnam ha logrado muchos avances en la delimitación marítima con países vecinos, como la firma de acuerdos con Tailandia (1997), China (2000) e Indonesia (2003, 2022) y en los últimos meses, Hanoi ha formalizado acuerdos equivalentes con Malasia y Singapur, configurando una estrategia sistemática de integración regional.
La ambición de potencia intermedia: fundamentos y desafíos
El horizonte estratégico de Vietnam se encuentra claramente definido: alcanzar la condición de potencia intermedia hacia el año 2045, en conmemoración del centenario de su independencia nacional. Desde la perspectiva de la literatura especializada, las potencias intermedias se distinguen por su capacidad de ejercer una influencia regional significativa a través de mecanismos diplomáticos, solidez económica y un uso eficaz del poder blando (soft power), tal como lo subrayan investigaciones recientes realizadas por el Lowy Institute.
Desde su adhesión a la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) en 1995, Vietnam ha asumido un papel protagónico en la promoción de la estabilidad política y la integración económica dentro de dicho bloque regional. En consonancia con esta trayectoria, el grupo de países de la región Asia-Pacífico en el ámbito de las Naciones Unidas ha decidido postular a Vietnam para ocupar la presidencia de la 35ª Reunión de los Estados Partes de la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar (SPLOS), la cual se llevará a cabo entre el 23 y el 27 de junio próximos en la sede de la ONU en Nueva York, Estados Unidos.
No obstante, estos avances, y conforme al análisis del Stimson Center, Vietnam aún enfrenta desafíos estructurales que limitan su consolidación como un actor regional de peso. A pesar de haberse transformado en un eslabón clave dentro de las cadenas de valor globales, especialmente en sectores como la electrónica, la industria textil y la producción agrícola, el país debe hacer frente a problemáticas persistentes, tales como la desigual distribución del ingreso, el deterioro ambiental y las restricciones propias de su régimen político de partido único.
Las reformas de Tô Lâm: modernización sin renunciar al control
En este contexto, el ascenso de Tô Lâm al liderazgo político marca un punto de inflexión significativo en la trayectoria reciente de Vietnam. En diciembre de 2024, Lâm presentó un ambicioso paquete de reformas estructurales, cuya aprobación tuvo lugar en febrero de 2025. Dicho paquete contempla la reducción y fusión de ministerios y agencias gubernamentales, la reestructuración de medios estatales – cinco canales de televisión estatales fueron cerrados-, la reducción del 15% al 20% del aparato estatal, afectando a aproximadamente 100.000 empleados públicos y una profunda reestructuración del aparato burocrático estatal.
Estas reformas fueron concebidas con el objetivo de racionalizar el aparato gubernamental, mejorar la eficiencia del desempeño económico y consolidar la posición de Vietnam como un destino atractivo para la inversión extranjera directa. Particular atención se ha otorgado a sectores estratégicos como la transición hacia energías sostenibles, el desarrollo de la industria de semiconductores y la digitalización de la economía, considerados clave para asegurar un crecimiento sostenido y competitivo en el contexto global.
Según informa AsiaNews, el proceso de reformas en Vietnam ha sido acompañado por una centralización del poder por parte del secretario general del Partido Comunista, Tô Lâm. Esta centralización se ha manifestado en la ampliación del Politburó y en la designación de figuras leales en puestos estratégicos dentro del aparato estatal, replicando patrones típicos de centralización observados en regímenes comunistas.
Política exterior: autonomía estratégica en tiempos de rivalidad
El pragmatismo que caracteriza el liderazgo de Tô Lâm se refleja de manera evidente tanto en la política exterior como en la política interna de Vietnam. En el plano internacional, a diferencia de sus predecesores, Lâm ha priorizado el fortalecimiento de los vínculos con los países vecinos miembros de la ASEAN, promoviendo acuerdos orientados a reforzar la seguridad marítima, la cooperación tecnológica y la integración económica regional. Un ejemplo ilustrativo de este enfoque es la resolución del diferendo territorial con Indonesia en torno a las Islas Natuna. Aunque ambos países habían firmado un acuerdo sobre la delimitación de la plataforma continental en 2003, las negociaciones sobre las zonas económicas exclusivas (ZEE) continuaron por más de una década, culminando finalmente en un acuerdo en diciembre de 2022. Este entendimiento no solo refleja la voluntad de resolver pacíficamente sus diferencias, sino también el compromiso de fortalecer la cooperación regional.
Simultáneamente, en el ámbito doméstico, Vietnam transita hacia un modelo híbrido que combina la modernización de su gobernanza con el mantenimiento de un control político centralizado. Este modelo busca adaptar las estructuras económicas e institucionales a los desafíos del siglo XXI, sin abandonar el liderazgo hegemónico del Partido Comunista. De sostenerse esta combinación, Vietnam podría convertirse en un referente para otras naciones del Sudeste Asiático que buscan navegar en un entorno geopolítico complejo, sin comprometer su autonomía ni estabilidad política.
Este equilibrio entre apertura económica y centralización política no es un fenómeno reciente, sino que encuentra sus raíces en las reformas de Đổi Mới iniciadas en 1986, las cuales transformaron al país en una economía de mercado orientada al socialismo. Sin embargo, bajo la actual administración, dicho enfoque ha adquirido nuevas dimensiones y mayor sofisticación, adaptándose a las exigencias del contexto contemporáneo.
En este marco, el trayecto de Vietnam hacia la consolidación como potencia intermedia presenta tanto desafíos como oportunidades. Diversos análisis coinciden en señalar que el país ha adoptado una estrategia deliberada y pragmática, con fuerte énfasis en la cooperación regional y la diversificación de alianzas. La clave radica en su habilidad para equilibrar el fortalecimiento interno con una política exterior que le permita evitar quedar atrapado en la creciente competencia entre Estados Unidos y China. Tal como destaca el ISEAS-Yusof Ishak Institute, esta estrategia busca consolidar la autonomía estratégica de Vietnam en un entorno cada vez más volátil. De mantenerse en esta senda, el país no solo redefiniría su rol en el Indo-Pacífico, sino que podría emerger como un modelo viable de modernización pragmática dentro de regímenes autoritarios.
Es Doctor en Relaciones Internacionales (Universidad del Salvador, Argentina), Master of Strategic Studies and Defense (China's National Defense University) y Master en Planeamiento Estratégico y Dirección por Objetivos del Instituto Internacional de Estudios Globales para el Desarrollo Humano (España). Asimismo, tiene un tercer Master of Strategic Studies (US National Defense University, Estados Unidos) y es Lic. en Estrategia y Organización del Instituto de Estudios Superiores del Ejército argentino. Asimismo, es miembro del Consejo Asesor Académico de la Facultad del Ejército, es profesor en el doctorado en Defensa de dicha entidad, profesor invitado en la Universidad de Cuyo y de la Universidad Católica de Córdoba, e integra el Consejo Asesor de la Fundación CIEPEI (Centro de Investigación en Estudios Políticos Económicos e Internacionales).
Magister en Ciencia Política por la Facultad de Derecho y Profesor en Historia por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata.















