Marinos indios, las víctimas invisibles de la guerra entre Estados Unidos e Irán

Marinos

Diez marinos de la India murieron y decenas resultaron heridos desde el inicio del conflicto, atrapados en los ataques a buques comerciales y petroleros en las rutas del Golfo. Nueva Delhi respondió con un monitoreo en tiempo real de sus tripulantes y una advertencia inédita a las navieras: dejar de contratar indios para cruzar Ormuz. Para muchas familias, las medidas llegaron tarde.

Samar Chaurasia tiene seis años y hablaba con su padre por teléfono varias veces al día mientras este trabajaba en un petrolero en ultramar. Un día, sin aviso, las llamadas se cortaron para siempre. Shivanand Chaurasia, ajustador de máquinas con apenas seis meses en su primer embarque, fue uno de los tres tripulantes muertos el 10 de junio cuando el MT Settebello fue atacado por Estados Unidos en el Golfo de Omán.

Su historia es la de una tragedia repetida. Desde que comenzó la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, diez marinos indios murieron y decenas resultaron heridos, algunos de gravedad, en los reiterados ataques contra cargueros y petroleros comerciales en la batalla por el control de las rutas marítimas clave de Medio Oriente. El dato de fondo explica la magnitud del problema: la India aporta una de las mayores fuerzas laborales de la marina mercante mundial, con más de 300.000 marinos empleados globalmente según cifras oficiales.

«Mi hermano no hizo nada malo»

Washington alegó que el buque donde trabajaba el padre de Samar transportaba petróleo iraní sancionado. El operador del barco negó cualquier vínculo con Teherán y aseguró que el ataque llegó sin advertencia previa. Para la familia, las explicaciones geopolíticas no alcanzan.

Shivanand era el único sostén del hogar. Su esposa Sushila, de 31 años, cuenta que la familia vendió sus tierras de cultivo para pagarle la formación técnica. La última llamada fue a las nueve de la noche anterior al ataque: ella le pidió que volviera a llamar en cinco minutos porque la hija menor lloraba. Nunca más escuchó su voz. Hoy reclama al gobierno indio una compensación de un crore de rupias (unos 148.500 dólares) para sostener a sus dos hijos, de seis y dos años, y repite una pregunta que resume el drama de miles de familias: por qué Estados Unidos mata a indios que no tienen nada que ver con la guerra. Su cuñado Ram Pravesh lo dice con la misma crudeza: es una pelea entre Irán, Israel y Estados Unidos, pero los que caen son los indios que solo fueron a trabajar.

La respuesta de Nueva Delhi: monitoreo y una advertencia inédita

La semana pasada, dos ataques separados, que Washington atribuyó a Irán, mataron al ingeniero Herambh Karmark y al oficial de máquinas Rohan Kumar. Fue el punto de quiebre. El gobierno indio presentó una protesta formal ante Teherán, convocó a su vicembajador y anunció un paquete de medidas que lo convierte en uno de los primeros Estados en actuar para proteger a sus marinos.

El Ministerio de Puertos, Navegación y Vías Fluviales comenzará a monitorear a cada marino indio en cada buque que navegue el Golfo Pérsico, el Estrecho de Ormuz y el Golfo de Omán, mediante un tablero en tiempo real que desarrollará la Dirección General de Navegación. El gobierno no aclaró cómo recolectará los datos cuando los buques apaguen sus transpondedores, una práctica habitual en la flota que transporta crudo sancionado.

La medida más disruptiva es otra: un aviso formal a las navieras para que eviten contratar nuevos trabajadores indios en travesías por Ormuz, haciéndolas responsables si los tripulantes recién contratados resultan heridos o muertos. Una advertencia sin precedentes que, en los hechos, encarece y complica la operación de una industria que depende estructuralmente de la mano de obra india.

Los sindicatos piden más: 20.000 marinos siguen en la zona

Para los gremios marítimos, las medidas se quedan cortas frente a una realidad apremiante: unos 20.000 marinos indios permanecen a bordo de 1.600 buques comerciales en el área del Estrecho de Ormuz o sus inmediaciones. El Maritime Union of India lanzó una petición dirigida al primer ministro Narendra Modi para que despliegue la diplomacia necesaria y garantice paso seguro, desescalada y protección humanitaria para todos los trabajadores de la zona.

El Forward Seamen’s Union of India fue más lejos: exigió una protesta formal ante las Naciones Unidas por el asesinato de marinos inocentes en la zona de conflicto, una investigación independiente e inmediata de los ataques letales, compensaciones de cinco millones de dólares para cada familia y protocolos de seguridad reforzados. Su consigna condensa el reclamo: los marinos no son daño colateral.

El miedo que no se dice

Los sobrevivientes callan. Marinos rescatados explicaron que no pueden hablar de lo ocurrido porque hacerlo pondría en riesgo sus chances de volver a ser contratados. El hermano de un tripulante que sobrevivió al ataque del Settebello relató que el marino quedó varado en el buque sin energía tras el impacto, pasó sus primeros diez días de regreso completamente conmocionado y todavía se sobresalta con cualquier estruendo. No recibió compensación alguna de la empresa por semejante despliegue de riesgo.

Su testimonio deja además un detalle escalofriante sobre la mecánica de esta guerra: las tripulaciones saben que los ataques, vengan de Irán o de Estados Unidos, apuntan casi siempre a la sala de máquinas. Con una advertencia previa, la habrían evacuado. Sin ella, el jefe de máquinas y el ajustador estaban exactamente donde cayó el misil. Es la síntesis brutal de un conflicto donde las potencias disparan y los trabajadores del mar, mayoritariamente asiáticos, ponen los muertos.

 

+ posts

Periodista, viajera full-time, especialista en Cultura, Negocios y Lifestyle.