El anuncio del grupo respaldado por Irán apunta al estrecho de Bab el-Mandeb, la salida al mar Rojo que se había convertido en la vía de escape del crudo saudita tras el cierre del estrecho de Ormuz.
Los rebeldes hutíes de Yemen, respaldados por Irán, declararon un bloqueo marítimo contra Arabia Saudita, en una decisión que amenaza con sumar aún más presión sobre un suministro energético internacional ya golpeado por la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán.
En un comunicado, el portavoz militar del grupo, Yahya Saree, anunció que el bloqueo contra su «criminal enemigo saudita» regiría con efecto inmediato. Según el vocero, la medida responde al «asedio opresivo» que Riad habría impuesto sobre Yemen durante los últimos doce años, y advirtió que los rebeldes responderán con la fuerza a «cualquier acto insensato» de su vecino para quebrar las restricciones.
El anuncio llega en el peor momento posible para los mercados. La guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán ya había sacudido el tablero energético mundial luego de que Teherán decidiera bloquear el estrecho de Ormuz, el paso por el que circulaba alrededor de una quinta parte del petróleo del planeta y del que dependen de manera crítica los grandes importadores asiáticos, con China, India, Japón y Corea del Sur a la cabeza.

Mientras estados más pequeños del Golfo como Kuwait, Bahréin y Qatar sufrieron interrupciones severas en sus exportaciones, Arabia Saudita había logrado usar su geografía a favor: bombear el crudo desde sus grandes puertos sobre el golfo Pérsico hacia las instalaciones de la costa occidental, a través del llamado oleoducto Este-Oeste, para despachar los embarques por el mar Rojo. Ese corredor, atacado por Irán en el punto más álgido de la guerra, se convirtió en un salvavidas para la economía saudita y alivió en parte —aunque no del todo— la tensión sobre la oferta global.
Bab el-Mandeb, el nuevo cuello de botella
El bloqueo anunciado por los hutíes sugiere que el grupo apuntará contra los buques que transporten exportaciones sauditas a través del estrecho de Bab el-Mandeb, el angosto paso entre Yemen y el Cuerno de África que funciona como puerta de entrada al mar Rojo. No está claro todavía si la medida provocará disrupciones adicionales al tráfico general de la zona, dado que el mar Rojo también alimenta el canal de Suez, arteria clave del comercio entre Asia y Europa.
No sería la primera vez que el grupo golpea el comercio marítimo global: los hutíes ya habían atacado buques en tránsito por la zona en protesta por la guerra entre Israel y Gaza, lo que obligó a las principales navieras del mundo a desviar sus rutas con enormes rodeos por el cabo de Buena Esperanza.
El conflicto entre los hutíes y Riad lleva más de una década, desde que la guerra civil desgarró a Yemen y Arabia Saudita encabezó una coalición para intentar restaurar el gobierno yemení. Una tregua negociada en 2022 se había sostenido en líneas generales hasta la semana pasada, cuando los rebeldes acusaron al reino de bombardear el principal aeropuerto internacional de Yemen para impedir el aterrizaje de un avión iraní, y respondieron lanzando misiles contra territorio saudita.
La escalada tampoco es improvisada: la Guardia Revolucionaria iraní ya había amenazado con utilizar a los hutíes para cerrar Bab el-Mandeb a medida que se intensificaban los combates con Estados Unidos. Con Ormuz bloqueado y el mar Rojo ahora bajo amenaza, las dos válvulas de salida del crudo del Golfo quedan comprometidas al mismo tiempo, un escenario que ninguna economía asiática dependiente de la energía importada puede mirar con indiferencia.
Co-fundador de Reporte Asia.














