El 12 de junio de 2026, SpaceX debutó en el Nasdaq bajo el ticker SPCX a un precio inicial de 135 dólares por acción, valuando a la empresa de Elon Musk en alrededor de 1,77 billones de dólares y estableciendo el récord de la mayor salida a bolsa de la historia. Días después, la acción ya cotizaba por encima de los 160 dólares, confirmando el nivel de demanda de los inversores por el proyecto espacial y de conectividad satelital más visible del mundo. La IPO superó ampliamente la de Alibaba en 2014 y la de Saudi Aramco en 2019, las dos anteriores candidatas al podio histórico.
Pero junto al entusiasmo del mercado apareció una advertencia que circula con fuerza entre analistas financieros: los números de SpaceX cuentan una historia diferente a la del relato. En 2025, la compañía facturó 18.700 millones de dólares —un crecimiento del 33% respecto al año anterior, genuinamente notable— pero cerró el ejercicio con pérdidas netas de 4.900 millones de dólares. La combinación de ingresos en alza y pérdidas multimillonarias bajo una valorización que roza los 2 billones de dólares es la que encendió las alarmas entre los más escépticos.
La comparación con WeWork
Rafael Meruane, CEO y cofundador de Notbank by CryptoMarket, fue uno de los primeros en articular esa crítica de manera pública. «¿Estamos frente a otra burbuja disfrazada de épica? La valorización de SpaceX debería encender todas las alarmas. No porque falte tecnología, sino porque sobra relato», dijo Meruane. Y fue más directo sobre la mecánica que ve detrás: «el private equity ha aprendido a poner precios a empresas opacas como si fueran memes: no por flujo de caja, rentabilidad o riesgos verificables, sino por la narrativa del futuro inevitable.»
La comparación que Meruane considera «directa e inevitable» es con WeWork, la empresa de espacios de coworking que en 2019 fue valorada en 47.000 millones de dólares por SoftBank antes de que su intento de IPO colapsara y su valuación se desplomara más del 90%. «Esta película ya la vimos con WeWork. También hablaban de cambiar el mundo y de elevar la consciencia de la humanidad, mientras sus números gritaban exactamente lo contrario. Hoy el decorado es espacial, no de oficinas compartidas, pero la pregunta es la misma.»
El paralelo tiene sus limitaciones. WeWork era esencialmente un negocio de bienes raíces disfrazado de empresa tecnológica, con un modelo de negocio que consistía en arrendar espacios a largo plazo y subarrendar a corto plazo —una trampa contable en cualquier ciclo de suba de tasas. SpaceX tiene activos tecnológicos reales y diferenciados: los cohetes Falcon 9 son los más utilizados del mundo para lanzamientos comerciales, Starship es el vehículo más potente jamás construido, y Starlink —la red de internet satelital— tenía más de cuatro millones de suscriptores activos al momento de la IPO. La tecnología de SpaceX es verificable, funciona y tiene demanda real.
Lo que los críticos cuestionan no es la tecnología sino la valuación: ¿puede una empresa que pierde 4.900 millones de dólares anuales valer 1,77 billones? La respuesta depende enteramente de los supuestos sobre el futuro.
El problema de la IA como pata especulativa
Meruane identificó un componente específico de la valuación de SpaceX que considera particularmente frágil: la apuesta por la inteligencia artificial. «SpaceX ya no parece una sola compañía, sino una cáscara que agrupa promesas: cohetes, satélites, conectividad, datos e inteligencia artificial. Esa pata de inteligencia artificial arrastra pérdidas millonarias sin una previsión razonable de que vaya a generar las rentabilidades necesarias para justificar semejante precio.»
La observación apunta a un patrón reconocible en el mercado de 2025 y 2026: la adición de IA como componente del relato de cualquier empresa tecnológica tiene un efecto multiplicador sobre la valuación que no siempre se corresponde con una aplicación concreta y rentable de esa tecnología. En el caso de SpaceX, la conexión con IA pasa principalmente por los datos de la red Starlink —que potencialmente puede servir como infraestructura de conectividad para sistemas de IA— y por la integración con xAI, la empresa de inteligencia artificial de Musk. Pero los ingresos derivados de esa integración no son aún verificables ni proyectables con precisión.
El contexto: SoftBank y la apuesta de 65.000 millones
La IPO de SpaceX no puede leerse sin su contexto financiero inmediato. SoftBank de Masayoshi Son es el inversor que más se beneficiaría de una valuación alta: la empresa japonesa invirtió alrededor de 65.000 millones de dólares en OpenAI —el desarrollador de ChatGPT, con el que SpaceX tiene vínculos a través de la figura de Musk y de los proyectos de infraestructura de IA— y construyó toda su tesis de inversión sobre la premisa de que el superciclo de la IA justifica valuaciones que los modelos de descuento de flujos de caja convencionales no pueden sostener.
Ese argumento —que las reglas habituales de valuación no aplican a las empresas que definen el próximo paradigma tecnológico— fue exactamente el argumento que justificó la valuación de WeWork en 2019, la de las empresas de la burbuja puntocom en 2000 y la de una larga lista de compañías que prometían cambiar el mundo y terminaron haciéndolo de manera mucho más modesta y mucho más lenta de lo proyectado.
La diferencia entre una valuación exigente justificada y una burbuja es, en el momento en que ocurre, casi imposible de determinar con certeza. SpaceX podría ser la empresa que en 2031 valga 5 billones de dólares porque Starlink dominó la conectividad global y Starship redujo el costo de acceso al espacio en un 90%. O podría ser la empresa que en 2029 vale 400.000 millones porque la competencia de OneWeb, Amazon Kuiper y los operadores chinos erosionó los márgenes de Starlink y los plazos para la rentabilidad de Starship se extendieron más allá de lo que los modelos anticipaban.
Lo que los números dicen hoy
El ratio precio-ingresos de SpaceX al precio de apertura de la IPO es de aproximadamente 95 veces. Para comparar: Amazon cotiza alrededor de 3,5 veces sus ingresos. Tesla, en sus mejores momentos, llegó a 20 veces. Nvidia, en el pico de su boom de IA, llegó a 40 veces. SpaceX a 95 veces sus ingresos no es una valuación de empresa tecnológica: es una apuesta sobre el futuro que supone que los ingresos van a crecer de manera exponencial durante muchos años consecutivos sin que la competencia, la regulación o los accidentes tecnológicos interrumpan esa trayectoria.
Eso puede ocurrir. También puede no ocurrir. El mercado, por el momento, apostó por la primera opción con la convicción del que compra un relato. La advertencia de Meruane —y la de otros analistas que comparten su escepticismo— es que el relato y los números todavía no convergen, y que la historia de las burbujas tecnológicas sugiere que cuando esa convergencia finalmente ocurre, raramente favorece a los que compraron más cerca del máximo.
Colaboradora en ReporteAsia.














