El historiador del arte Kinoshita Naoyuki señala que la fotografía no sólo reflejó sino que también contribuyó con los cambios culturales que atravesaron y atraviesan a Japón desde finales del período Edo, “creando nuevas imágenes y perspectivas que ayudaron a definir la identidad de Japón tanto ante los ojos de su propio pueblo como los del mundo”. ¿De qué forma fue la práctica fotográfica partícipe y reflejo de estos grandes cambios sociohistóricos? A continuación, se ofrece la segunda parte de este breve repaso por la historia de su desarrollo en Japón publicado en ReporteAsia.
El desarrollo de la fotografía artística: el pictorialismo japonés
Desde la aparición de la fotografía, su estatus y sus usos fueron fuertemente debatidos. Había quienes consideraban que nunca podría acceder a poder ser considerada un arte, que su carácter era meramente documental, de registro mimético de la realidad, mientras que otros exploraban de qué maneras emplearla como un medio de expresión individual y artística.
La fotografía como arte surgió como un género en Europa durante la década de 1850, pero se consolidó hacia 1880 con el movimiento del pictorialismo, que se caracterizó por el uso del desenfoque y de pigmentos, y la idealización y refinamiento de temas y géneros como retratos, paisajes, mitología, historia, naturalezas muertas, etc.

El impulso de la “Exhibición de fotografía extranjera” de 1893
En Japón, como vimos anteriormente, el reemplazo del colodión húmedo por la placa seca hacia 1880 había permitido que un mayor número de personas pudieran dedicarse a la fotografía, y hacia la década de 1890 se habían establecido numerosas revistas y asociaciones, y realizado exhibiciones fotográficas.
Una de estas fue la “Exhibición de fotografía extranjera” de 1893, en la que se expusieron 296 fotografías pictorialistas. Esta muestra tuvo importantes repercusiones entre los fotógrafos japoneses, puesto que introdujo el pictorialismo en Japón.

La influencia del “Suibokuga”
Con figuras como Kurokawa Suizan, Fukuhara Rosô, Umesaka Ôri, Nojima Yasuzô, Fukumori Hakuyô, Fukuhara Shinzô o Takayama Masataka, este movimiento se caracterizó por el uso de las mismas técnicas que se utilizaban en Europa y en Estados Unidos, pero también por la predilección (en un primer momento) por los paisajes naturales, especialmente del campo y las montañas.
Hay quienes consideran que esto se debe a que en Japón existía la tradición pictórica del suibokuga, la pintura monocromática con tinta negra, en la que se representaban estos tipos de paisajes. Posteriormente, el pictorialismo japonés también abarcaría los retratos y las naturalezas muertas.
La difusión de la fotografía que había comenzado a darse durante la segunda mitad del período Meiji (1868-1912) se aceleró con la aparición de modelos de cámaras pequeñas y portátiles y la transición del uso de la placa seca a la película, que permitieron la popularización masiva que se dio durante los años del período Taishô (1912-1926). Eventualmente, la fotografía artística pasó de ser un “hobby intelectual” que sólo podían permitirse unos pocos a una actividad de la población urbana.

La fotografía modernista japonesa
En el ámbito de la expresión fotográfica japonesa, suele considerarse que entre 1924 y el fin de la Segunda Guerra Mundial se desarrolló lo que se conoce como el modernismo, un movimiento que rechazó la estética pictorialista y buscó explorar otros modos de representación.
En el marco del modernismo fotográfico japonés se desarrollaron la “nueva fotografía” (shinkô shashin, una corriente experimental influenciada por la “nueva objetividad” alemana) y la fotografía avant-garde (zen’ei shashin). Durante estos años, también se desarrolló notablemente el fotoperiodismo.
La “nueva fotografía” (1924 – comienzos de los años ‘30) se caracterizó por seguir tendencias que se estaban desarrollando en Europa, como el uso de fotogramas, fotomontajes, la incorporación de tipografías en las imágenes, las exposiciones múltiples, la solarización, etc.. Algunos de los fotógrafos que participaron de esta corriente fueron Nojima Yasuzô, Kimura Ihee, Nakayama Iwata, Horino Masao y Hanaya Kambei.

Búsqueda de objetividad y exploración de subjetividad
En cuanto a la fotografía avant-garde (fines de la década de 1930), los fotógrafos que se inclinaron por esta vertiente fueron fuertemente influenciados por el surrealismo europeo, y como éste exploraron el mundo de los sueños y las ilusiones a través de montajes y otras técnicas. Hirai Terushichi, Hanawa Gingo, Abe Yoshifumi, Sakata Minoru, Shimozato Yoshio y Hisano Hisashi fueron algunas de las figuras del zen’ei shashin.
Al analizar la diversidad en la producción que se dio durante este período, se observa una suerte de oscilación entre una búsqueda de objetividad (por parte, por ejemplo, del fotoperiodismo) y la exploración de la subjetividad en la representación fotográfica, pero debe señalarse que el creciente militarismo del Imperio Japonés eventualmente generó un clima de control ideológico que, hacia 1940, había limitado notablemente las exploraciones modernistas de los artistas, exigiendo en su lugar obras que funcionaran como propaganda gubernamental y respondieran a su ideología.

En este sentido, además de las fotografías que se tomaban de los diferentes conflictos armados en los que participaba Japón, durante esta época se desarrolló un tipo de fotografía que buscaba documentar la arquitectura japonesa tradicional y diferentes elementos folklóricos del país.
Así, los fotógrafos que se dedicaban a este tipo de registros participaban en la construcción de una mitología nacionalista acorde a la ideología estatal imperante en aquella época, en muchos casos dejando en un segundo plano su expresión individual y sus exploraciones artísticas.
Es fotógrafa, técnica en Lengua y Cultura Japonesa y diplomada en Investigación y Conservación Fotográfica Documental. Su obra ha sido expuesta de forma individual y colectiva en Argentina, México, Estados Unidos, España y Japón. Ha publicado dos fotolibros, "Éter" y "Los sueños". Vive y trabaja en Buenos Aires.














