El historiador del arte Kinoshita Naoyuki señala que la fotografía no sólo reflejó sino que también contribuyó con los cambios culturales que atravesaron y atraviesan a Japón desde finales del período Edo, “creando nuevas imágenes y perspectivas que ayudaron a definir la identidad de Japón tanto ante los ojos de su propio pueblo como los del mundo”. ¿De qué forma fue la práctica fotográfica partícipe y reflejo de estos grandes cambios sociohistóricos? A continuación se ofrece la primera parte de este breve repaso por la historia de su desarrollo en Japón.
Los primeros contactos con la fotografía
Existe un debate en torno a cuándo se sacó y cuál fue la primera fotografía de la historia, pero lo cierto es que el procedimiento del daguerrotipo fue presentado ante la sociedad en París en el año 1839. Por aquella época, Japón atravesaba el período Edo y el denominado sakoku, una política de relativo aislamiento que llevaba adelante el shogunato por la cual no se permitía el contacto con individuos de casi ningún país del mundo.
Fue a través de un navío holandés (Holanda era una de las pocas naciones que tenía permitido relacionarse económicamente con Japón) que, en 1848 y a través del puerto de Nagasaki, una cámara de daguerrotipos ingresó por primera vez al país. Unos años después, en 1853 se produjo el desembarco de la flota de buques de guerra estadounidenses del Comodoro Matthew C. Perry en tierras niponas, con el objetivo de exigir la apertura comercial de Japón y la firma de tratados entre ambas naciones.
Fue en el contexto de la segunda misión del Comodoro Perry, en 1854, cuando la primera fotografía fue tomada en Japón por el fotógrafo Eliphalet Brown Jr. Se cree que la primera fotografía tomada por un japonés fue el retrato del daimyô de Satsuma que realizó Ichiki Shirô en 1857.
Las primeras representaciones fotográficas del Japón
Con la apertura de nuevos puertos al comercio internacional ocurrida en 1859 se dio la llegada al país de numerosos extranjeros, entre ellos fotógrafos europeos y norteamericanos que no sólo establecieron los primeros estudios fotográficos sino que también entrenaron a la que luego sería la primera generación de fotógrafos autóctonos.
Cabe mencionar a figuras como Felice Beato (que destaca por sus registros fotográficos de diversos países de Asia y de hechos históricos significativos como la Rebelión de la India de 1857 o la Segunda Guerra del Opio en China) o Baron Raimund von Stillfried, William Saunders o Charles Parker, entre otros.

Estas primeras representaciones fotográficas del Japón eran imágenes realizadas por occidentales y pensadas, a su vez, para un público occidental, por lo que estaban marcadas por el exotismo y la reproducción y producción de estereotipos orientalistas. La fotografía de “costumbres y modales” de los japoneses (que se caracterizaban por ilustrar, a través de puestas en escena estereotípicas en extremo, acciones como dormir, beber sake o realizar un harakiri) así como las vistas de paisajes y monumentos y el registro de hechos noticiosos, tenían un gran valor en el mercado internacional (especialmente debido a que el acceso que los occidentales habían tenido a Japón había sido tardío si se lo compara con territorios considerados “exóticos”, como China o India).
El corpus de imágenes realizadas durante el período suele ser conocido como Yokohama-shashin (fotografías de Yokohama, así denominadas debido a que la mayor parte de los fotógrafos se encontraban en esa ciudad-puerto), género que retomarían, a su vez, los primeros fotógrafos japoneses como Shimooka Renjô, Ueno Hikoma o Kusakabe Kimbei.
Las fotografías de Yokohama se caracterizaban por estar pintadas a color de forma manual, y por formar parte, en general, de lujosos álbumes de fotos que se vendían a los viajeros que visitaban Japón (a veces se incluían retratos de estos extranjeros vestidos de kimono o armaduras) o se exportaban a Europa y Estados Unidos.
Desarrollo de la industria fotográfica
Si bien en un comienzo las prácticas fotográficas se habían visto limitadas a llevarse a cabo en los tres puertos establecidos para el comercio exterior, con la llegada de la era Meiji en 1868 los establecimientos que se dedicaban a estas prácticas comenzaron a multiplicarse a lo largo de todo el país.
Además de los usos anteriormente mencionados de la fotografía, deben mencionarse los registros documentales que requería el gobierno de las tareas de modernización que se estaban llevando a cabo en todo el país y del establecimiento de asentamientos en territorios como Hokkaidô (estas imágenes servían tanto para reportar al gobierno sobre el progreso de las tareas que ahí se llevaban como para informar al pueblo japonés sobre los esfuerzos del gobierno), la catalogación de los tesoros culturales japoneses, así como la creciente demanda, por parte de la población, de fotógrafos especializados en hacer retratos. Así, hacia 1870, la cantidad de estudios de fotografía comercial había aumentado exponencialmente, y las aplicaciones de la fotografía se habían expandido notablemente.

A esto debe sumarse la introducción, en reemplazo del colodión húmedo, de la placa seca en la fotografía hacia el 1880, hecho que permitiría abaratar costos y facilitar la técnica, permitiendo ampliar considerablemente el número de personas que podían dedicarse a la fotografía. Sin embargo, no sería hasta la década de 1890 cuando aparecería lo que hoy denominamos fotografía artística.
Es fotógrafa, técnica en Lengua y Cultura Japonesa y diplomada en Investigación y Conservación Fotográfica Documental. Su obra ha sido expuesta de forma individual y colectiva en Argentina, México, Estados Unidos, España y Japón. Ha publicado dos fotolibros, "Éter" y "Los sueños". Vive y trabaja en Buenos Aires.














