Sin red de seguridad: el FMI advierte que el mundo ya consumió las reservas que contuvieron el shock de Ormuz

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El FMI que el mayor golpe a la oferta petrolera en más de medio siglo, desatado por la guerra entre Estados Unidos e Irán, se absorbió gracias a los inventarios globales, la caída de la demanda asiática y la nueva producción fuera del Golfo. Pero el colchón se terminó: si el conflicto persiste, los precios podrían dispararse.

El mundo logró atravesar el mayor shock petrolero en más de cincuenta años sin un descalabro de precios, pero pagó la factura con sus reservas. El Fondo Monetario Internacional (FMI) advirtió que los inventarios globales de crudo, que funcionaron como amortiguador desde el cierre del Estrecho de Ormuz, están agotados, y que la reanudación del conflicto entre Estados Unidos e Irán encuentra a las economías sin margen para absorber una nueva escalada de los combustibles.

El punto de partida ayudó: cuando estalló la guerra, a fines de febrero, la oferta mundial de petróleo superaba a la demanda en unos dos millones de barriles diarios. Ese excedente, según el organismo, evitó sacudidas mayores. El problema es lo que viene: con los amortiguadores gastados, el sistema queda expuesto si las disrupciones continúan, y la necesidad de reconstruir inventarios mantendrá el mercado tensionado incluso cuando la oferta se normalice. El crudo ya subió más de un 10 por ciento desde el último cierre del estrecho.

Los tres factores que evitaron el colapso

Por Ormuz transitaba, antes de la guerra, alrededor del 20 por ciento del suministro mundial de petróleo. Que el bloqueo de una de las rutas marítimas más transitadas del planeta no causara un daño mayor se explica, según el FMI, por tres razones.

La primera fue la desaceleración de la demanda, sobre todo en Asia, donde los precios altos empujaron el consumo hacia alternativas como el carbón y las renovables. La segunda, el salto de la producción fuera del Golfo, que creció casi dos millones de barriles diarios respecto de 2025, con Estados Unidos, Venezuela, Guyana y Rusia a la cabeza. La tercera fue la más costosa: el déficit de mercado de unos cuatro millones de barriles diarios entre marzo y mayo se cubrió casi por completo liquidando inventarios globales.

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La cuenta regresiva hacia 2027

El diagnóstico del organismo es explícito: el cierre de Ormuz no derivó en un shock de precios de escala plena porque las reservas absorbieron lo que el mercado no podía. Hacia fines de mayo, los inventarios globales rondaban los 1.200 millones de barriles, la mitad del nivel previo al conflicto. Si la disrupción persistiera al ritmo actual, el piso crítico se alcanzaría a comienzos de 2027 —y mucho antes de esa fecha los precios probablemente subirían de forma abrupta, con el mercado operando, en los hechos, sin red.

Entre los 80 y los 150 dólares: los analistas, divididos

El mismo tablero admite lecturas opuestas. Vivek Dhar, del Commonwealth Bank, calculó que la caída de la producción del Golfo tardará unas diez semanas en sentirse plenamente y que, si Ormuz sigue cerrado al final de ese período, el barril podría tocar los 150 dólares: el precio necesario para recortar la demanda asiática hasta equilibrarla con la oferta reducida. En lo inmediato, proyectó futuros del Brent cerca de los 100 dólares en los próximos diez días si nada cambia.

En la vereda opuesta, Rabobank mantuvo su pronóstico de 80 dólares promedio entre julio y septiembre y de 78 para fin de año. La reacción contenida del mercado ante la reanudación de los combates, argumentaron sus analistas, sugiere que el shock puede contenerse gracias a las reservas, las menores importaciones chinas y las rutas alternativas. Aunque dejaron una advertencia: se instaló una complacencia geopolítica que no consideran sostenible.

Kieran Tompkins, economista sénior de materias primas de Capital Economics, sintetizó el humor inversor: los mercados incorporan a toda velocidad la posibilidad de nuevas disrupciones y están notablemente más inciertos sobre el escenario base. Con los inventarios mucho más cerca de un punto de inflexión que hace unos meses, queda poco espacio para absorber una pérdida sostenida de flujos sin que los precios reaccionen con fuerza.

 

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Co-fundador de Reporte Asia.