¿Es posible trabajar con China para el desarrollo?

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La «cooperación trilateral» con China tiene una historia sorprendentemente rica. ¿También tiene futuro?

A unos 10.000 kilómetros de los ondulados campos de té del este de China, los agricultores de té en Kenia están combatiendo el cambio climático con conocimientos técnicos provenientes de China.

Desde la plantación de árboles hasta la fertilización orgánica, las plantaciones de té en las tierras altas de Kenia —el mayor exportador de té del mundo— han adoptado una serie de prácticas enseñadas por expertos chinos con el objetivo de reducir su huella de carbono.

El proyecto, que comenzó el año pasado y está previsto que se extienda hasta finales de 2026, es un ejemplo de “cooperación trilateral”. Este tipo de cooperación implica que gobiernos, empresas u ONG del Norte Global y del Sur Global se asocian para llevar a cabo un proyecto de desarrollo en otro país del Sur Global. Para algunos, esa cooperación debe ser una forma de ayuda al desarrollo, como un proyecto para hacer que la agricultura sea más sostenible y, así, aumentar la seguridad alimentaria. Para otros, el concepto es más amplio y podría incluir, por ejemplo, la construcción de una autopista para facilitar el comercio.

La cooperación trilateral es “muy importante” para los esfuerzos mundiales por abordar el cambio climático, afirma Li Xin, miembro del equipo de expertos chinos que trabaja con los agricultores de té kenianos. Li es investigador del Instituto de Investigación del Té en Hangzhou, que forma parte de la Academia China de Ciencias Agrícolas.

“Algunos países en desarrollo necesitan ayuda con urgencia porque no tienen financiación ni tecnología”, subraya. “Lo que realmente necesitamos es que algunos países importantes asuman esa responsabilidad.”

Unirse para el desarrollo

La cooperación trilateral, también conocida como “cooperación triangular”, es un concepto estrechamente vinculado con la “cooperación Sur-Sur”. Esta última, nacida en la Conferencia Asiático-Africana de 1955 en Indonesia, implica que los países en desarrollo trabajen entre sí para ayudar a uno o ambos a desarrollarse.

Aunque los primeros ejemplos de cooperación trilateral se remontan a la década de 1950, su definición depende en gran medida de a quién se le pregunte.

Algunos investigadores sostienen que se refiere estrictamente a la cooperación para el desarrollo en la que un proveedor del Norte Global o una organización multilateral —o ambos— facilitan un intercambio Sur-Sur. Otros argumentan que tiene un alcance mucho más amplio y que también abarca el comercio y las inversiones empresariales, como el caso de empresas chinas que se asocian con socios europeos para desarrollar plantas hidroeléctricas en África o construir carreteras en Europa del Este.

En el primer caso, los roles dentro de la cooperación están claramente definidos. El “facilitador” proviene de un país desarrollado o de una organización internacional, como una agencia de las Naciones Unidas (ONU). El “actor central” es un socio del país en desarrollo. El “beneficiario” es quien recibe el proyecto. Así lo define la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), una organización intergubernamental cuyos miembros son en su mayoría países desarrollados.

“Estos roles pueden ser asumidos por cualquier actor; no tienen por qué ser solo Estados. También pueden ser del sector privado, de la sociedad civil, del mundo académico, de centros de pensamiento, de institutos de investigación, y demás”, explica Nadine Piefer-Söyler, analista de políticas de la Dirección de Cooperación para el Desarrollo de la OCDE.

“El núcleo del modelo es que la experiencia del socio central sea relevante y similar a lo que el beneficiario necesita”, dice Piefer-Söyler a Dialogue Earth.

“Idealmente, los tres socios aprenden e intercambian conocimientos, de modo que no se trata de una transferencia unidireccional de conocimientos de dos países hacia uno, sino más bien de un intercambio circular de experiencias”, añade.

Té y tilapia

La cooperación trilateral ha recibido “una atención significativamente mayor” desde 2015, cuando la ONU propuso los Objetivos de Desarrollo Sostenible, según Yuan Xiaohui, investigador de la Academia China de Cooperación Económica y Comercio Internacional.

El proyecto del té en Kenia es una demostración de ello. Forma parte de un esfuerzo colaborativo más amplio entre los gobiernos de Alemania, China y Kenia, además de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

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La iniciativa de 2,5 millones de dólares, financiada parcialmente por Alemania, tiene como objetivo fortalecer la resiliencia de la industria del té en Kenia, que representa aproximadamente una cuarta parte de los ingresos por exportaciones del país, pero que se ve cada vez más amenazada por fenómenos climáticos extremos.

China participa principalmente a través del Programa de Cooperación Sur-Sur FAO-China, una iniciativa creada en 2009 y respaldada por el gobierno chino mediante un fondo fiduciario. Hasta ahora, China ha donado 130 millones de dólares a dicho fondo.

El investigador chino de té, Li, y sus colegas están ayudando a los agricultores kenianos a construir plantaciones de té “carbono neutrales”, utilizando técnicas probadas en un proyecto piloto en Lishui, en la provincia china de Zhejiang.

La propuesta fue solicitada por la parte keniana después de varios años de conversaciones, explicó Li. El objetivo principal de su equipo es diseñar estrategias técnicas que permitan operaciones sostenibles en las plantaciones de té de Kenia.

Según un documento redactado por Zhang Chao, investigador del Instituto de Estudios Europeos de la Academia China de Ciencias Sociales, China prefiere trabajar con organizaciones internacionales, como las agencias de la ONU. Estas entidades se consideran de “mayor neutralidad” y con “menor sensibilidad política”, según el documento.

Sin embargo, China también ha colaborado directamente con países desarrollados en el pasado. Un ejemplo es el programa de transferencia de tecnología agrícola entre los gobiernos del Reino Unido y China, desarrollado entre 2013 y 2017 en África y el Sudeste Asiático —un antecedente de cooperación trilateral entre ambos países.

El Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido aportó 10 millones de libras (unos 16 millones de dólares en 2013) al programa, mientras que el Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales de China ofreció “apoyo en especie”, enviando expertos y otros recursos.

En Malaui, el proyecto se centró en la producción de tilapia, un tipo de pez de agua dulce. Expertos chinos capacitaron a 100 agricultores locales en diversas técnicas, desde la construcción de estanques hasta la mejora de los sistemas de alimentación.

“China hizo un trabajo asombroso transformando su agricultura y desarrollando tecnologías apropiadas para los pequeños productores”, señaló James Keeley, quien dirigía la oficina de gestión del programa, en diálogo con Dialogue Earth.

El Reino Unido no contaba con esa experiencia, pero quería asociarse con África para desarrollar esas cadenas de valor, comentó Keeley. “Así que era mucho mejor trabajar con China para lograrlo.”

Más allá de la ayuda

Algunos sostienen que el comercio, las inversiones y los contratos de construcción también deberían definirse como “cooperación trilateral”, siempre que involucren a actores de tres o más países. Otros consideran que esto entra en una “zona gris”.

La “cooperación en terceros mercados” dentro de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China, por ejemplo, es una forma de cooperación trilateral, según Jiang Yang, investigador senior del Instituto Danés de Estudios Internacionales. Este concepto se refiere a la cooperación económica entre empresas de China y de otro país en un tercer mercado.

Otro investigador, que pidió permanecer en el anonimato, coincide con la visión de Jiang, y pone como ejemplo una autopista recién construida en Georgia.

La carretera forma parte del Corredor de Tránsito Europeo E60, que conecta Europa y Asia. Su construcción fue financiada por el Banco Asiático de Desarrollo, el Banco Mundial y el Banco Europeo de Inversiones, pero los contratos fueron adjudicados a cinco empresas estatales chinas, según el sitio de noticias Politico.

El Banco Europeo de Inversiones describe la autopista E60 como una extensión de una infraestructura clave de transporte lanzada por la Unión Europea para mejorar la conectividad del bloque: la Red Transeuropea de Transporte. Por su parte, el diario estatal chino People’s Daily describió el tramo georgiano de la E60 como parte de la cooperación entre Pekín y Tiflis en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI, por sus siglas en inglés).

A pesar de que involucra a actores de la UE, China y Georgia, varios expertos dijeron a Dialogue Earth que esta autopista no califica como “cooperación trilateral”. Consideran que las empresas chinas involucradas actuaron como “subcontratistas” dentro de una inversión económica.

Las distintas interpretaciones sobre qué constituye cooperación trilateral se deben, en parte, a que China —un actor clave en la Cooperación Sur-Sur— define la cooperación para el desarrollo de manera diferente a los países desarrollados, según explica Jiang Yang.

“Las definiciones occidentales tradicionales de cooperación para el desarrollo son relativamente estrechas. Básicamente se refieren a la ayuda exterior”, señala Jiang. “Pero muchos ejemplos de la cooperación para el desarrollo de China son inversiones realizadas por empresas.”

El Consejo de Estado —el gabinete de China— describió la BRI como “una plataforma importante” para la cooperación internacional en materia de desarrollo, en un libro blanco publicado en 2021. Según ese documento, el país “ha desarrollado modelos de provisión de ayuda con características chinas a través de la práctica sostenida en el tiempo”.

Estos modelos incluyen no solo servicios voluntarios y ayuda humanitaria, sino también la provisión de “proyectos de ayuda completos”, materiales y transferencia técnica, entre otros, explicó el Consejo de Estado.

De acuerdo con el Ministerio de Comercio de China, la “construcción de proyectos de ayuda completos” implica que los socios chinos ejecutan o supervisan la construcción, instalación y producción de equipos o infraestructuras, financiadas por la ayuda exterior china. Entre 2013 y 2018, China completó 423 proyectos de este tipo, según el libro blanco.

Perspectivas futuras

“Las tendencias de pobreza se han agravado tras el Covid; la gobernanza global es un tema en el que debemos trabajar juntos; y la transición verde es un gran desafío”, afirma Mariella Di Ciommo, directora asociada del centro de estudios European Centre for Development Policy Management.

Considera que Europa debe ser “muy creativa” a la hora de colaborar con sus socios en estos temas y aboga por la experimentación.

“China y Occidente tienen ventajas respectivas”, afirma Jiang. “China tiene más experiencia en ofrecer apoyo tecnológico y establecer relaciones comerciales de beneficio mutuo; mientras que Occidente tiene una tradición en la ejecución de proyectos sociales, ambientales y de alivio de la pobreza. Ambos pueden complementarse”, añade.

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En particular, China tiene un papel enorme que desempeñar en el apoyo a la transición energética global, gracias a sus ventajas tecnológicas y de costos.

Por ejemplo, en el Foro de Cooperación China-África de 2024, China lanzó el programa “Cinturón Solar de África”, respaldado por el Instituto de Recursos Mundiales (World Resources Institute). Pekín tiene como objetivo aportar 10,7 millones de libras esterlinas (13,9 millones de dólares) en fondos públicos para proporcionar sistemas solares domésticos a 50.000 hogares africanos entre 2024 y 2027.

Sin embargo, los cambios en la geopolítica han traído nuevos desafíos. Los países ricos han estado recortando sus presupuestos de ayuda exterior, a menudo para priorizar sus propios intereses, como la seguridad nacional. El presidente estadounidense Donald Trump anunció planes para reducir decenas de miles de millones de dólares en ayuda extranjera y cerró la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Muchos países de la Unión Europea, como Francia y los Países Bajos, también han anunciado recortes importantes. En febrero, el Reino Unido anunció que reducirá su gasto en ayuda al 0,3% de su ingreso nacional bruto en 2027, el nivel más bajo desde 1999.

Jiang cree que esta realidad ha llevado a algunos países desarrollados a modificar su visión tradicional sobre la cooperación internacional para el desarrollo.

“Sus presupuestos de ayuda exterior están disminuyendo. Algunos enfrentan inflación, crisis energéticas e incertidumbre en la economía global”, afirma. “Por eso, ahora están más abiertos a la idea de usar la cooperación internacional para el desarrollo como una plataforma para ayudar a que sus empresas crezcan a nivel global.”

Jiang hace un llamado a una mayor cooperación en un mundo cada vez más dividido, impulsado por los esfuerzos de los países occidentales por “reducir riesgos” respecto de China, así como por conflictos internacionales y otros factores.

“Lo que necesita el Sur Global es cooperación global, no que se le obligue a tomar partido”, concluye.

Nota: esta es un artículo republicado del medio «Dialogue Earth» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.

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Galardonada periodista climática independiente que vive en Londres. Anteriormente trabajó como editora de China para Carbon Brief y fue la autora de Carbon Briefing China, que ganó el premio Covering Climate Now en 2021.