Teresa Yuan, la psicoanalista argentina que llevó el diván de Freud a China

Teresa Yuan

Hija de padre chino y madre siria, esta psicóloga formada en la UBA reactivó en 1995 un vínculo entre el psicoanálisis rioplatense y la salud mental china que, casi un siglo antes, ya había tenido un primer y truncado capítulo entre los intelectuales de la República. Su nomrbe: Teresa Yuan.

Teresa Ana Yuan nació en Buenos Aires, hija de padre chino y madre de origen sirio. Egresada de Psicología en la Universidad de Buenos Aires, es miembro didacta de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA) y de la IPA.

Según consigna la propia IPA en su sitio institucional, en 1995 viajó por primera vez a China como representante de la APA y la IPA, con el auspicio del gobierno argentino y la embajada china en Buenos Aires, y fue recibida por autoridades de la Asociación Médica China, directivos de la Universidad Médica de Beijing y responsables del Hospital Psiquiátrico Anding. La misma fuente precisa que en 1999 fue nombrada asesora del Departamento de Psicología Clínica de ese hospital, cargo que ejerció hasta 2004.

Antes de que Teresa pisara China, el psicoanálisis ya había tenido allí un capítulo temprano y accidentado. Según reconstruyen el psicólogo Gerald Blowers, especialista en la historia del psicoanálisis en Asia, y el psiquiatra noruego Sverre Varvin en su trabajo «The Development of Psychodynamic Psychotherapy and Psychoanalysis in China» (2011), las primeras referencias a Freud en chino datan de 1912, cuando el intelectual Qian Zhixiu escribió sobre sus ideas.

El interés académico creció durante el Movimiento de la Nueva Cultura de fines de la década de 1910 —impulsado, entre otros, por Cai Yuanpei, primer canciller de la Universidad de Pekín tras fundar allí el primer laboratorio de psicología del país en 1917—, que promovía la ciencia y la modernización como salida al atraso imperial.

Varvin señala que en 1929 se tradujo al chino la primera obra completa de Freud, «Psicología de las masas y análisis del yo», y que en la década siguiente escritores como Lu Xun y Guo Moruo incorporaron nociones psicoanalíticas a la literatura china.

Teresa Yuan
El psicoanálisis ingresó a China alrededor de 1910, en las primeras décadas del siglo XX, impulsado por intelectuales y académicos atraídos por las ideas de Sigmund Freud sobre el inconsciente. Su evolución atravesó etapas de interés temprano, prohibiciones políticas y un renacimiento contemporáneo de la mano de colaboraciones internacionales.

Entre 1935 y 1939, el propio Blowers —junto con la historiadora Vivian Huang y el filósofo Douglas Kirsner, coautores del estudio «The History of Psychoanalysis in China» (Psychoanalytic Inquiry, 2020)— documenta el paso del psiquiatra chino Bingham Dai, formado en Estados Unidos con Harry Stack Sullivan, por el Peking Union Medical College, en lo que consideran el primer intento clínico serio de aplicar el psicoanálisis en un consultorio chino.

Guerra, revolución y tres décadas de silencio

Ese incipiente desarrollo quedó truncado por la guerra chino-japonesa desde 1937 y, sobre todo, por la fundación de la República Popular en 1949. Huang y Kirsner detallan que el psicoanálisis fue catalogado como pseudociencia burguesa incompatible con el materialismo dialéctico, y que su práctica quedó prohibida durante casi tres décadas.

Durante la Revolución Cultural (1966-1976), según los mismos autores, la salud mental como campo profesional prácticamente desapareció, reemplazada por la reeducación política. Recién con la apertura de Deng Xiaoping, hacia fines de los años setenta, y de manera más visible durante lo que investigadores como los citados en la revista científica PMC describen como la «fiebre cultural» (wenhua re) de mediados de los ochenta, las obras de Freud volvieron a imprimirse en China y el interés académico resurgió, aunque todavía sin una infraestructura clínica organizada.

El puente que tendió Teresa Yuan

Fue en ese terreno recién reabierto donde Teresa Yuan retomó el hilo en 1995, casi veinte años después de que China comenzara a reabrirse a las ideas occidentales.

A diferencia del primer ciclo, centrado en debates literarios e intelectuales, el aporte de Yuan tuvo un anclaje clínico e institucional: formación de terapeutas, supervisión en hospitales psiquiátricos y vínculos formales con la Asociación Psicoanalítica Internacional (IPA), elementos que en la etapa republicana nunca llegaron a consolidarse.

Freud traducido al taoísmo

El trabajo de Yuan no consistió en exportar el psicoanálisis como un dogma cerrado, sino en tender puentes conceptuales con el pensamiento chino tradicional. En una entrevista con el diario Perfil, explicó que en China «conviven sin dogmatismos el budismo, el taoísmo y el confucionismo» y que los chinos entienden la práctica psicoanalítica «no como una religión ni una filosofía, sino como una ciencia».

En esa misma nota relató que el psicoanálisis occidental apunta a fortalecer un «yo» individual, mientras que en China debió trabajar con una subjetividad más interconectada, ligada a la familia y al colectivo.

Un libro que resume la gesta

Su experiencia quedó plasmada en el libro «China, un nuevo comienzo para el psicoanálisis» (Ediciones Biebel), presentado en la sede de la APA con la participación de Abel Fainstein, entonces presidente de la Federación Latinoamericana de Psicoanálisis (FEPAL), y Leticia Glocer Fiorini, presidenta de la APA.

Según la reseña editorial de Biebel, la obra repasa dos décadas de viajes, seminarios y vínculos institucionales entre Buenos Aires y distintas universidades y hospitales chinos.

La «fiebre del psicoanálisis» en la China de hoy

Tres décadas después de aquel primer viaje, el psicoanálisis vive en China un fenómeno de crecimiento que la propia Yuan, en una entrevista con la revista DangDai, describió al señalar que «la salud mental mejoró muchísimo en China con el psicoanálisis» y que ya existe una asociación de salud mental china con colegas de todas las provincias, camino hacia una futura asociación psicoanalítica china integrada a la IPA.

La urbanización acelerada, la presión económica y las secuelas psicológicas de la antigua política del hijo único elevaron los niveles de ansiedad y depresión entre los jóvenes chinos, mientras universidades de Beijing y Shanghái ofrecen hoy posgrados especializados y plataformas digitales conectan a pacientes jóvenes con terapeutas de orientación psicoanalítica en todo el territorio.

Un siglo de ida y vuelta entre dos culturas

El recorrido que va de Qian Zhixiu en 1912 a Teresa Yuan en 1995 muestra que la relación de China con el psicoanálisis nunca fue una importación lineal, sino un péndulo marcado por aperturas y clausuras políticas. Lo que distingue a este segundo ciclo es que, a diferencia del primero, logró echar raíces institucionales: hospitales, universidades y una comunidad de analistas certificados que hoy sostienen la disciplina más allá de la voluntad de un puñado de pioneros.

En ese sentido, el trabajo de Yuan no cierra una historia sino que la conecta con su origen interrumpido, funcionando como puente entre la tradición psicoanalítica rioplatense —una de las más prolíficas del mundo— y una China que, cien años después de sus primeros lectores de Freud, vuelve a preguntarse por el inconsciente en sus propios términos.

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Periodista, viajera full-time, especialista en Cultura, Negocios y Lifestyle.