Al pensar en los movimientos de resistencia en Myanmar, muchos se imaginan el frente de batalla: jóvenes en las calles, grupos armados en la selva, voces que se alzan en protesta. Pero la resistencia también puede ser silenciosa. Se manifiesta en la sanación, en el cuidado de los demás, en la creación de espacios para la resiliencia. Estos actos cotidianos de valentía son revolucionarios.
Lucas se encuentra entre quienes promueven la resistencia a través de la sanación.
“La sanación nos protege de enfrentarnos unos contra otros, de dejarnos llevar por el miedo, y en cambio construye una fortaleza que perdura incluso cuando el mundo parece desmoronarse”, afirma.
La vida antes del golpe de Estado
Nacido y criado en Mandalay, Myanmar, como el menor de cinco hermanos, Lucas estudió microbiología en la Universidad de Yadanabon antes de hacerse cargo del negocio familiar de producción de caucho.
En su juventud soñó con representar a Myanmar como tenista. «Recuerdo haber visto los Juegos Olímpicos en una cafetería con mi padre y ver a un medallista de oro llorar en el podio. Quería sentir ese mismo orgullo algún día», recuerda.
Años de entrenamiento disciplinado terminaron en decepción cuando la corrupción sistémica y el amiguismo truncaron su sueño, una temprana lección de resiliencia y de cómo encontrar nuevas formas de mantenerse firme.
Consecuencias del golpe de Estado
El golpe de Estado de febrero de 2021 en Myanmar desencadenó un efecto dominó que hizo añicos todo lo que le era familiar. La economía se derrumbó, obligándolo a abandonar el negocio al que había dedicado su vida. A esto se sumaron pérdidas personales: la muerte de su madre, seguida de los planes de su padre de volver a casarse, dejando a Lucas a la deriva, sin los pilares que lo mantenían en Mandalay.
En 2022, Lucas tomó la dolorosa decisión de abandonar Myanmar, cargando consigo tanto esperanza como desolación.
“Pasé de dirigir mi propio negocio a trabajar en empleos manuales en un país donde ni siquiera hablaba el idioma. Fue una lección de humildad, pero también fue muy solitario”, dice en voz baja.
Esa soledad lo sumió en una profunda angustia mental, pero también le inspiró una idea.
El nacimiento del canal de YouTube Saite
Muchos jóvenes exiliados, incluido Lucas, imaginaban que dejar Myanmar representaba un nuevo comienzo. Pero la realidad trajo consigo sombras invisibles de culpa, soledad y el peso de estar lejos de casa. En medio de esta lucha, Lucas se sinceró con un amigo psicólogo. Juntos, se percataron de una grave carencia: las comunidades de Myanmar contaban con recursos de salud mental muy escasos y el estigma seguía muy arraigado.
De esa idea surgió Saite . Lanzado en octubre de 2022, el canal cuenta ahora con casi 9000 suscriptores y se dedica a la sensibilización sobre la salud mental para quienes lidian con dificultades en este ámbito. Apoya a los jóvenes en su camino hacia el bienestar mental, ofrece estrategias prácticas para afrontar los problemas y fomenta la resiliencia que impulsa el cambio.
“Nuestro lema siempre ha sido trabajar con lo que tenemos, no centrarnos en lo que nos falta”, explica Lucas.
Sin ordenador portátil, Lucas creó los primeros vídeos animados de Saite íntegramente con su teléfono móvil, una prueba del espíritu del canal: trabajar con lo que se tiene.
Mirando hacia el futuro: La sanación como fortaleza
La trayectoria de Lucas demuestra que la resistencia no siempre es ruidosa. Puede ser silenciosa, persistente y profundamente humana. A través de Saite, ha transformado sus luchas en un espacio donde otros pueden encontrar guía, herramientas y esperanza.
Existe apoyo disponible para quienes enfrentan desafíos similares. Exile Hub ofrece servicios de apoyo psicosocial y de salud mental (MHPSS) y conecta a las personas con profesionales capacitados que pueden escuchar, orientar y brindar atención.
Al final, Lucas nos recuerda que la sanación es parte de la resistencia: “La sanación nos protege de enfrentarnos unos contra otros… construye una fortaleza que perdura, incluso cuando el mundo parece desmoronarse”. Al cuidarnos a nosotros mismos y a los demás, construimos la resiliencia que sostiene a las comunidades y, en última instancia, la revolución misma.
Nota: esta es un artículo republicado del medio «Global Voices» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.
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