Refugiados camboyanos en Longchamps, expulsión y recepción

Camboya

El 9 de octubre de 1975 la Comisión Permanente de Camboya le otorga poder absoluto a Pol Pot sobre el ejército y la economía. Comienza un período de crímenes conocido como el genocidio camboyano, durante el cual se produce la muerte de aproximadamente una cuarta parte de la población total del país y el éxodo de miles de personas entre quienes se encuentran las familias residentes en Longchamps. Según Capote, en el Diario 90, de La Habana, del 7 de marzo de 2012: “La mayoría de la comunidad internacional guardó silencio alrededor del holocausto en Kampuchea, mientras que en el contexto de la Guerra Fría se jugaba un complejo ajedrez, sobre un tablero ensangrentado por millones de víctimas en el país”.

El 24 de marzo de 1976, a partir del golpe de Estado que quiebra el orden institucional argentino, se instala en este país una dictadura cívico militar. Durante ese período, el país se caracterizaba por constituirse en emigrante, lo que contrastó con la llegada de esta comunidad. Además, a partir de la década de 1960, el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) recibió principalmente migrantes de países limítrofes de varias provincias del país, junto a algunas minorías de otras nacionalidades. Entre ellos, refugiados procedentes de Laos y Camboya, pequeñas y aisladas comunidades con suertes diferenciadas de acuerdo con la zona y el carácter de sus trayectorias laborales. La Dirección Nacional de Población (2012), contextúa la llegada de estos refugiados en el marco del arribo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Refugiados camboyanos en Longchamps, un nuevo “año cero”

El contexto de llegada de la comunidad constituye una particular contradicción: mientras Argentina se convertía en un país expulsor de población por causas políticas y económicas bajo una dictadura, recibía refugiados políticos de Indochina. Comprendiendo o no la situación política local, los refugiados debieron desenvolverse (los primeros tiempos por lo menos) con la exclusiva ayuda de la ONU y del Estado argentino, pues carecían de recursos propios y/o de la capacidad de generarlos (según lo que algunos informantes narraron, la barrera del idioma les parecía en aquel momento, infranqueable). Esta contradicción su suma a un doble gesto del Estado, quien se muestra solidario ante la ONU, Estados Unidos y Europa y ante los refugiados/damnificados comete desatención.

A partir de la observación participante que se llevó a cabo por casi cuatro años, en un contexto de confianza, los nietos y amigos de los nietos de refugiados narraron la tarde en que el abuelo H mostró sus heridas de guerra. Fascinados por la supervivencia de aquel que, según ellos, tenía el cuerpo cubierto de balas: “una bala le atravesó el cuerpo, una herida de cuchillo le rodeaba el pecho, está lleno de heridas”, era indudable para ellos que se trataba de un héroe, guerrero y superviviente. Poco después mantuve una charla con su esposa y ella me dijo lo que los nietos y sus amigos me habían relatado con fascinación. El abuelo había sido soldado del rey Sihanouk. Este abuelo/soldado/héroe de mis alumnos fue quien lideraba las excursiones a las oficinas de la ONU, cuando la comunidad no se encontraba conforme.

El liderazgo que este soldado tenía era muy bien descripto por mis alumnos, quienes aceptaban aquella reputación fueran miembros o no de la comunidad de liderazgo y la reproducían. Todo indicaba que yo debía hablar con él para obtener información interesante. La insistencia de mis alumnos y de los miembros de la comunidad me indicaba que “el abuelo H” o “el soldado del Rey” poseía la supremacía en la mirada acerca del pasado, es decir, la versión dominante. Poco después de haber concertado una entrevista con él, murió de un infarto. Nunca pude entrevistarlo, pero más tarde, entrevisté a su esposa quien parece haber heredado tal supremacía respecto al relato de aquel pasado en Camboya. Él era conocido en el barrio y en el centro de Longchamps pues vendía muñecas de lana, tejidas por las mujeres de la comunidad.

Refugiados camboyanos en Longchamps, el “año cero” de los Jemeres Rojos

Al llegar a la Argentina, la comunidad recorrió una larga trayectoria por diversos pueblos de la provincia de Buenos Aires: Tres Arroyos, Necochea, Pilar, Las Heras, Pehuajó, de todos ellos se retiraron a pedido de la comunidad en conjunto. Una persona de la comunidad se constituyó en vocero para solicitar y lograr el cambio de localización: el soldado del rey. Él encabezaba las negociaciones y oficiaba de interlocutor ante las autoridades. Los reiterados pedidos de cambio, así como la incomodidad por el lugar asignado, fue una constante en los grupos de refugiados de Laos y Camboya, tal como expresa Page Poma en su tesis para el caso de los laosianos de Posadas.

 

Nota: El artículo es la sexta parte de un paper publicado originalmente por la Revista Asia / América Latina. La reproducción del mismo se realiza con la debida autorización. Link al artículo original: http://www.asiaamericalatina.org/wp-content/uploads/2021/12/2.-Refugiados-camboyanos-en-Longchamps.pdf

Laura Puga
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