La relación de los gobiernos de Jair Bolsonaro en Brasil y Javier Milei en Argentina con China presenta notables similitudes en cuanto a enfoque, retórica y posicionamiento político. Con un fuerte discurso critico de China y el régimen imperante en el gigante asiático, ambos líderes han terminado reconociendo su importancia como socio comercial y financiero para sus respectivos países.
Esta contradicción entre el discurso inicial y las acciones posteriores pone en evidencia una realidad común: la ineludible dependencia económica de China en América Latina.
Durante la campaña electoral de Jair Bolsonaro, la retórica hacia China fue marcadamente crítica. En el 2018, el entonces candidato denunció la creciente influencia del país asiático en Brasil, afirmando que «China no compra en Brasil, sino que está comprando Brasil». Su preocupación principal radicaba en el control chino sobre sectores estratégicos, especialmente en energía e infraestructura. Estas palabras llevaron a Bolsonaro incluso a visitar Taiwán en un gesto que fue considerado una afrenta directa a Pekín.
Sin embargo, ya en el poder, la realidad del comercio internacional y la necesidad de estabilizar la economía brasileña hicieron que Bolsonaro tomara un giro pragmático. En octubre de 2019, realizó una visita oficial a China, donde fue recibido cálidamente por el presidente Xi Jinping. Este gesto de acercamiento, lejos del discurso crítico de campaña, marcó un cambio de tono. Durante su visita, Bolsonaro regaló a Xi una camiseta de fútbol del Flamengo, y aunque seguía manteniendo críticas al «perverso gobierno comunista de Pekín», reconoció la importancia de China como socio comercial.

Esta dinámica refleja una constante en la política hacia China: pragmatismo económico por encima de la ideología.
Brasil, bajo la administración de Bolsonaro, vio cómo China se consolidaba como su principal socio comercial. El gigante asiático no solo es el mayor importador de productos agrícolas brasileños, como la soja, sino que también ha hecho importantes inversiones en infraestructura energética. China posee una participación significativa en el sector eléctrico brasileño, y empresas como State Grid y China Three Gorges han asegurado contratos para operar en Brasil. A pesar de las críticas iniciales, la realidad fue que las relaciones con China, lejos de deteriorarse, se fortalecieron debido a la necesidad brasileña de atraer inversiones y mantener su flujo de exportaciones.
El camino de Javier Milei en su relación con China parece seguir un mismo rumbo, por lo menos en términos de pragmatismo, aunque con un giro más reciente y menos consolidado.
Al igual que Bolsonaro, durante su campaña electoral, Milei adoptó una postura crítica hacia los regímenes comunistas, incluyendo a China. Su retórica fue clara: no mantendría relaciones diplomáticas con gobiernos que consideraba contrarios a sus principios de libertad económica. Sin embargo, tras asumir la presidencia, la economía argentina lo obligó a reconsiderar esta posición.
La necesidad de asegurar la continuidad de acuerdos financieros de gran relevancia, como el swap de divisas entre Argentina y China, empujó al gobierno de Milei a buscar una relación más cercana con el gigante asiático. Esta situación se hizo evidente cuando, poco después de asumir el cargo, su gobierno renovó el swap por 5.000 millones de dólares, que permitió fortalecer las reservas del Banco Central. Esta renovación fue un claro indicio de que, a pesar de las diferencias ideológicas, Milei estaba dispuesto a priorizar las necesidades económicas de su país.
No obstante, la relación entre Argentina y China bajo el aún joven gobierno de Milei ha estado llena de tensiones. Durante los primeros meses de su mandato, surgieron roces diplomáticos no solo debido a la retórica del nuevo presidente y las críticas hacia el régimen comunista chino, sino también por la negativa de Argentina de unirse a los BRICS y ciertos comentarios en apoyo a Taiwán de algunos funcionarios menores que molestaron en Beijing.
En las últimas semanas, el gobierno de Javier Milei ha dado un cambio de 180° respecto a su relación con China que hace recordar al mismo cambio experimentado por Bolsonaro durante su mandato.
¿Viaja Milei a China en enero? El presidente argentino se acerca a Xi Jinping
El viaje de Milei a China, previsto para enero de 2025, representa un paso más en este acercamiento. Aunque aún no está claro si este giro en la política exterior será duradero, lo cierto es que China sigue siendo un socio clave para la Argentina, no solo en términos financieros, sino también en sectores estratégicos como la minería y la infraestructura. La dependencia argentina de las inversiones chinas en proyectos como las represas hidroeléctricas y las centrales nucleares es una realidad que Milei no puede ignorar, por más que intente equilibrar sus alianzas con otros actores internacionales, como Estados Unidos.
Es estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina. Es miembro del Semillero de Investigación de dicha Facultad y del Grupo de Estudios sobre India y el Sudeste Asiático de la Universidad Nacional de Rosario. Cursó además la Diplomatura en Derecho y Estado Digital 4.0. Es pasante de SHEN, consultora de negocios con Asia y redactor en ReporteAsia.














