Cuando el yen se mueve tan rápido, el mercado empieza a mirar al Gobierno de Japón. Eso fue exactamente lo que pasó este jueves en Nueva York: la moneda japonesa se disparó hasta 2% frente al dólar, su mayor avance intradía desde abril, y encendió las alarmas sobre una posible intervención oficial para frenar su debilidad estructural.
El movimiento no fue menor. El dólar llegó a caer hasta 3%, tocando los 158,34 yenes, después de haber marcado esta misma semana un máximo de 40 años cerca de los 164. La apreciación se sintió también contra el euro, la libra esterlina y el dólar australiano, todos con subas superiores al 2% frente al yen en cuestión de minutos.
Lo llamativo es que el salto se dio sin ningún catalizador económico evidente, lo que para los analistas es la señal más clara de que no se trató de un movimiento orgánico del mercado. «Es difícil imaginar algo distinto a una intervención cambiaria provocando una caída de hasta 5 yenes en un lapso tan corto», explicó Daisaku Ueno, estratega jefe de FX en Mitsubishi UFJ Morgan Stanley Securities. Según trascendió, bancos japoneses e internacionales habrían sido vendedores agresivos de dólares en ese tramo.
El timing tampoco es casual. El repunte se produjo horas antes de que el Banco de Japón (BoJ) diera a conocer su decisión sobre la tasa de referencia, fijada actualmente en 1%. Si efectivamente hubo intervención, la apuesta habría sido sorprender al mercado antes de la reunión, en lugar de esperar a después, como muchos preveían.

No sería la primera vez este año. El Gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi y el BoJ ya habían intervenido entre abril y mayo, con compras de yenes por 11,73 billones de yenes (unos 63.000 millones de euros) según el Ministerio de Finanzas. El efecto, sin embargo, fue efímero: la moneda recuperó terreno hasta los 155 por dólar a comienzos de mayo, pero luego retomó la tendencia bajista hasta los mínimos de cuatro décadas de esta semana.
La debilidad del yen viene golpeando directamente el costo de vida en Japón, vía importaciones más caras de energía y alimentos, algo que el propio Gobierno reconoció como un problema económico de fondo. En ese contexto se sumó una voz inesperada: el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Scott Bessent, afirmó en Fox Business que la moneda japonesa «debería fortalecerse» y que la volatilidad excesiva «no es saludable», un respaldo tácito a una eventual intervención de Tokio.
Reuters no pudo confirmar de manera oficial la intervención, pero el tamaño del movimiento y los volúmenes de negociación —muy por encima de lo habitual— refuerzan las sospechas. La duda que queda flotando es si esta vez el efecto será más duradero que en abril, en un escenario donde persiste la expectativa de una suba de tasas de la Fed en septiembre y la demanda de dólares como refugio sigue firme.













