El clivaje religioso se profundiza en Indonesia

El movimiento anti-Ahok en Indonesia fue importante tanto porque puso de manifiesto tendencias que habían preocupado cada vez más a los pluralistas durante casi una década.

Este movimiento inyectó nueva vida al clivaje identitario que había sido durante mucho tiempo una característica subyacente de la política indonesia. Además, aceleró el debilitamiento del clivaje democrático, ya que Jokowi –con su electorado pluralista detrás de él– recurrió a medidas autoritarias para contener a los islamistas.

La división de Indonesia entre pluralistas e islamistas ha cambiado mucho de forma a lo largo de las décadas. En la década de 1950, durante el primer y malogrado período de gobierno democrático de Indonesia, esta división dio lugar a una feroz controversia sobre la base constitucional del Estado. Una asamblea constituyente, que se reunió entre 1956 y 1959, llegó a un punto muerto sobre si la constitución debía incluir una disposición que hiciera obligatoria la ley islámica para los musulmanes. El fracaso de la asamblea sirvió de pretexto a los opositores a la democracia para instaurar un régimen autocrático.

Suharto abordó este clivaje suprimiéndolo. Era políticamente autoritario, pero apoyaba una visión religiosa y étnicamente pluralista basada en Pancasila, los “Cinco Principios” que el presidente fundador Sukarno había proclamado como filosofía rectora de Indonesia en 1945. Es importante destacar que Pancasila incluye un compromiso con la religión monoteísta, pero no con el islam específicamente. Este compromiso encarna algo que el estudioso de Indonesia Jeremy Menchik llama “nacionalismo piadoso”.

Permite al gobierno proporcionar apoyo financiero e institucional a las organizaciones religiosas, pero sin aplicar la ley islámica ni dar al Estado una identidad islámica formal (Menchik, 2015). La restauración democrática de 1998 levantó las restricciones a la expresión de las aspiraciones políticas islamistas. Aunque la mayoría de las organizaciones islámicas de la corriente principal se habían reconciliado con el compromiso de Pancasila durante los años de Suharto, el clivaje entre los pluralistas y los defensores de un mayor papel para el islam había sobrevivido.

De hecho, una encuesta realizada a políticos en 2018 mostró que es el clivaje más fuerte, y posiblemente el único, que divide a la elite de Indonesia (Aspinall et al., 2018). Pero durante la mayor parte de las dos primeras décadas de la democracia post Suharto, incluso esta división se vio difuminada por la naturaleza inclusiva y cartelista de las coaliciones de gobierno. Estas dieron a  islamistas y pluralistas muchas oportunidades de compartir el botín del cargo (Slater, 2018).

Si el clivaje religioso fue disimulado por la distribución patrimonialista a nivel de la elite, en otros ámbitos siguió siendo relevante. Siguieron produciéndose batallas a pequeña escala tanto a nivel nacional (sobre cuestiones como un proyecto de ley de pornografía, la política educativa y la prohibición de la homosexualidad) como en las regiones (sobre normativas locales que incorporaban aspectos de la ley islámica, o en controversias sobre sectas heterodoxas y lugares de culto no islámicos, Buehler, 2016).

Los defensores más radicales de un rol más fuerte para el islam rechazaron los compromisos de los partidos islámicos en el parlamento y llevaron la lucha a las calles, como en el caso de Ahok. Las filas islamistas se han visto engrosadas por la urbanización y el crecimiento de una clase media islámica educada, junto con la creciente influencia de las ideas originarias de Oriente Medio. Los velos en las mujeres son más comunes que antes. También lo son las urbanizaciones sólo para musulmanes, y con ellas la proliferación de pequeños grupos salafistas y otros islamistas.

Algunos, el FPI entre ellos, han actuado como milicias y han atacado a personas que juzgan que violan las normas islámicas. A muchos pluralistas les preocupa estar perdiendo lentamente terreno en una lucha a largo plazo sobre la naturaleza de Indonesia. En este contexto, la consolidación de los grupos islamistas durante las manifestaciones contra Ahok provocó un endurecimiento equivalente de las posiciones entre los pluralistas. Este endurecimiento provocó a su vez una disociación gradual entre el apoyo al pluralismo y la idea de las libertades democráticas.

Este desacople ha impactado aún más el clivaje de la democracia y ha hecho que la división identitaria entre islamistas y pluralistas sea la única que importa. Inquietos por la movilización anti-Ahok, muchas de las minorías religiosas del país la tomaron como una señal nefasta de su creciente vulnerabilidad. Las zonas con gran población no musulmana organizaron vigilias con velas en solidaridad con Ahok. Igualmente preocupados estaban los musulmanes con inclinaciones seculares o simplemente pluralistas, incluidos muchos miembros del propio Partido Democrático de Lucha de Indonesia (PDI-P) de Jokowi.

Los defensores más radicales de un rol más fuerte para el islam rechazaron los compromisos de los partidos islámicos en el parlamento y llevaron la lucha a las calles, como en el caso de Ahok

Los pluralistas advierten ahora, a menudo en términos muy exagerados, de una Indonesia que temen que pueda seguir el camino de un Afganistán o una Siria devastados por las luchas. Jokowi compartió la alarma de sus partidarios pluralistas. Los líderes del 212 deseaban abiertamente la destitución del presidente, incluso cuando Prabowo buscaba su apoyo. En respuesta, Jokowi y su gobierno tomaron dos medidas. En primer lugar, Jokowi recurrió a medidas cada vez más autoritarias.

El pluralismo no democrático en Indonesia

Por ejemplo, en julio de 2017 su gobierno prohibió Hizbut Tahrir Indonesia, la rama indonesia de una organización islamista transnacional que durante la década anterior había ganado popularidad en los campus universitarios indonesios. Al hacerlo, Jokowi apuntaba un golpe a un componente ideológicamente vulnerable de la coalición islamista más amplia: Hizbut Tahrir pedía abiertamente que Indonesia formara parte de un califato islámico universal, lo que dio lugar a acusaciones de que era hostil no sólo a Pancasila, sino a la idea misma de un Estado-nación indonesio soberano.

Sin embargo, la prohibición de Hizbut Tahrir sólo formaba parte de una política más amplia de “combatir el iliberalismo con el iliberalismo” (Mietzner, 2018). El gobierno de Jokowi empezó a utilizar cada vez más las fuerzas del orden contra sus opositores. Por ejemplo, a mediados de 2017, la policía amenazó con acusaciones de pornografía al jefe del FPI, Habib Rizieq Shihab, lo que le llevó a exiliarse en Arabia Saudita. Una serie de destacados críticos del gobierno, entre los que se encontraban tanto islamistas como partidarios de Prabowo, fueron amenazados con cargos de makar (rebelión).

Otros fueron acusados de difamación criminal o de difundir odio o engaños en línea. En 2018, la policía reprimió a los partidarios de un movimiento “Cambien al presidente” que pretendía organizar concentraciones callejeras contra Jokowi. Estas medidas fueron acompañadas de una campaña ideológica cada vez más enérgica que reafirmaba la primacía de la Pancasila y prometía una acción severa contra quienes trataran de desafiarla (Power, 2018).

Los pluralistas aplaudieron estas medidas autoritarias. Las medidas contra los líderes islamistas se justificaron como defensas del Estado basado en la Pancasila, independientemente de los métodos utilizados. Muchas ONG que antes habían defendido tanto el pluralismo como la democracia optaron ahora por dar prioridad al primero sobre el segundo. Fue durante esta fase cuando algunos de los activistas que en 2014 habían apoyado a Jokowi como el candidato que más se parecía a un defensor de la democracia comenzaron a separarse de los grupos que hacían hincapié en el pluralismo.

Tras la prohibición de Hizbut Tahrir, un puñado de activistas prodemocráticos invitó a las ONG a debatir un recurso legal contra esta proscripción, que se había aplicado sin orden judicial. La mayoría de las ONG pluralistas se negaron a asistir porque no querían formar parte de un caso que podría ayudar a Hizbut Tahrir. Los activistas prodemocráticos que impulsaron la impugnación judicial 4 Una encuesta realizada en agosto de 2017 mostró que entre el 73% de los encuestados que habían oído hablar de una nueva normativa gubernamental que permitía al ejecutivo disolver una organización sin orden judicial, casi dos tercios estaban de acuerdo con esta medida.

De estos dos tercios, el 60 por ciento respaldaba su uso contra HTI. Los encuestados no musulmanes eran significativamente más propensos a estar de acuerdo con ambas propuestas (Lembaga Survei Indonesia, 2017). Entrevista de Marcus Mietzner con los organizadores de la reunión, Yakarta, julio de 2017. instarían más tarde a los votantes a quedarse en casa en 2019 alegando que tanto Jokowi como Prabowo eran amenazas para los derechos humanos y la democracia, pero el número de estos activistas era ínfimo en comparación con el grupo pluralista, mucho más numeroso.

El segundo paso que dio Jokowi para contrarrestar la amenaza islamista fue reforzar sus propias credenciales islámicas. En busca de ayuda, recurrió a las principales organizaciones islámicas. En particular, buscó el apoyo de los líderes de Nahdlatul Ulama (NU). Fundada en 1926, es la mayor organización islámica de Indonesia (y del mundo). Cuenta con decenas de millones de seguidores en este país de más de 260 millones. Basada en una red informal de internados religiosos rurales (o pesantren) y sus líderes (los eruditos religiosos o kiai), NU está impregnada de la escuela de jurisprudencia Shafi’i del islam suní.

en julio de 2017 su gobierno prohibió Hizbut Tahrir Indonesia, la rama indonesia de una organización islamista transnacional

Los afiliados a NU practican rituales tradicionales, como rezar en las tumbas de los santos, que los grupos más puritanos ven con recelo o condenan directamente. En la última década, algo parecido a una mentalidad de asedio se ha apoderado de algunos sectores de NU, con líderes que ven a sus seguidores cada vez más atacados por las actividades de divulgación de los salafistas y otros grupos islamistas. En respuesta a esta amenaza, los líderes de NU promueven lo que denominan islam Nusantara (islam del Archipiélago), que
describen como una forma más moderada de islam que se adapta mejor a la cultura indonesia.

Al ver que su organización es el objetivo frecuente de los movimientos de purificación islámica, los líderes de NU se han puesto a menudo del lado de las organizaciones pluralistas a lo largo de la historia moderna de Indonesia. Sin embargo, NU es una red flexible y su alineación política no es en absoluto coherente (Bush, 2009) (Menchik, 2019). Aunque NU contiene fuertes corrientes pluralistas, muchos kiai son profundamente conservadores en cuestiones religiosas y sociales. Por ejemplo, Ma’ruf Amin, entonces el líder más veterano de NU, firmó una fatwa en 2016 que confirmaba que Ahok había
cometido blasfemia.

En la década de 1950, NU había apoyado el intento de dar reconocimiento constitucional a la ley islámica, aunque la mayoría de sus líderes se adaptaron al pluralismo durante el gobierno de Suharto. La organización es, por tanto, una fuerza oscilante crítica para los conflictos en torno al lugar del islam en la esfera pública. Esto es especialmente cierto en períodos de política democrática, cuando representa un enorme banco de votos potencial.

Tras el caso Ahok, Jokowi hizo todo lo posible por buscar el apoyo de NU. Visitó sistemáticamente los pesantren y demostró una deferencia pública hacia los principales kiai, incluido Ma’ruf Amin. Invitó a los seguidores de NU a realizar rituales religiosos tradicionales en el palacio presidencial. Su gobierno ha patrocinado a la organización, por ejemplo, prestando a su programa de microcréditos unos 100 millones de dólares en febrero de 2017 (Fachrudin, 11 de abril de 2019).

Jokowi intentó mejorar sus perspectivas de reelección en 2019 con tres movimientos. En primer lugar, trató de ampliar su base pluralista apelando a los votantes conservadores de NU que querían proteger sus prácticas religiosas tradicionales de la amenaza islamista. En segundo lugar, esperaba (tal vez de forma poco realista) que su alianza con NU y sus frecuentes visitas a lugares de culto islámicos disiparan en parte la hostilidad islamista y le ayudaran en bastiones musulmanes conservadores como la provincia de Java Occidental.

En tercer lugar, quería destacar sus programas de infraestructuras y políticas de bienestar como logros que aplaudirían tanto los votantes pluralistas como los islamistas. Ser la alternativa democrática a Prabowo ya no era algo que pretendiera destacar.

 

Nota: El artículo es la segunda parte de un paper publicado originalmente por la Revista Asia / América Latina. La reproducción del mismo se realiza con la debida autorización. Link al artículo original: http://www.asiaamericalatina.org/wp-content/uploads/2022/05/12.5-Aspinall-Mietzner-1.pdf

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