El presente artículo analiza la posición estratégica de la República Argentina en el Sistema del Tratado Antártico (STA) ante la perspectiva de revisión del Protocolo de Madrid en el año 2048. Bajo el marco conceptual del Realismo en Relaciones Internacionales y la teoría del Hedging regional, se evalúan la proyección de infraestructura, la cooperación geopolítica sudamericana (Brasil, Chile y la RAMPAC) y el concepto de soberanía funcional. Se examinan las brechas de capacidad operativa en profundidad, la modernización multimodal (Base Petrel y pistas de hielo azul) y las implicaciones de las dinámicas de competencia entre las potencias globales en el Atlántico Sur y el continente subpolar.
«La posesión sin la capacidad de sostenerla es una ilusión del poder» — Carl von Clausewitz
Palabras clave: Antártida, Soberanía Funcional, Gobernanza Antártica, Tratado Antártico 2048, Geopolítica del Atlántico Sur, RAMPAC, Realismo Estratégico.
Introducción: la dialéctica entre Idealismo y Realismo hacia el escenario 2048
El debate sobre la gobernanza de la Antártida se encuentra atravesado por dos paradigmas teóricos contrapuestos en la disciplina de las Relaciones Internacionales. Por un lado, la perspectiva idealista/neoinstitucionalista sostiene que el Sistema del Tratado Antártico (STA) prevalecerá como un régimen internacional consolidado, donde la norma multilateral, la cooperación científica y el principio del «patrimonio común de la humanidad» neutralizarán la competencia intercolonial o interestatal. Bajo este enfoque, el horizonte de 2048 —fecha en la cual finaliza la restricción legal para solicitar la revisión del artículo 7 del Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente (Protocolo de Madrid)— se percibe como una instancia de ajuste normativo-ambiental dentro de la legalidad internacional.
Por otro lado, la escuela del Realismo Estratégico y la Geopolítica Crítica (Mearsheimer, 2001; Gilpin, 1981) plantea una lectura sustancialmente distinta: la estabilidad del STA no es un rasgo ontológico intrínseco, sino la consecuencia contingente de un balance de poder que hoy se encuentra en fase de erosión sistémica. La competencia entre grandes potencias (Great Power Competition) y la transición hacia la multipolaridad aumentan la presión sobre las reservas energéticas, hídricas y minerales del planeta.
En este contexto, la actualización de los documentos de estrategia y evaluación de amenazas de las potencias dominantes —como la formulación del Global Threats de los Estados Unidos (2017) y los lineamientos de proyección polar de la Federación de Rusia y la República Popular China— identifican explícitamente a los polos y al espacio ultraterrestre como dominios estratégicos de disputa geopolítica. Frente a este escenario realista, la República Argentina requiere articular una política de Estado rígida en la defensa de sus derechos soberanos y flexible en la instrumentación de sus capacidades diplomático-militares.
El concepto de «periferia con títulos» describe la condición asimétrica de aquellos Estados reclamantes que, a pesar de poseer derechos soberanos e históricos innegables sobre el continente blanco, ven condicionada su capacidad real de incidir en la agenda polar global frente a los centros de poder, como es el caso de nuestro país. En el ámbito del Sistema del Tratado Antártico, las potencias hegemónicas utilizan la diplomacia científica y los estándares ambientalistas como recursos estratégicos de poder para fijar las reglas de juego y administrar los bienes comunes globales. De este modo, los países en desarrollo o de alcance regional, incluso contando con títulos jurídicos sólidos y presencia histórica ininterrumpida, terminan rezagados a una posición periférica donde sus reivindicaciones territoriales quedan sujetas a las asimetrías tecnológicas, logísticas y normativas impuestas por los actores centrales del sistema internacional (Crea & Berretino, 2025; Crea & Berretino, 2026).

1. El concepto de Soberanía Funcional y la posición geográfica privilegiada
El artículo IV del Tratado Antártico de 1959 congeló las pretensiones de soberanía territorial sin renunciar ni convalidar los derechos preexistentes. Para un Estado reclamante como la Argentina, la efectividad de sus derechos sobre el Sector Antártico Argentino se desplaza desde la mera proclamación jurídico-formal hacia el ejercicio de una soberanía funcional.
La soberanía funcional se define operacionalmente como la capacidad estatal de ofrecer infraestructura logística, soporte científico, servicios de búsqueda y rescate (SAR), y gestión ambiental a terceros Estados que carecen de proximidad geográfica. La ubicación geográfica de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur otorga una ventaja geoestratégica inigualable como la vía de acceso más corta y logística a la Península Antártica. El desarrollo del Polo Logístico Antártico en Ushuaia y el fortalecimiento de los servicios de apoyo a programas extranjeros constituyen, por ende, instrumentos de diplomacia de presencia (presence-based diplomacy) que consolidan la posición argentina a través de la vía de los hechos y la eficiencia de servicios.
2. El vector bilateral sudamericano: cooperación formal con Chile y el eje estratégico con Brasil
La articulación geopolítica en el cono sur exige una lectura pragmática del comportamiento de las naciones vecinas:
a) Relación Argentina-Chile
La firma de acuerdos de cooperación estratégica en el continente blanco entre la República de Chile y el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte introduce un factor de distorsión en la solidaridad continental. No obstante, en lugar de incentivar un dilema de seguridad o una competencia bi-nacional en el sector superpuesto (donde convergen los reclamos argentino, chileno y británico), la Argentina debe canalizar la relación con Chile hacia un esquema de cooperación formal e institucionalizada. Esta vinculación debe limitarse a mecanismos técnicos, de preservación ecológica y protocolos marinos conjuntos, impidiendo que la presencia de potencias extrarregionales balcanice el liderazgo sudamericano en la Península.
b) El eje estratégico con Brasil y las rutas del Atlántico Sur
Frente a la hegemonía que Chile ejerce sobre las rutas del Océano Pacífico hacia la Antártida, la Argentina posee el dominio natural sobre las rutas del Atlántico Sur. La alianza estratégica con la República Federativa de Brasil —hegemón económico y demográfico de la región— resulta determinante. Proporcionar a la Marina de Brasil y a su programa antártico (PROANTAR) soporte operacional e infraestructura naval/aérea desde puertos y bases argentinas fortalece la seguridad del Atlántico Sur, afianza la cooperación Sur-Sur y contrarresta las pretensiones de proyección unilaterales de actores externos en la zona subpolar.
3. Institucionalización regional a través de la RAMPAC
La Red de Administradores de Programas Antárticos Latinoamericanos (RAMPAC) constituye el foro multilateral idóneo para la convergencia del espacio latinoamericano en el STA. La Argentina debe utilizar su peso histórico y densidad operacional para consolidar un frente de Estados del Cono Sur en la RAMPAC.
La coordinación de proyectos científicos conjuntos, la logística compartida y la adopción de posiciones en bloque en las Reuniones Consultivas del Tratado Antártico (RCTA) aumentan el poder de negociación de la región frente al avance normativo de los países del hemisferio norte, evitando que la gobernanza del continente sea dominada por estructuras oligopólicas extracontinentales.
4. Diagnóstico de la infraestructura operacional nacional: proyección en profundidad y la brecha del Polo Sur
A pesar de contar con un despliegue histórico de 13 instalaciones (6 bases permanentes y 7 temporales), la presencia argentina muestra una marcada fragilidad en su proyección en profundidad.
El despliegue se halla fuertemente concentrado en el sector periférico peninsular e insular. La Base Belgrano II, la instalación más austral del país (situada sobre el hielo continental a los 77° de latitud Sur), enfrenta actualmente crecientes complejidades logísticas para sus relevos y abastecimiento mediante buques rompehielos y medios aéreos. Existe un claro contraste histórico: mientras que en 1965 la Expedición «Operación 90» permitió a las Fuerzas Armadas argentinas alcanzar el Polo Sur geográfico por vía terrestre, en la actualidad la capacidad de penetración al interior del continente se encuentra severamente limitada por obsolescencia o escasez de medios pesados de transporte polar.

Superar esta brecha no es un mero objetivo técnico, sino una exigencia de la doctrina de presencia efectiva si se pretende sostener la integridad de las aspiraciones territoriales.
5. Controversias sobre la naturaleza de los asentamientos: el caso de la Base Esperanza
Un aspecto singular de la presencia argentina es la Base Esperanza, caracterizada por haber albergado núcleos familiares, establecimientos educativos y medios de comunicación pública. No obstante, la permanencia de comunidades civiles permanentes en la Antártida se encuentra bajo permanente escrutinio técnico e ideológico en los foros internacionales.
Diversas delegaciones sostienen que la creación de asentamientos con dinámicas poblacionales urbanas transgrede el espíritu del Tratado Antártico —orientado prioritariamente a la investigación científica y la reserva pacífica— y genera un impacto ambiental de difícil mitigación conforme a los estándares del Protocolo de Madrid. La diplomacia argentina requiere fundamentar de forma rigurosa la sustentabilidad de la base, adaptando su infraestructura a los requerimientos del Comité para la Protección del Medio Ambiente (CPA) sin ceder el valor testimonial y geopolítico que representa dicha instalación.
6. Proyectos de modernización logística: pistas sobre hielo azul y reacondicionamiento de Base Petrel
El mantenimiento de la autonomía estratégica exige la concreción urgente de dos vectores tecnológicos de infraestructura:
a. Pistas de Aterrizaje sobre Hielo Azul (Blue Ice Runways): la identificación, preparación y certificación de glaciares de hielo azul permite el aterrizaje de aeronaves intercontinentales de transporte pesado sobre ruedas (como los C-130 o C-17), sin requerir el uso de esquíes ni el mantenimiento de pistas de tierra/barro sujetas al deshielo veraniego. La puesta en marcha de estas pistas reduce los costos operativos de enlace desde la Patagonia y otorga una capacidad rápida de despliegue logístico y sanitario.
b. Reactivación de la Base Conjunta Petrel: situada en la Isla Dundee, la transformación de Petrel en una base permanente con terminal aeronaval integrada (pista de aterrizaje convencional de amplia longitud y muelle profundo) constituye la obra estratégica más relevante de las últimas décadas. Su operatividad descongestionará a la Base Marambio —limitada por condiciones meteorológicas adversas sobre su meseta— y dotará al Estado argentino de un nodo logístico multimodal en la entrada de la Península Antártica.

7. Fomento de la conciencia antártica y turismo nacional
El fomento del turismo científico y ciudadano controlado desde la República Argentina hacia la Antártida no debe considerarse un mero rubro comercial. Desde la óptica del Smart Power, permitir que la población conozca el territorio subpolar refuerza la identidad territorial, consolida el consenso social en favor del presupuesto de defensa y defensa soberana, y posiciona a las empresas de transporte o agencias nacionales en un mercado monopolizado mayoritariamente por operadores del hemisferio norte. Esta actividad debe ejecutarse bajo estrictas normativas ambientales fijadas por la Asociación Internacional de Touroperadores de la Antártida (IAATO) y bajo la supervisión de las autoridades de aplicación nacionales.
8. Acción diplomática y lobby institucional activo en la gobernanza del STA
Por último, la preservación de los intereses nacionales demanda una participación proactiva mediante la técnica del lobby institucional y la diplomacia preventiva dentro del complejo entramado normativo del Sistema del Tratado Antártico:
Reuniones Consultivas del Tratado Antártico (RCTA): ejercer capacidad de veto e iniciativa normativa en la formulación de Zonas Antárticas Especialmente Protegidas (ZAEP) y Zonas Antárticas Especialmente Administradas (ZEA).
Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA): liderar la recopilación de datos pesqueros y científicos para impedir que la creación desmedida de Áreas Marinas Protegidas (AMP) promovidas por potencias distantes funcione como una barrera encubierta a la navegación y soberanía de los Estados ribereños del Atlántico Sur.
Conclusión
La prospectiva hacia el año 2048 exige superar la complacencia neoinstitucionalista y asumir los postulados del Realismo Geopolítico. Ante la amenaza de reconfiguración del orden mundial y el renovado interés de las potencias por los recursos naturales de los dominios polares, la República Argentina debe responder con la consolidación de su soberanía funcional.
La modernización logística (Base Petrel y pistas de hielo azul), el reordenamiento de la presencia en profundidad (Belgrano II), la alianza regional estratégica con Brasil y el liderazgo articulado en la RAMPAC conforman el mapa de ruta indispensable para transformar la posición geográfica de la Argentina en un factor incontestable de presencia, proyección y soberanía en el Continente Blanco.
Referencias bibliográficas
Crea, J. A., & Berretino, M. de los Á. (2025). Ciencia, ambiente y poder en la Antártida: Geopolítica de la exclusión y periferias con títulos en el régimen del Tratado Antártico. Revista Iberoamericana de Derecho, Cultura y Ambiente, 8.
Crea, J. A., & Berretino, M. de los Á. (2026). Federalismo, Antártida y administración nacional: Geopolítica de la usurpación de competencias en el sistema antártico argentino. Revista Iberoamericana de Derecho, Cultura y Ambiente, 9, 1-32.
Mearsheimer, J. J. (2001). The Tragedy of Great Power Politics. W. W. Norton & Company.
Gilpin, R. (1981). War and Change in World Politics. Cambridge University Press.
Dodds, K. (2012). International Politics of the Antarctic. Routledge.
Secretariado del Tratado Antártico. (1959). El Tratado Antártico. STA.
Secretariado del Tratado Antártico. (1991). Protocolo al Tratado Antártico sobre Protección del Medio Ambiente (Protocolo de Madrid). STA.
US National Intelligence Council. (2017). Global Trends: Paradox of Progress / Global Threats Assessment. Office of the Director of National Intelligence.
GB (R) PhD Oscar Armanelli
Ciencia Política UB
Defensa Nacional UNDEF
Profesor Universitario UA
Mg. Historia, Estrategia, Geopolítica, Ciencias Militares y Operaciones de Paz ACAGÜE Chile













