La Conferencia de Seguridad de Múnich y el dilema estratégico europeo

Proceso de Cambio en la Geopolítica Mundial

La reciente edición de la Conferencia de Seguridad de Múnich volvió a confirmar su carácter de termómetro del sistema internacional. Más que un ámbito donde se adopten decisiones vinculantes, este foro funciona como un espacio de diagnóstico estratégico: allí se exponen percepciones, se transparentan inquietudes y se ensayan redefiniciones doctrinarias por parte de las principales potencias.

En esta ocasión, el eje dominante no fue una crisis puntual, sino una transformación estructural: la redefinición del posicionamiento global de Estados Unidos y sus implicancias para Europa. No se trata de un colapso del orden internacional, sino de una transición hacia un sistema más fragmentado, competitivo y selectivo. Diversos centros de análisis como el German Council on Foreign Relations (DGAP), el European Council on Foreign Relations (ECFR), el Center for Strategic and International Studies (CSIS) y el International Institute for Strategic Studies (IISS) coinciden en que el orden posterior a 1945 atraviesa una fase de reconfiguración, en la cual la primacía estadounidense ya no opera bajo los mismos supuestos de garantía ilimitada y liderazgo incuestionado.

Redefinición de la relación Transatlántica EEUU – Europa

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, la arquitectura de seguridad europea descansó sobre un doble pilar: reconstrucción económica y disuasión militar bajo liderazgo estadounidense. El despliegue norteamericano en el continente no respondió a una lógica altruista, sino a una necesidad geopolítica concreta: contener a la Unión Soviética y estabilizar Europa Occidental dentro del bloque atlántico. Tal el consenso europeo a las estrategias de la Contención y a la OTAN, tal como lo expresó su primer Secretario General, Lord Ismay: “Tener a EEUU dentro de Europa, a Rusia afuera, y a Alemania sometida.”

Hoy, el entorno estratégico es sustancialmente diferente. La Federación Rusa ha evidenciado límites operativos significativos en el conflicto en Ucrania, mientras que la Unión Europea, en términos agregados, posee un producto bruto comparable al de las principales economías globales. Informes del SIPRI y del IISS subrayan que, desde el punto de vista material, Europa dispone de recursos suficientes para sostener una capacidad de defensa autónoma, siempre que exista voluntad política y coordinación estratégica.

El debate actual no gira en torno a la desaparición del vínculo transatlántico, sino a su redefinición. Washington ha priorizado progresivamente el Indo-Pacífico y la competencia estructural con China, lo que implica una redistribución de recursos y atención estratégica. Esta orientación responde a evaluaciones del balance de poder global más que a decisiones meramente coyunturales o personalistas.

Marco Rubio, protagonista del evento.

En amplios sectores europeos se ha instalado la percepción de un posible “abandono” estadounidense. Sin embargo, desde una perspectiva estratégica, el fenómeno puede interpretarse como una transición desde una lógica de dependencia asimétrica hacia una de corresponsabilidad. Instituciones como Chatham House y Carnegie Europe han señalado que la cuestión central no es si Estados Unidos se retira, sino si Europa está preparada para asumir mayores costos de defensa, coordinar su industria militar y consolidar una cultura estratégica común.

Las perspectivas de la Unión Europea

Europa no constituye un actor unitario en términos políticos. Es un conjunto de Estados soberanos con intereses nacionales, percepciones de amenaza y prioridades estratégicas diferenciadas. La construcción de una defensa verdaderamente integrada exige superar rivalidades históricas, asimetrías industriales y divergencias entre el flanco oriental y el meridional del continente.

El consenso dominante es el del “escenario 1939”, la percepción de un conflicto ya iniciado, la “guerra en las sombras” (shadow war) que Rusia libra en la profundidad de las capitales de la OTAN, bajo formas de guerra híbrida. Tal es la percepción de Francia, Reino Unido, Alemania, Polonia, los países de Escandinavia y del Báltico.

Desde el punto de vista económico, la Unión Europea posee capacidad potencial suficiente. El desafío reside en convertir esa capacidad en poder efectivo. Estudios del Bruegel Institute han advertido que la fragmentación del mercado de defensa europeo genera ineficiencias significativas, mientras que la ausencia de un mando operativo plenamente integrado limita la proyección estratégica. A ello se suma un componente sociocultural: en varios países europeos, el consenso social respecto al incremento sostenido del gasto militar es menos robusto que en Estados Unidos.

Transición del sistema internacional y transición de liderazgo

La discusión en Múnich refleja una transición más amplia hacia un orden internacional caracterizado por una multipolaridad imperfecta, la regionalización de la seguridad y una competencia creciente entre grandes potencias. Los informes recientes del Munich Security Report describen esta etapa como un escenario de erosión de la centralidad occidental y redefinición de las reglas del juego global. Sin embargo, más que una ruptura abrupta, lo que se observa es una adaptación estructural de los actores a nuevas correlaciones de poder.

El interrogante que subyace es estratégico y civilizacional: ¿Europa evolucionará hacia una potencia cohesionada con autonomía decisional y capacidad disuasiva creíble, o persistirá como un conglomerado de Estados con coordinación limitada?

La autonomía estratégica europea no implica ruptura con Washington, sino maduración geopolítica. No obstante, esa transición requiere liderazgo político, convergencia industrial, integración operativa y una identidad estratégica compartida.

La Conferencia de Seguridad de Múnich no produjo resoluciones definitivas, pero sí dejó expuesto el dilema central: el orden posterior a la Guerra Fría, a la post-Guerra Fría, e inclusive el mundo derivado de los ataques del 11 de Septiembre de 2001, ha concluido. La etapa que se abre demanda redistribución de responsabilidades y redefinición de compromisos. En términos estratégicos, la cuestión no es si el sistema internacional atraviesa una crisis, sino si los actores están dispuestos a asumir el costo de adaptarse a un entorno que ya no responde a las premisas del pasado.

El Canciller de Alemania, Friedrich Merz.

Tres exposiciones marcaron consignas cruciales en Múnich 2026:

. El discurso del Secretario de Estado de los EEUU Marco Rubio, marcando con modales diplomáticos el “riesgo de extinción civilizatoria” de Europa frente al fenómeno de la migración descontrolada, y omitiendo la amenaza de Rusia.

. El discurso del Canciller de Alemania, Friedrich Merz quien adoptó una actitud crítica ante la indeterminación estratégica de EEUU, respecto de la Guerra de Ucrania, de la amenaza de Rusia y de la relación con Europa.

. El discurso del Canciller de la República Popular China, Wang Yi, con una declaración de apertura y apoyo a Europa.

Desde think tanks atlantistas se advierte sobre el posible advenimiento de un nuevo liderazgo hegemónico de Alemania sobre Europa. La reunión entre los cancilleres alemán y chino, una Ostpolítik entre Alemania y China como potencial tendencia, se dibujan como procesos incipientes.

La llamada Ostpolitik, liderada por el Canciller de Alemania Occidental Willy Brandt durante la Guerra Fría, consistió en una política de acercamiento a la URSS que fue la pesadilla de la Administración Nixon y su entonces Asesor de Seguridad Nacional Henry Kissinger. Un proceso similar en un mundo en transición hegemónica impactaría profundamente en el sistema internacional. Inclusive en el árbitro invisible de la Conferencia de Múnich 2026 y de los escenarios futuros en el corto plazo: la Federación Rusa.

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Doctor en Relaciones Internacionales. Director del Centro de Estudios Sociales y Humanos para la Defensa. Director de la Lic. en RRII (UNDEF- República Argentina).

Héctor Agustín Arrosio

Magister en Ciencia Política por la Facultad de Derecho y Profesor en Historia por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata.