El colapso del régimen de Al-Assad: transformaciones geoestratégicas en Medio Oriente

Al-Assad

El régimen de al-Assad (Hafez y Bashar), que gobernó Siria desde 1971, colapsó este fin de semana tras la captura de Damasco por una coalición rebelde liderada por el grupo islamista sunita Hayat Tahrir al-Sham (HTS). En apenas nueve días, esta alianza logró lo que la Primavera Árabe y la guerra civil siria no pudieron: derrocar al-Assad. Una operación de evacuación presidencial, organizada por el Cuerpo Expedicionario Ruso habría transportado al exmandatario desde Damasco a una base aérea cerca de Latakia, y desde allí hasta Moscú donde recibió asilo político. La caída del Régimen fue el resultado de una degradación estratégica, generada por una prolongada fase de estancamiento en la guerra interna, que se aceleró tras las derrotas estratégico-operacionales de Irán y Hezbollah ante Israel.

El colapso del régimen sirio no es un hecho aislado; es el desenlace de una intensificación en la confrontación entre Israel e Irán, exacerbada tras los ataques terroristas del 7 de octubre. Las debilitadas estructuras militares de Irán y su principal aliado, Hezbollah, abrieron una brecha en la correlación de fuerzas que EEUU, Turquía y sus aliados locales explotaron estratégicamente logrando el objetivo político decisivo, el cambio de poder en Siria. Objetivo que EEUU había fijado desde 2011 y que fue bloqueado por la intervención de Rusia e Irán-Hezbollah entre 2015 y 2018.

La conducta estratégica de Rusia fue de incidencia crucial, afectada por la dinámica de la guerra de inteligencia que la enfrenta con EEUU/ OTAN en tres principales teatros de operaciones: Europa y el espacio de batalla Rusia-Ucrania; el espacio de batalla Siria-Irak, y Libia conectada al Sahel Africano. Los cursos de acción retenidos de una escalada nuclear desde el escenario de la guerra Rusia – Ucrania, y la percepción del inicio de una fase de extrema peligrosidad en la guerra híbrida del Kremlin contra Europa, advertida públicamente por los directores del MI5 y del MI6 británicos, plantearon un escenario de aferramiento en el frente euroatlántico que favoreció a la sorpresa estratégica de la reactivación de la Guerra Interna de Siria.

El conflicto en el Levante entra en una nueva fase. Aunque Irán ha sufrido un golpe devastador y Rusia ha perdido, luego de siete décadas, un aliado estratégico en el Mediterráneo Oriental, la lucha por el control político de Siria sigue abierta. Turquía, que respaldó a las facciones rebeldes responsables de derrocar a al-Assad, ahora enfrenta el desafío de gestionar una creciente esfera de influencia. Israel, por su parte, se enfrenta a un nuevo adversario: los yihadistas sunitas, que reemplazan a las milicias radicales chiitas como principal amenaza en la frontera norte, sector de los Altos del Golan.

Un Escenario Fragmentado: Retos Regionales y Globales

No obstante, HTS, aunque se perfila como el grupo más grande y organizado dentro de las facciones rebeldes, enfrenta desafíos significativos para consolidar su poder. Respaldado por Turquía y Qatar, su liderazgo está condicionado por la diversidad religiosa y étnica de Siria, donde aproximadamente el 40 % de la población pertenece a minorías como alauitas, cristianos, chiitas, drusos e ismailíes. Además, los grupos sunitas están profundamente divididos en términos ideológicos, políticos y regionales, lo que dificulta un acuerdo de poder compartido.

Otro reto clave será negociar con los kurdos, quienes han disfrutado de autonomía significativa en el este y noreste de Siria durante más de una década. Para Turquía, la prioridad radica en debilitar a los separatistas kurdos sirios de las Fuerzas Democráticas Sirias (SDF), respaldados por Estados Unidos. Ankara considera intolerables los vínculos entre las SDF y el Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK), catalogado como una organización terrorista. Sin embargo, la capacidad de Turquía para imponer su influencia total en el panorama sirio aún está por definirse.

Repercusiones Globales e Intereses en Conflicto

La administración entrante de Donald Trump enfrentará decisiones críticas sobre la región, particularmente en cuanto a su postura hacia los kurdos y la posibilidad de un resurgimiento del Estado Islámico en el vacío de poder en Siria. Al mismo tiempo, Irán buscará consolidar su influencia en Irak, especialmente en las regiones suníes fronterizas, donde sus milicias aliadas enfrentan un control precario desde la derrota del Estado Islámico hace cinco años. Los antecedentes de Muhammad al-Jawlani, líder de HTS, desde ser un cuadro formado en la red de guerra del Al Qaeda en Irak desde 2003, hasta que en 2011 reaparece en el torbellino de la Guerra de Siria.  Al-Jawlani actuó en la trama de los 2000 grupos yihadistas,  integrando la conducción del frente Jabath al-Nusra (rama operacional en Siria de la fragmentada Al Qaeda en Irak), y su conexión conflictiva con las formaciones del Estado Islámico, plantea un interrogante en el incierto escenario futuro de corto plazo. Desde esta perspectiva es inevitable el análisis comparado con “la operación dentro de otra operación”, metodología que condujo a la catástrofe de la guerra interna entre 2014 y 2019.

La Operación Inherent Resolve (activa hasta 2025), la ofensiva de la Fuerza de Tarea Combinada Conjunta (CJTF – OIR) liderada por EEUU en el espacio de batalla Siria-Irak, y operaciones puntuales en Libia, contra el Estado Islámico, fue un caso clásico de una operación dentro de otra operación. La operación mayor se estructuró en 2013 y se orientó estrangular al gobierno de Bashar al-Assad y quebrar el eje chiíta Irán-Al Assad-Hezbollah. Cuando en septiembre de 2013 la Administración Obama canceló una intervención militar directa contra el régimen sirio, creció un curso de acción indirecto. El mismo se basaba en dos conceptos: conservar al enemigo A (sunita) para que combata al enemigo B (chiíta) y el enfoque de disgregación, consistente en la explotación estratégica de la intolerancia sectaria de los casi 2000 grupos rebeldes sunitas que combatían contra el Régimen de Al- Assad, a quienes se instigó a luchar entre sí. En ese contexto, emergió el Estado Islámico como una fuerza resiliente, adaptativa y letal.

Al-Jawlani es un lider instruído en la doctrina del Jefe de Operaciones Exteriores de Al Qaeda, Atiyah Abd al-Rahman (eliminado en 2011, tres meses después de Bin Laden). Según esta visión estratégica el Teatro de Guerra de la yihad sunita y las organizaciones takfiri, como Al-Qaeda y el Estado Islámico, es la totalidad del sistema mundial, su objetivo es derrocar a los regímenes políticos del mundo musulmán y modificar la relación de fuerzas entre la sociedad musulmana (la Ummah) y el sistema internacional. ¿Cuál es el grado de influencia de esta concepción que en 2015 hicieron propia Al Nusra y el Estado Islámico, en la HTS de 2024 dirigida por un líder formado en sus contenidos?

Israel, ante el escenario de una amenaza de mayor letalidad, ya está estableciendo una zona de amortiguación militar al noreste de los Altos del Golán, llevando a cabo ataques aéreos contra instalaciones clave para evitar que armamento avanzado caiga en manos de HTS y sus aliados. Este contexto asegura la continuidad de las operaciones militares israelíes en Siria y posiciona a Israel en oposición directa a Turquía, ahora un actor influyente en la región.

Rusia, quizás el mayor perdedor tras la caída de Assad, enfrenta el problema de la defensa de sus bases, aérea en Hmeimim, y naval en Tartus, lo que compromete su capacidad de proyección en el Mediterráneo. La lógica estratégica indica que Moscú intentará mantener sus posiciones en Siria lo que implica una actitud de contraofensiva, con margen de maniobra condicionado por su relación con Turquía, y el nivel de hostilidad de los grupos rebeldes que hoy dominan Siria, y que fueron blancos de la letal ofensiva aérea rusa entre 2015 y 2018.

Conclusión: Una reconfiguración Geopolítica

La destitución de Bashar al-Assad marca un cambio sísmico en el equilibrio geopolítico y geosectario del Medio Oriente. Este evento redefine no solo las dinámicas de poder en el Levante, sino que también intensifica la competencia estratégica entre las principales potencias globales involucradas: Turquía, Estados Unidos, Israel, Rusia e Irán.

El colapso del régimen sirio inaugura una fase de elevada incertidumbre y complejidad. Los efectos del vacío de poder incidirán en la arquitectura estratégica regional y mundial en el corto plazo. En lo inmediato local, está en juego la integridad territorial de Siria, ante el riesgo de una nueva lucha interna entre el HTS, las FDS, los Kurdos y las milicias chiitas, donde Israel y Turquía funcionan como fuerzas de contención regional.

Sergio Skobalski
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Es Doctor en Relaciones Internacionales (Universidad del Salvador, Argentina), Master of Strategic Studies and Defense (China's National Defense University) y Master en Planeamiento Estratégico y Dirección por Objetivos del Instituto Internacional de Estudios Globales para el Desarrollo Humano (España). Asimismo, tiene un tercer Master of Strategic Studies (US National Defense University, Estados Unidos) y es Lic. en Estrategia y Organización del Instituto de Estudios Superiores del Ejército argentino. Asimismo, es miembro del Consejo Asesor Académico de la Facultad del Ejército, es profesor en el doctorado en Defensa de dicha entidad, profesor invitado en la Universidad de Cuyo y de la Universidad Católica de Córdoba, e integra el Consejo Asesor de la Fundación CIEPEI (Centro de Investigación en Estudios Políticos Económicos e Internacionales).

Héctor Agustín Arrosio

Magister en Ciencia Política por la Facultad de Derecho y Profesor en Historia por la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata.