Provoke: una publicación de fotografía japonesa de los ‘60 cuya estética sigue vigente

provoke

En el universo de la fotografía japonesa, la revista Provoke ocupa, sin lugar a dudas, un lugar excepcional. Allí publicaron, hacia finales de la década de 1960, reconocidos artistas y pensadores cuyos trabajos, sumamente disruptivos por su novedosa estética y trasfondo existencialista, impactaron y siguen impactando a generaciones de fotógrafos.

La ya legendaria revista de fotografía japonesa Provoke solo contó con tres números y fue publicada entre 1968 y 1969. En ella apareció el trabajo de los fotógrafos y críticos Nakahira Takuma y Taki Kôji, el escritor Okada Takahiko, y los fotógrafos Takanashi Yutaka y Moriyama Daidô. Si bien su existencia fue casi fugaz, su profundo efecto en la fotografía japonesa -e incluso mundial-, se percibe hasta el día de hoy. 

provoke
El reconocido fotógrafo Moriyama Daidô, miembro de Provoke, frente a su obra “Perro callejero”. Fuente: Wikimedia Commons.

 En el manifiesto que acompaña el primer número de Provoke se afirma que “el lenguaje pierde sus referentes concretos —en otras palabras, su realidad— para flotar en el espacio. Como fotógrafos, debemos capturar con nuestra propia mirada los fragmentos de esta realidad que ya no puede ser aprehendida por el lenguaje y debemos producir activamente materiales visuales capaces de suscitar (un nuevo) lenguaje e ideas”. En este marco, cabe preguntarse cuál era esa realidad que fotógrafos como Moriyama Daidô, Takanashi Yutaka y Nakahira Takuma buscaban aprehender de un nuevo modo, rompiendo con las tradiciones fotográficas existentes hasta ese momento, y qué elementos caracterizaron la producción de estos artistas

Un tiempo de rápido crecimiento económico y agitación social 

El denominado “milagro económico japonés”, que tuvo lugar entre las décadas de los ‘50 y ‘70, hizo disminuir la pobreza que había marcado a la posguerra y permitió el desarrollo de una sociedad de masas y de consumo. Sin embargo, como explica el sociólogo japones Oguma Eiji, durante estos años también se dieron hechos conflictivos como la ratificación del controversial Tratado de Seguridad entre Estados Unidos y Japón (conocido como Anpo) en 1960, y fenómenos como el desarraigo que sufrían los individuos a partir de la masiva migración hacia las grandes ciudades, la feroz competencia académica entre los estudiantes para ingresar a las universidades, las crisis existenciales y la sensación de alienación que experimentaban quienes vivían el pasaje entre el antiguo y el nuevo Japón, y la consecuente aparición de discursos críticos hacia el capitalismo y la modernización. 

provoke

Todo esto derivó en fenómenos como el denominado ‘68 japonés, una ola de levantamientos estudiantiles que se caracterizó por la toma de universidades y los enfrentamientos contra la policía, o la lucha de Sanrizuka, entre los habitantes y agricultores de esa población junto con grupos de izquierda y en contra del gobierno japonés por la construcción del Aeropuerto de Narita. 

En simultáneo, en el ámbito de la cultura, se observa el desarrollo de un movimiento artístico contracultural en el que se inscriben, entre otros, las tendencias de Anti-Arte (Han-geijutsu) y No-Arte (Hi-geijutsu), el cine de la llamada Nouvelle vague japonesa y de otras corrientes vanguardistas, el teatro experimental, el Butoh, y colectivos y movimientos fotográficos como VIVO y Provoke

La búsqueda estética e ideológica de Provoke 

Es en este contexto de agitación social y experimentaciones artísticas en el que se inscribe la aparición de la revista Provoke. Las fotografías que allí fueron publicadas rompían con el fotorrealismo que se había consolidado en el país desde la década del ‘50, movimiento que había buscado confrontar directamente con la dura realidad del Japón de la posguerra temprana. 

Como explica el fotógrafo y escritor Iizawa Kôtarô, los miembros de Provoke declararon que no aceptarían el marco de sentido y pensamiento recibido (lo que denominaban “el mundo de la pseudo certeza”), y con su estilo “are, bure, bokeh” (“áspero, borroso, desenfocado”) y sus imágenes fragmentadas demolieron por completo la estética y la gramática establecidas de la fotografía. Sus imágenes, marcadas por su alto contraste, encuadres “sueltos” y desconcertantes ángulos oblicuos, están cargadas de una emocionalidad y un conceptualismo que trascienden las búsquedas más “objetivas” del fotoperiodismo y el fotorrealismo. 

También se percibe en ellas rastros del existencialismo que atravesaba a la juventud nipona de aquella época, un espíritu de rebeldía e inconformidad ante los nuevos valores de la sociedad japonesa, así como una sensación de incertidumbre ante la velocidad de los cambios que vivía ese país. En este sentido, el pensador Taki Kôji expresaba que “ni el ‘lenguaje’ ni la ‘fotografía’ podrán alcanzar el objetivo (…) de resistirse al mundo del statu quo -un mundo que se ha convertido en un cascarón- a menos que se nieguen a vivir en paz en ese mundo que, por otra parte, parece absolutamente cierto”. 

Varios artistas de Provoke, sin embargo, lamentaron que la búsqueda estética de las obras que allí se publicaban se terminara convirtiendo en un modelo imitable, malinterpretado y apropiado por el mundo comercial, algo que de hecho ocurrió con numerosas manifestaciones artísticas experimentales de los ‘60. Y es que la estética del “are, bure, bokeh” sigue siendo utilizada ampliamente hoy en día, pero no para intentar significar el espíritu de rebeldía ante las contradicciones y desigualdades,  como lo hacían estos artistas frente a la realidad del Japón de la posguerra, sino como un mero gusto estilístico. 

Más allá de eso, es innegable que la ruptura que generó Provoke en el lenguaje fotográfico tradicional sigue teniendo repercusiones hasta el día de hoy, y que la publicación, que originalmente sólo tuvo una tirada de mil ejemplares por número, constituye un documento histórico ineludible si se pretende comprender lo que atravesaba la sociedad japonesa de la década de los ‘60. 

+ posts

Es fotógrafa, técnica en Lengua y Cultura Japonesa y diplomada en Investigación y Conservación Fotográfica Documental. Su obra ha sido expuesta de forma individual y colectiva en Argentina, México, Estados Unidos, España y Japón. Ha publicado dos fotolibros, "Éter" y "Los sueños". Vive y trabaja en Buenos Aires.

Buscá en Reporte Asia