Pluralismo no democrático: Indonesia y más allá

Indonesia

El declive en la relevancia del clivaje democrático en las elecciones de Indonesia de 2019 fue el último giro en la trayectoria ascendente y descendente de esa división en la Indonesia posterior a Haji Mohammad Soeharto (Suharto).Que gobernó Indonesia por 31 años.

En 1999, la división democrática era importante. En aquel entonces, muchos votantes veían al PDI-P y a varios partidos nuevos, incluidos los islámicos, como orientados a las reformas prodemocráticas; al mismo tiempo, los votantes aún apegados al orden predemocrático podían encontrar un hogar en el partido del régimen de Suharto, Golkar. En las elecciones presidenciales de 2004 y 2009, las líneas de demarcación se hicieron borrosas, ya que ningún candidato en ninguna de las dos votaciones ofreció una alternativa no democrática al statu quo.

Tal alternativa no surgió hasta 2014, cuando Prabowo expuso una visión de fortalecimiento neoautoritario del Ejecutivo y de movilización populista de las masas. Dado que Prabowo contaba con el respaldo de los grupos islamistas, la división sobre la democracia coincidió con la división sobre el pluralismo frente al islamismo. El apoyo a Jokowi representaba en general un voto a favor del pluralismo religioso y de la continuación de los acuerdos políticos democráticos de Indonesia, mientras que el respaldo a Prabowo significaba apoyar un mayor papel del islam e inyectar un elemento de gobierno de hombre fuerte en el sistema político.

Como hemos argumentado, el apoyo al pluralismo se separó posteriormente del apoyo a la democracia, ya que el pluralismo comenzó a superar a la democracia como problema. Durante su primer mandato, Jokowi perdió su condición de guardián de la democracia indonesia, al no haber mostrado ningún interés en la reforma democrática y haber utilizado métodos autoritarios para rechazar a los opositores islamistas. Para muchos pluralistas, este comportamiento no descalificó a Jokowi para la reelección. Al contrario, Jokowi se convirtió en su símbolo de resistencia a la amenaza islamista, una resistencia que se sentían autorizados a oponer por cualquier medio que pareciera necesario.

En las elecciones de 2019, la división entre pluralistas e islamistas era el factor determinante del comportamiento de los votantes de ambos bandos. Los votantes que mantenían opiniones tanto pluralistas como prodemocráticas, y que por lo tanto consideraban la posibilidad de abstenerse, se redujeron a una pequeña minoría y fueron atacados por los pluralistas, ahora exclusivamente interesados en defender el multiculturalismo. La defensa de los derechos democráticos (por oposición a los pluralistas) apenas se mencionó durante la campaña.

Tal alternativa no surgió hasta 2014, cuando Prabowo expuso una visión de fortalecimiento neoautoritario del Ejecutivo y de movilización populista de las masas

El caso de Indonesia, por tanto, es un recordatorio útil de que, aunque la protección de los derechos de las minorías es crucial para cualquier proyecto democrático, separar la defensa de esos derechos de la defensa de otros derechos y libertades liberales puede tener un efecto antidemocrático. En su trabajo sobre el tema, Marc F. Plattner acuñó el término “pluralismo radical” en 2010 para describir las formas excesivas y potencialmente antidemocráticas de movilización política de los grupos minoritarios que dan prioridad al pluralismo religioso, étnico y cultural sobre otros aspectos de la democracia.

Los defensores del pluralismo no democrático suelen revestir sus posiciones con el lenguaje de la democracia, pero corren el riesgo de ser tan antiliberales como los oponentes ideológicos a los que pretenden limitar, aunque cada uno de los dos grupos acabe siendo antiliberal a su manera.

Esta visión está cargada de implicaciones para pensar en cómo se inició la recesión democrática mundial y qué se puede hacer al respecto. No cabe duda de que apoyar los derechos de las minorías es crucial para proteger la democracia y frenar el ascenso de los populistas que se movilizan contra ellas. Sin embargo, es igualmente importante tener en cuenta que la historia ha tenido su cuota de autócratas pluralistas que justificaron su permanencia en el poder alegando que protegían a las minorías de las amenazas islamistas o de otros grupos mayoritarios.

Incremento de la polarización política en Indonesia

Suharto fue uno de esos autócratas, pero muchos países de Oriente Medio y del Norte de África también han visto cómo los regímenes autoritarios se presentaban como campeones del pluralismo etnorreligioso. Para ser claros, la Indonesia de Jokowi no está todavía en esta categoría: la decadencia democrática se está produciendo sólo de forma vacilante en el país.

El caso de Indonesia, por tanto, es un recordatorio útil de que, aunque la protección de los derechos de las minorías es crucial para cualquier proyecto democrático

Pero las elecciones de 2019 profundizaron las divisiones que podrían empujar al país más rápidamente hacia la regresión si el proyecto democrático del país no se amplía más allá de la defensa del pluralismo sociocultural.

Nota: El artículo es la cuarta parte de un paper publicado originalmente por la Revista Asia / América Latina. La reproducción del mismo se realiza con la debida autorización. Link al artículo original: http://www.asiaamericalatina.org/wp-content/uploads/2022/05/12.5-Aspinall-Mietzner-1.pdf

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