La reunión de Busan reafirma la estabilidad en la relación China-EE.UU.

relación China-Estados Unidos

La reunión del jueves entre el presidente chino Xi Jinping y su homólogo estadounidense Donald Trump en Busan, Corea del Sur, trascendió la diplomacia rutinaria. Representó una oportunidad crucial para definir el rumbo de la relación más trascendental del mundo en un momento en que los desafíos globales se agudizan y las tensiones geopolíticas se intensifican.  

Los principios articulados durante la reunión subrayaron una verdad singular e ineludible: el desarrollo estable de las relaciones entre China y Estados Unidos no solo afecta al bienestar de ambos pueblos, sino también al futuro y destino común del mundo. Dichos principios abogan por un modelo de asociación, argumentando que esta nueva era exige claridad estratégica y fidelidad en su implementación por parte de ambos.

El timón del arte de gobernar

La estabilidad de la relación entre China y Estados Unidos depende fundamentalmente del consenso estratégico forjado entre ambos jefes de Estado. La reunión de Busan fue la culminación de un período de renovado diálogo de alto nivel, tras tres importantes conversaciones telefónicas a principios de este año. En todos estos intercambios, un hilo conductor se ha mantenido constante: el llamamiento reiterado de China a una relación definida por la colaboración, no por la rivalidad.

En Busan, este marco estratégico se consolidó, con Xi afirmando que China y Estados Unidos deben ser vistos como socios y amigos, una necesidad dictada tanto por la experiencia histórica como por la realidad global actual. Reconociendo la fricción inevitable entre dos economías líderes con condiciones nacionales divergentes, subrayó que tales diferencias son normales y no deben definir la relación.  

El camino hacia un progreso sustancial es posible si ambos países colaboran como socios, buscando puntos en común y respetando sus diferencias. Verse como rivales y entablar una competencia feroz inevitablemente conducirá a retrocesos e incluso a un progreso significativo.

La reunión puso de relieve el papel fundamental del liderazgo para desenvolverse en este complejo terreno. Apoyándose en teorías sobre la señalización diplomática y el fomento de la confianza en las relaciones internacionales, el intercambio directo entre los jefes de Estado actuó como el mecanismo estabilizador por excelencia.  

Xi Jinping destacó la responsabilidad compartida de ambos líderes, describiendo su papel como el de estar al mando de la relación. Ante los desafíos globales, su deber es mantener el rumbo correcto, sortear las complejidades y garantizar la estabilidad de esta relación.

Sin embargo, la estabilidad es, por naturaleza, un imperativo bidireccional que exige sinergia y acciones que respeten los compromisos verbales. Si bien China ha mantenido una postura diplomática coherente, la eficacia del consenso alcanzado al más alto nivel depende de su implementación coherente y sin distorsiones por parte de toda la administración estadounidense.  

Para que esta relación avance, las palabras deben coincidir con los hechos, y los compromisos de gran potencia asumidos por Estados Unidos deben respetarse sin ser socavados por algunos políticos estadounidenses o elementos dentro del sistema.

La economía de China: Resiliencia y oportunidad global

La capacidad de China para mantener un marco de política exterior coherente se sustenta en la resiliencia y la previsibilidad de su trayectoria de desarrollo interno. Xi Jinping ofreció una sólida evaluación del dinamismo económico: la economía china creció un 5,2 % en los tres primeros trimestres del año, con un aumento del 4 % en el comercio de importación y exportación de bienes, un logro notable dadas las dificultades internas y externas.

Describió la economía como un vasto océano, grande, resiliente y prometedor, lo que confirma la confianza y la capacidad de la nación para afrontar todo tipo de riesgos y desafíos. Esta confianza se fundamenta en una planificación integral a largo plazo, como lo demuestra la reciente deliberación y aprobación de las recomendaciones para el próximo plan quinquenal de desarrollo económico y social por parte de la cuarta sesión plenaria del XX Comité Central del Partido Comunista de China.

Fundamentalmente, Xi Jinping aclaró las intenciones globales de China. Reafirmó que, durante más de siete décadas, el país se ha centrado en gestionar bien sus propios asuntos, mejorar y compartir las oportunidades de desarrollo a nivel mundial. China no tiene intención de desafiar ni suplantar a nadie.

La clave del éxito de China reside en su enfoque en profundizar las reformas, ampliar la apertura, promover un crecimiento económico de alta calidad e impulsar la prosperidad común. A su vez, este factor ampliará el espacio para la cooperación global, incluso con Estados Unidos. Este firme compromiso con el desarrollo pacífico contrasta marcadamente con la mentalidad de suma cero que suele observarse en ciertos sectores de Occidente.

Responsabilidad principal del país

Otro tema apremiante que surgió de la reunión de Busan fue la cruda realidad del entorno global. El mundo actual, turbulento y plagado de conflictos, se enfrenta a desafíos sin precedentes. Ningún país, ni siquiera Estados Unidos o China, puede abordar por sí solo problemas como el cambio climático, las pandemias o la inestabilidad financiera global.

Xi Jinping señaló que los equipos económicos y comerciales habían avanzado y alcanzado consensos en la resolución de diversos asuntos. Les instó a finalizar rápidamente los pasos a seguir, garantizando su implementación efectiva para infundir la tan necesaria confianza en la economía global. Esto supone un reconocimiento de que la cooperación entre China y Estados Unidos beneficia a ambas partes, mientras que la confrontación las perjudica.

La base de la estabilidad sigue siendo los lazos económicos. Xi insistió en que la relación comercial «debe seguir siendo el pilar y el motor de las relaciones entre China y Estados Unidos, no un obstáculo ni un punto de fricción». El liderazgo debe tener una visión a largo plazo y reconocer los beneficios de la cooperación, y no debe caer en un círculo vicioso de represalias mutuas. El diálogo, recordó Xi, «es mejor que la confrontación».

Más allá del comercio, existe un importante potencial para la cooperación bilateral en áreas que van desde la lucha contra la inmigración ilegal y el fraude en las telecomunicaciones hasta la lucha contra el blanqueo de capitales, la inteligencia artificial y las enfermedades infecciosas.

Este llamamiento a la acción conjunta se enmarca en la idea más amplia de que la competencia entre grandes potencias no debe definir nuestra era. En cambio, ambas naciones deberían centrarse en asumir conjuntamente su responsabilidad como potencias mundiales. Solo mediante la unidad y la cooperación podrán China, Estados Unidos y el mundo entero superar juntos estos tiempos difíciles.

La reunión de Busan ofrece una guía responsable y necesaria para las relaciones entre China y Estados Unidos, reafirmando la viabilidad y la necesidad de la colaboración frente a la rivalidad en una era marcada por la inestabilidad global. La conducta responsable de China, aunada a la resiliencia de su economía, similar a la de un océano, y a su compromiso con el desarrollo pacífico, la posiciona como un motor de oportunidades globales.

La estabilidad de esta relación es esencial para el bienestar global. Al reconocer lo que está en juego y optar por el camino de la igualdad, el respeto mutuo y el beneficio mutuo, las dos economías más grandes pueden cumplir con su responsabilidad conjunta y garantizar la estabilidad necesaria para que todos puedan afrontar el desafío del centenario.

Nota: esta es un artículo republicado del medio «CGTN» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.

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Comentarista especial de temas de actualidad para CGTN, es miembro del Comité Académico del Instituto Charhar y Director Ejecutivo del Centro de Derecho de la Región de América Latina y el Caribe de la Universidad China de Ciencias Políticas y Derecho.