¿Qué ven Bank of America y Morgan Stanley sobre la crisis en Venezuela?

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El reciente cambio de mando en Venezuela, tras la captura de Nicolás Maduro, ha generado una reevaluación inmediata de los mercados energéticos y financieros globales que analizan como seguir con esta crisis en el país sudamericano. Tanto Bank of America como Morgan Stanley coinciden en que Venezuela entra en una fase de transición crítica con el potencial de reconfigurar la oferta petrolera mundial, aunque advierten que la reconstrucción de la industria enfrentará desafíos logísticos y legales significativos. Mientras Morgan Stanley se enfoca en el impacto sobre las refinerías y productoras estadounidenses, BofA analiza los escenarios de recuperación de la producción y las implicaciones para la deuda soberana.

Venezuela cerró 2025 produciendo aproximadamente 900,000 barriles por día (kb/d), una cifra que palidece frente a los 3.5 millones alcanzados a finales de los años 90. Bank of America estima que el potencial de recuperación es amplio: en un escenario intermedio de transición exitosa, la producción podría escalar a un rango de entre 1.75 y 2 millones de barriles diarios en un periodo de cinco años. Sin embargo, Morgan Stanley advierte que el impacto inmediato en el suministro será limitado, calculando un retorno inicial de apenas 200,000 barriles que se perdieron recientemente debido al bloqueo estadounidense previo a la captura de Maduro.

Ganadores y perdedores en el nuevo tablero energético

La transición venezolana proyecta un escenario de beneficios claros para las refinerías de la costa del Golfo de Estados Unidos, diseñadas específicamente para procesar el crudo pesado venezolano. Morgan Stanley identifica a Valero y Marathon Petroleum como los principales beneficiarios de un mejor acceso a este tipo de crudo. En contraste, los productores de arenas bituminosas de Canadá enfrentarían vientos en contra, ya que su producto compite directamente con el venezolano, lo que podría ampliar los descuentos de precios en el mercado norteamericano.

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Dentro del sector de producción, Chevron y ConocoPhillips destacan como las empresas mejor posicionadas para capitalizar el cambio de régimen. Chevron ya posee una infraestructura operativa significativa en el país, mientras que ConocoPhillips mantiene reclamos legales por expropiaciones pasadas que superan los 10,000 millones de dólares, los cuales podrían resolverse bajo una nueva administración alineada con los intereses de Washington. Asimismo, empresas de servicios petroleros como Halliburton y SLB podrían recuperar cuentas por cobrar estimadas en cientos de millones de dólares y beneficiarse de los contratos de reparación de infraestructura que BofA valora en al menos 12,000 millones de dólares.

El desafío de la deuda y la reconstrucción económica

Bank of America anticipa un aumento en el valor de los bonos venezolanos ante la mayor probabilidad de una reestructuración de la deuda en cese de pagos (default). No obstante, el proceso de renegociación será largo y complejo. Las dudas persisten sobre si el nuevo gobierno priorizará la inversión en la industria petrolera o el pago a los acreedores internacionales. Además, el informe de BofA señala que, si bien la recuperación inicial puede ser rápida aprovechando pozos existentes, el crecimiento a largo plazo requerirá una estabilidad institucional que Venezuela no ha tenido en décadas.

Por su parte, Morgan Stanley enfatiza que el regreso masivo de capital estadounidense dependerá de la flexibilización total de las sanciones. El presidente Donald Trump ha instado a las petroleras de EE. UU. a liderar la reconstrucción, pero el Departamento de Estado ha dejado claro que la permanencia de las tropas y el apoyo financiero estarán condicionados a una transición «adecuada» y alineada con los intereses estratégicos de Estados Unidos. La situación actual sugiere que, aunque el potencial es enorme, el camino hacia una Venezuela como potencia petrolera estable dependerá más de los acuerdos políticos en Washington y Nueva York que de la mera capacidad geológica del país.

El éxito de la hoja de ruta planteada por Wall Street depende de una estabilidad institucional que Venezuela no ha conocido en décadas. Bank of America advierte que, a pesar del entusiasmo inicial de los mercados, existe un riesgo elevado de «cuellos de botella» operativos debido al deterioro acumulado de la infraestructura no petrolera, como la red eléctrica nacional y los sistemas de suministro de agua, fundamentales para sostener la actividad industrial. Sin una recuperación integral de estos servicios básicos, cualquier intento de escalar la producción de crudo se topará con límites físicos insalvables. Además, Morgan Stanley subraya que la convivencia de una administración de transición con la presencia de fuerzas externas añade una capa de incertidumbre política que podría retrasar las decisiones de inversión de capital a gran escala (CAPEX) hasta que se defina un marco legal definitivo y duradero.

En el ámbito social, la transición plantea una encrucijada sobre el destino de los ingresos futuros. Mientras que los tenedores de bonos esperan el inicio de una reestructuración de la deuda, la realidad humanitaria del país exigirá una inyección inmediata de recursos en salud y alimentación para estabilizar a la población. Bank of America sugiere que la velocidad de la recuperación económica no dependerá únicamente de cuánto petróleo se logre extraer, sino de la capacidad del nuevo mando para gestionar las expectativas de una sociedad agotada por años de crisis. Si los beneficios de la renovada inversión extranjera no se perciben rápidamente en el consumo doméstico y el bienestar social, el riesgo de inestabilidad política interna podría comprometer los ambiciosos planes de producción y reparación que hoy proyectan las grandes firmas financieras.

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Periodista. Colaborador Junior en ReporteAsia.