Puntos de estrangulamiento bajo la niebla digital: del Canal de Panamá a los pasos australes de Argentina y Chile

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«El dominio del mar ya no depende únicamente de las flotas, sino de la capacidad de ver lo que otros intentan ocultar.» GB (R) PhD Oscar Armanelli.

El comercio marítimo mundial, que moviliza el 90% de las mercancías globales, depende críticamente de pasajes geográficos estrechos conocidos como chokepoints o puntos de estrangulamiento. Tradicionalmente, la seguridad en estos espacios se medía en términos de presencia naval o de contención a la piratería clásica. Sin embargo, la geopolítica contemporánea demuestra que un estrecho o canal no es meramente un accidente geográfico, sino un factor estratégico de primer orden donde la geografía se transforma en poder.

Como enseñó Alfred T. Mahan, estos pasos son nodos esenciales del poder marítimo; para Julian S. Corbett, constituyen espacios cuyo valor radica en asegurar o negar el uso del mar; y desde la perspectiva del Rimland de Nicholas Spykman, actúan como bisagras decisivas entre océanos, continentes y equilibrios de poder global.

Para comprender su dinámica, es indispensable diferenciar dos tipologías de pasajes:

a. Canales artificiales (como Panamá o Suez): obras humanas construidas para acortar rutas, regidas por tratados específicos, administraciones nacionales que cobran peaje y regímenes de neutralidad preestablecidos.

b. Estrechos naturales (como Ormuz, Magallanes o el Canal de Beagle): pasos de agua naturales entre masas de tierra que conectan grandes cuerpos oceánicos. Se vinculan directamente al Derecho Internacional del Mar y al principio de paso en tránsito, donde la soberanía del Estado ribereño debe convivir en tensión permanente con el derecho de la comunidad internacional a una navegación continua y expedita.

La crisis global generada por el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo mundial, deja tres lecciones fundamentales. La primera es que la vulnerabilidad energética o comercial en un chokepoint genera un impacto sistémico inmediato (inflación, alza de fletes y seguros). La segunda es que no se requiere un control físico total para bloquear un paso; basta con elevar el riesgo percibido mediante guerra asimétrica (minas, drones, interferencia) para que las navieras modifiquen su conducta. Y finalmente, la tercera es que proteger un pasaje no exige solo buques o aviación, sino controlar la percepción de seguridad mediante inteligencia, vigilancia satelital y ciberseguridad.

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Las tres rutas australes. El mapa muestra las principales vías de navegación entre los océanos Atlántico y Pacífico en el extremo sur de Sudamérica: el Estrecho de Magallanes, el Canal Beagle y la ruta oceánica que rodea el Cabo de Hornos por el Pasaje de Drake, cada una con ventajas y desafíos operativos según el tipo de embarcación y las condiciones meteorológicas.

Al comparar el Canal de Panamá (por donde circula entre el 5% y el 6% del comercio mundial) con el sistema de pasos bioceánicos del sur austral (Estrecho de Magallanes, Canal de Beagle y Cabo de Hornos, que concentran cerca del 3% del tráfico marítimo global), se evidencia cómo arterias con realidades jurídicas y geográficas distintas enfrentan hoy una misma amenaza de guerra electrónica e híbrida: el spoofing, la interferencia (jamming) y las operaciones de la «flota fantasma».

Para comprender el impacto de estas maniobras en la soberanía de la Zona Económica Exclusiva (ZEE), es necesario detallar los conceptos operativos involucrados:

  1. Sistema de Identificación Automática (AIS): sistema internacional de radiofrecuencia que emite de forma continua la identidad, posición, velocidad y rumbo de un buque para garantizar la seguridad náutica y permitir el control en tiempo real por parte de las autoridades.
  2. Spoofing de AIS (suplantación de identidad y posición): manipulación tecnológica sofisticada en la que el buque no apaga su transmisor (lo que generaría una alarma inmediata), sino que emite datos de GPS deliberadamente falsificados. El barco clona transmisores o altera sus datos para simular ante las autoridades que navega en aguas internacionales (fuera de la milla 200), cuando físicamente se halla dentro de la ZEE realizando actividades ilegales.
  3. Interferencia de AIS (jamming): saturación de las frecuencias de radio mediante la emisión de «ruido» electromagnético de alta potencia. Esta acción bloquea la recepción de señales en patrulleros y satélites, cegando temporalmente los sistemas de vigilancia en un área determinada.
  4. La flota fantasma (Shadow / Dark Fleet): red global de buques (principalmente pesqueros y petroleros) con opacidad registral que operan al margen de la normativa internacional. Emplean banderas de conveniencia, carecen de seguros válidos, cambian constantemente de nombre y efectúan transbordos de carga en alta mar (Ship-to-Ship o STS) utilizando spoofing para ocultar el origen de la mercadería, eludiendo fiscalizaciones y sanciones geopolíticas.
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Proteger un pasaje no exige solo buques o aviación, sino controlar la percepción de seguridad mediante inteligencia, vigilancia satelital y ciberseguridad.

El frente austral: recursos, soberanía y proyección antártica

En los pasos bioceánicos del sur austral (Magallanes, Beagle y Cabo de Hornos), el engaño digital no busca evadir un bloqueo político multilateral, sino vulnerar la soberanía económica y los controles marítimos de los Estados ribereños (Argentina y Chile). Las amenazas se concentran en tres frentes. La primera es la pesca INDNR (Ilegal, No Declarada, No Reglamentada) en la Milla 201, donde las flotas pesqueras extranjeras de larga distancia utilizan el spoofing de AIS para figurar formalmente navegando en alta mar mientras penetran de forma clandestina en la ZEE o deambulan por los canales australes.

La segunda es la logística opaca y las operaciones Ship-to-Ship, donde los buques de apoyo, frigoríficos y petroleros de la flota fantasma realizan transbordos de carga y combustible en alta mar sin control portuario, extendiendo sus campañas de pesca ilegal por meses.

Y finalmente, la tercera es el cegado de la vigilancia en canales fueguinos, donde la accidentada geografía y los pasos estrechos de Magallanes y el Beagle facilitan que el uso de jamming o el apagado deliberado del AIS dejen a ciegas a los centros de control de tráfico marítimo de las Armadas y Prefecturas, poniendo en riesgo la seguridad de la navegación.

La lección de Ormuz aplicada a Magallanes

Aunque el Estrecho de Magallanes no concentra el volumen de hidrocarburos ni la rivalidad bélica de Ormuz, comparte con este su condición de paso natural estratégico entre océanos.

La importancia de Magallanes no debe medirse solo por el tráfico comercial presente, sino por su valor bioceánico, logístico, científico, ambiental y antártico. De cara a los desafíos del siglo XXI, marcado por la reevaluación del Protocolo de Madrid (Tratado Antártico), las rutas polares y la competencia por recursos de agua dulce y biodiversidad, Magallanes y las vías australes se consolidan como la llave de proyección hacia el Continente Blanco. Como enseña Ormuz, un estrecho se convierte en influencia solo si el Estado desarrolla infraestructura, control marítimo, presencia efectiva y visión estratégica a largo plazo.

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El comercio marítimo mundial, que moviliza el 90% de las mercancías globales, depende críticamente de pasajes geográficos estrechos conocidos como chokepoints o puntos de estrangulamiento.

El espejo de Panamá: geopolítica y evasión de sanciones

La aplicación de estas mismas herramientas tecnológicas en el Canal de Panamá demuestra que la amenaza es extrapolable al ámbito de la alta política internacional.

A la luz de los recientes análisis de The Economist (18 de julio de 2026), la saturación de la vía interoceánica panameña se conecta de forma directa con los conflictos globales, plasmada por la evasión de sanciones de superpotencias; tras las disrupciones en el Estrecho de Ormuz por el conflicto entre EE. UU. e Irán, la «flota fantasma» utiliza el spoofing de AIS en el Caribe y el Pacífico panameño para falsificar la ruta y el origen del Gas Natural Licuado (GNL) o petróleo, burlando el embargo de Washington para colocar combustible en mercados asiáticos.

A ello le sumamos la vulnerabilidad en la cadena de suministro: dado que más del 70% del tráfico de Panamá conecta con EE. UU., la manipulación de señales electromagnéticas o el uso de spoofing por parte de actores vinculados a potencias rivales (como China) puede alterar los sistemas informáticos de subasta de turnos de tránsito (valuados en millones de dólares) o encubrir maniobras en las concesiones portuarias circundantes, induciendo un caos logístico de alcance global.

Conclusión: de la geografía a la influencia efectiva

Ya sea para proteger la soberanía pesquera y la proyección antártica en el extremo austral del continente, o para resguardar la continuidad operativa de la infraestructura artificial en Centroamérica, el diagnóstico estratégico es inequívoco.

Los puntos de estrangulamiento del siglo XXI no se defienden únicamente con la presencia física de patrulleros. La efectividad del derecho y de la soberanía sobre estas arterias marítimas exige capacidad de contra-guerra electrónica, ciberseguridad, monitoreo satelital avanzado y el desarrollo constante de infraestructura. Solo mediante el fortalecimiento tecnológico de las agencias de control de Argentina y Chile será posible disipar la niebla digital con la que las flotas clandestinas y los actores globales pretenden alterar, en la sombra, el mapa del comercio marítimo y la geopolítica mundial.

 

 

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GB (R) PhD Oscar Armanelli
Ciencia Política UB
Defensa Nacional UNDEF
Profesor Universitario UA
Mg. Historia, Estrategia, Geopolítica, Ciencias Militares y Operaciones de Paz ACAGÜE Chile