La relación entre Argentina y China ha sufrido varias idas y vueltas desde que Javier Milei asumió la presidencia y marcó fuertemente su distancia del pensamiento de Xi Jinping.
Lo que comenzó como una postura abiertamente crítica hacia el gigante asiático, ha evolucionado, en pocos meses, hacia una colaboración cada vez más pragmática que refleja las complejidades del escenario internacional y las necesidades económicas del país, que prevalecen (o debieran) sobre las convicciones ideológicas. Aunque los cambios en la Cancillería argentina, sumado a la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, ponen nuevamente un velo de incógnita sobre la simbiosis entre Argentina y China.
La primera medida rimbombante fue la exclusión de Argentina del grupo BRICS. El gobierno argentino formalizó su decisión de renunciar al bloque compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica apenas asumió el mandato. Esta determinación, previamente anticipada por la Cancillería y el propio presidente Milei, fue explicada a través de una carta dirigida a los líderes de cada país miembro del bloque.
Marcelo Suárez Salvia, embajador argentino en Beijing, le aclaró a ReporteAsia: “no fue un rechazo”. Sino que “el análisis de las decisiones de política exterior del gobierno saliente ameritaba un examen que necesitaba extenderse más allá de la fecha límite para ingresar como miembro pleno”. Palabras más, palabras menos, el gobierno de Milei arrancaba con una negativa que apuntaba fuertemente a China.
Desde la campaña electoral, el Milei candidato había expresado abiertamente su rechazo a las relaciones con países que consideraba contrarios a sus principios de libertad económica. En su discurso, China y Brasil eran etiquetados como «regímenes comunistas», y aseguraba que su gobierno no establecería lazos con ellos. Pequeño problema práctico: Brasil y China son los dos principales socios comerciales de Argentina.
Este enfoque, se mantuvo un tiempo desde lo discursivo, pero la realidad se comenzó a imponer. Tal es así, que en la próxima reunión del G20 en Río de Janeiro (18 y 19 de noviembre) Milei no podrá esquivarlos más: tendrá que verles la cara tanto a Lula como a Xi Jinping.
Embajador Marcelo Suárez Salvia: “China y Argentina son amigos y socios”
Será la primera visita de Milei a Brasil con carácter oficial tras varios desencuentros con Lula, especialmente en la cumbre de Mercosur en Paraguay donde prefirió no participar con tal de evitar un cruce con el mandatario brasileño. Milei considera al Brasil de Lula tierra hostil, políticamente hablando.
Es importante dejar en claro que el gobierno de Milei debe ser analizado por dos aristas. Una es lo discursivo y lo explosivo de sus declaraciones: terminantes, confrontativas, que buscan generar ruido y ruptura. La otra son las acciones diplomáticas donde la actuación es mucho más serena y menos confrontativa.
En el caso de Lula, por ejemplo, el conflicto discursivo y la escalada es grande, pero en términos comerciales y en algunas cuestiones políticas (como el conflicto en la embajada Argentina en Venezuela) han demostrado capacidad de cooperación entre ambos gobiernos.
Lo mismo para el caso de China, donde desde el discurso se ha confrontado abiertamente, pero llegado el momento la diplomacia ha bajado los decibeles y reacomodado las negociaciones y conversaciones en distintos puntos.
Para Patricio Giusto, Director Ejecutivo del Observatorio Sino Argentino, “el principal error del gobierno argentino, que afectó toda la política exterior, fue desplegar una diplomacia basada en la ideología, la ignorancia y las preferencias personales del presidente”.
Giusto remarca que “hay una incomprensión total de lo que China representa para Argentina y para el mundo en el círculo íntimo del presidente”.
La propia coyuntura es la que ubica a Milei en una posición de más pragmatismo y menos ideología, especialmente en términos económicos: urge fortalecer las reservas internacionales. Fue en este contexto que su administración decidió renovar hasta 2026 la totalidad del tramo activado del swap por RMB 35 mil millones (equivalente a USD 5 mil millones), un acuerdo financiero que ya estaba en marcha desde gobiernos anteriores y que le otorga a Argentina un respiro económico.
Esta renovación del swap fue uno de los primeros gestos de apertura hacia China y marcó el inicio de una etapa de acercamiento que, lejos de ser una anomalía, parece seguir el patrón de otros líderes latinoamericanos, como el expresidente brasileño Jair Bolsonaro, quien fustigó a Xi durante la campaña y a los pocos meses al mando se lo vio sonriente por Beijing.
Uno de los primeros indicios del giro en la política exterior de Argentina hacia China ocurrió en junio de 2024, cuando Karina Milei, hermana del presidente y una de sus consejeras más cercanas, se reunió con el embajador chino en Buenos Aires, Wang Wei.
En ese encuentro, se abordaron cuestiones claves para el futuro de la relación bilateral, como la reprogramación del mencionado swap de divisas y la posibilidad de aumentar las inversiones chinas en sectores estratégicos como el litio y el agro.
El propio Wang Wei lo confirmó en una entrevista con ReporteAsia: “Además del comercio, esperamos hacer más que intercambios por productos agroindustriales, ir más allá de las cooperaciones en ámbitos convencionales, con más contenido de desarrollo científico y tecnológico, y de innovación, en sectores como nuevas energías, economía digital, big data, inteligencia artificial, además de lo cultural y lo educativo”.
En septiembre de 2024 se dio la reunión de más alto nivel hasta la fecha cuando, la entonces ministra de Relaciones Exteriores, Diana Mondino se entrevistó con su homólogo chino, Wang Yi, durante la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. Este encuentro, que incluyó la participación de figuras clave del gobierno argentino, como Karina Milei y el ministro de Economía Luis Caputo, fue vista como un gesto claro de la intención de ambos países de fortalecer los lazos bilaterales.
Finalmente, Mondino quedó fuera del gobierno por votar en contra del bloqueo de Estados Unidos a Cuba en la ONU, y el temor es que se trabe lo que tanto costó hacer fluir. La ideología otra vez.
Con Gerardo Werthein, reciente embajador en Washington, como nuevo Canciller, la política exterior del gobierno argentino está fuertemente ligada al eje Estados Unidos – Israel y desde lo operativo muy influenciada por Karina Milei, cuyos pergaminos nada tienen que ver con la gestión de este tipo de responsabilidades. Lo cual abre mayores interrogantes respecto del futuro de la relación bilateral con China.
Según Patricio Giusto la designación de Werthein “fue una gran sorpresa para China y no puede decirse que sea una buena noticia”. Y prosigue: “Tras 10 meses complicados, donde costó muchísimo establecer una relación diplomática normal, ahora es como empezar de 0 con un nuevo canciller, que no tiene antecedentes en la relación con China”.
Karina Milei era figura clave en el supuesto acercamiento. No solo había sido la cara visible en varios encuentros diplomáticos con representantes chinos, sino que también se esperaba que visite Shanghái para participar en la Exposición Internacional de Importaciones. Este viaje, que sería el primero oficial al extranjero de la hermana del presidente y reforzaría la intención del gobierno argentino de abrir nuevas puertas a la cooperación económica con China, finalmente no se produjo.
Otra promesa aún por incumplirse salió de la propia boca del presidente. Previo a la salida de Mondino del gobierno, Milei dio una entrevista en uno de los programas de televisión más vistos de la Argentina donde anunció que viajaría a China en enero de 2025 para participar en la cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe (CELAC). Esta visita sería la primera del presidente argentino a China, y un paso en el camino del proceso de consolidación de las relaciones entre ambos países. Claro, la reunión aún no ha sido oficializada y nada indica que se llevará a cabo en enero, previo al Año Nuevo chino.
Durante esa entrevista se hizo claro el viraje de Milei respecto del país asiático cuando el presidente señaló sin ponerse colorado que China “es un socio comercial muy interesante”. Y remató: “no exigen nada, sólo que no los molesten”.
Margaret Myers, directora del programa Asia y América Latina del Inter-American Dialogue, confirma: “La relación ha sido más cálida de lo que quizás se esperaba, ya que China busca nuevas inversiones y una actitud de no intervención a la hora de hacer negocios”.
Marcelo Suárez Salvia, en concordancia con Milei, también se refirió a la cuestión comercial: “Creo que debemos confiar más en la institucionalidad propia de un vínculo que ha crecido hasta ubicar a China como nuestro segundo socio comercial global, y a la Argentina como un origen privilegiado de alimentos en ciertos mercados chinos como la carne vacuna, el sorgo y la cebada, entre otros”.
El viaje de Milei a China, aunque aún por concretarse, ya ha generado expectativas sobre lo que podría significar para el futuro de las relaciones entre ambos países. En particular, se espera que Milei busque asegurar nuevas inversiones en sectores como la minería, la energía y el agro, en los cuales China ha mostrado un gran interés, especialmente por los recursos de litio y cobre que posee Argentina.
El economista especialista en China, Osvaldo Cortesi indica que “Milei tendrá que acomodar su discurso liberal mientras necesita inversiones en infraestructura de las empresas chinas”. Según Cortesi: “Milei es un liberal pragmático. Tendrá que navegar entre entre dos mundos de la misma manera que su amigo Elon Musk”.
Hay espacio para crecer si se alinean las relaciones
Para Suárez Salvia la relación tiene aún mucho por recorrer: “China es un megaproductor de insumos para renovables y la Argentina es un país con alto potencial para poner en funcionamiento el equipamiento y producir energía. China es un gran consumidor de combustibles fósiles, y Vaca Muerta va creciendo en excedentes que, por el momento, tienen como destino otros mercados”.
En ese sentido, Wang Wei, remarcó las posibilidades en el sector automotriz: “las marcas de autos chinos ya están presentes en Sudamérica y el Mercosur, y en las rutas argentinas hay cada vez más presencia de autos chinos”. Profundizó: “las empresas chinas de vehículos eléctricos tomarán en activa consideración la instalación de fábricas en Argentina. De hecho ya están presentes en Brasil teniendo su línea de producción y ensamblaje”.
El retorno de Trump y el futuro de las relaciones con China y Xi Jinping
La cuestión del Mercosur no es menor, teniendo en cuenta que se coquetea con una posibilidad de Tratado de Libre Comercio (TLC) con China desde hace un tiempo. Aunque las propias trabas internas lo hacen sonar como una utopía: no solamente están envueltos allí la falta de diálogo entre Argentina y Brasil, también la incógnita del nuevo gobierno en Uruguay y la sólida relación diplomática de Paraguay con Taiwán.
Ambos embajadores en sus respectivos diálogos con ReporteAsia hicieron foco en el Mercosur. Wang Wei indicó que esperan “poder iniciar cuanto antes las negociaciones entre China y Mercosur por un TLC. Estamos abriendo nuestro mercado. Nuestra idea es promover un mercado global abierto, siguiendo las políticas de la OMC, lo que facilitaría y propiciaría un fluido intercambio de mercancías que es bueno para el comercio internacional”.
Suárez Salvia, en la misma línea diplomática, afirmó: “Las conversaciones hacia una negociación de Acuerdo de Libre Comercio pueden producirse e incluso resultar fructíferas en la medida en que haya consenso en el seno del Mercosur para avanzar y, como condición sine qua non, en la medida en que tanto el Mercosur como China puedan vislumbrar un acuerdo balanceado y mutuamente beneficioso”.
El último gesto de la mejora en los vínculos entre ambos países vino de la mano de Xi Jinping, que envió una carta de felicitaciones a Javier Milei por su cumpleaños del día 22 de octubre, una seña diplomática que resaltó el interés del mandatario chino por estrechar los lazos con Argentina.
Se espera que Milei y Xi Jinping mantengan un encuentro preliminar durante la cumbre del G20 en Brasil, que se celebrará en pocos días, aunque no fue confirmado. Este encuentro, del tipo «pull aside», sería breve pero servirá como un primer acercamiento personal entre ambos mandatarios, facilitando un diálogo más fluido antes de la visita oficial a Beijing.
“Ojalá Milei pueda viajar a China y comenzar a entender, a través de sus propios ojos”, señala Patricio Giusto. Pero aclara: “Luego de algunas señales promisorias tras las declaraciones positivas de Milei hacia China y su posible viaje, ahora se generan nuevamente serias dudas sobre cómo va a seguir la relación bilateral, sobre todo con la victoria de Donald Trump”.
Una de las apuestas del gobierno argentino a nivel internacional era justamente el triunfo de Trump sobre Kamala Harris en las elecciones de los Estados Unidos. La victoria de Trump modifica la forma de participación de Milei en la cumbre del G20 y en otras reuniones semejantes de organismos multilaterales.
Osvaldo Cortesi señala que “Trump fue quien en 2017 terminó con la estrategia complaciente de Estados Unidos frente a China”. Y vaticina: “En su nuevo mandato este camino se consolidará”. De hecho, el asesor principal de Trump en relaciones comerciales, Robert Lighthizer, calificó a China como un “adversario letal”.
A pesar de las claras diferencias en materia de política económica interna (proteccionismo vs. liberalismo), en el gobierno argentino ven a Trump como un aliado natural que puede ayudar en el FMI y con diversos juicios que tiene Argentina en jurisdicción norteamericana (como la expropiación de YPF).
Justamente el acercamiento a China no ha estado exento de tensiones en otros frentes. En Washington, la Casa Blanca de Joe Biden ha expresado su preocupación por el creciente protagonismo de China en América Latina, particularmente en sectores estratégicos como el litio, que también es de interés para Estados Unidos.
Se enfría nuevamente la relación entre Argentina y China bajo el mandato de Milei
Estas dicotomías son las que enfrenta el gobierno de Milei. Con Trump en la Casa Blanca, el viraje prochino de su gobierno pareciera quedar trunco. Aún así, el país requiere de ambos lados de la grieta internacional y es ahí donde el pragmatismo diplomático juega su partido.
En palabras de Osvaldo Cortesi: “Argentina enfrenta una realidad geopolítica nueva con parámetros económicos favorables y una salida logística hacia la Antártida que la hacen muy atractiva para ambos poderes hegemónicos. Y esta es la mayor apuesta de Milei”.
Para Patricio Giusto: “El mayor desafío es poder tener una relación normal y mutuamente beneficiosa en lo económico, pese a las preferencias ideológicas”.
Hasta ahora Milei ha demostrado ser más práctico de lo esperado, tanto en su relacionamiento externo como en sus políticas internas. ¿Romperá con esto tras la victoria de Trump o logrará mantenerse activo también de cara a Xi Jinping? Sin dudas, Argentina no puede darse el lujo de estar enfrentada a las potencias globales.
Co-fundador de Reporte Asia.














