Los aranceles de Trump le ofrecen a China una oportunidad que cabalga sobre un viento peligroso

Trump

El miércoles, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, declaró el “Día de la Liberación” para su país al iniciar una guerra comercial a escala global. Para el resto del mundo, fue un día marcado por la ira, la frustración y el desencanto.

China, calificada por Trump como uno de “los peores infractores”, fue el país más golpeado en un momento en que su economía atraviesa dificultades. El Ministerio de Comercio expresó de inmediato su oposición y prometió implementar contramedidas para salvaguardar los derechos e intereses de China.

Sin embargo, Pekín debería ver las medidas extremas de Trump como una oportunidad. Aunque los aranceles representan un golpe a corto plazo para la economía china, estas medidas podrían actuar como un catalizador para que China aumente el estímulo interno y dé pasos decisivos para estrechar lazos comerciales y económicos con sus principales socios comerciales.

En el anuncio, Trump impuso un arancel “recíproco” del 34 por ciento sobre los productos chinos, además del 20 por ciento previamente aplicado debido al supuesto fracaso de Pekín en frenar el flujo de materias primas para la fabricación de fentanilo hacia Estados Unidos.

Además, eliminó las exenciones de aranceles para las exportaciones chinas en pequeños paquetes, que ascendían a entre 30.000 y 50.000 millones de dólares anuales.

Como consecuencia, las exportaciones de China —uno de los principales motores de su crecimiento económico— están encaminadas a una fuerte caída.

Larry Hu, economista jefe para China del banco de inversión Macquarie, estimó que los últimos aranceles de Trump podrían reducir las exportaciones chinas en 15 puntos porcentuales y el crecimiento del producto bruto interno (PBI) en entre 2 y 2,5 puntos porcentuales.

Tras la primera guerra comercial de Trump contra China en 2018, muchos fabricantes chinos comenzaron a trasladar parte de sus operaciones a países del sudeste asiático y América Latina, incluidos Vietnam y Brasil, para eludir los aranceles estadounidenses.

Estados Unidos también aumentó drásticamente los aranceles a varias economías del sudeste asiático y América Latina, incluidas Vietnam (un 46 por ciento), Tailandia (un 36 por ciento) y Brasil (un 10 por ciento).

En 2024, las exportaciones netas de bienes y servicios de China representaron alrededor del 30 por ciento de su actividad económica, contribuyendo con 1,5 puntos porcentuales al crecimiento total del PBI, que rondó el 5 por ciento.

Aunque China ha fijado un objetivo de crecimiento similar del 5 por ciento para este año, la contribución de las exportaciones será significativamente menor, si es que la hay.

¿Qué viene después?

Dadas las amenazas arancelarias previas de Trump y el aumento de las tensiones geopolíticas, es probable que China ya haya preparado una serie de contramedidas, incluyendo la devaluación del yuan para mitigar el impacto.

Más importante aún, las medidas extremas de Trump podrían obligar a Pekín a emprender los tan postergados esfuerzos para reequilibrar su economía mediante un mayor estímulo a la demanda interna.

Esta reticencia está ligada a la filosofía de gestión económica de China, vigente desde la fundación moderna del país en 1949, que pone énfasis en un modelo de desarrollo centrado en la producción industrial por encima del nivel de vida, y en la inversión de capital más que en el consumo. En otras palabras, Pekín ha confiado históricamente en dos motores tradicionales del crecimiento: las exportaciones y la inversión en infraestructura.

El consumo de los hogares representa alrededor del 38 por ciento del PBI chino, frente al 60 o 70 por ciento en los países occidentales. Revitalizar el sector privado es crucial para que China pueda girar hacia el consumo interno y alcanzar su meta de crecimiento del 5 por ciento, dado que las empresas privadas aportan el 60 por ciento del PBI y generan más del 80 por ciento del empleo urbano en un país donde el desempleo juvenil se ubica en cifras de dos dígitos.

El éxito de DeepSeek y de la película animada taquillera Ne Zha 2, ambas producidas por emprendedores privados, demuestra que el sector privado chino empieza a liderar las ambiciones tecnológicas y de poder blando del país, dejando de ocupar un rol secundario frente al sector estatal. Eso explica la reunión de alto perfil del presidente Xi Jinping con un grupo selecto de empresarios privados en febrero —la primera de ese tipo en casi siete años.

Como uno de los mayores beneficiarios de la globalización, también es fundamental que China capitalice las respuestas negativas a la guerra comercial global de Trump para posicionarse como defensora del libre comercio. Mientras Trump sube los aranceles al resto del mundo, China debería actuar con rapidez para reducir sus propios aranceles y otras barreras comerciales con sus principales socios, como la Unión Europea, Japón, Corea del Sur y Australia.

Anteriormente, China había negociado acuerdos de libre comercio con Japón y Corea del Sur, y un tratado bilateral de inversiones con la UE, pero dichos acuerdos quedaron en pausa por diversas razones geopolíticas. Tal vez la guerra comercial global de Trump reactive el interés de ambas partes.

La integración regional entre China y el sudeste asiático ha sido ejemplar. Bajo su marco de libre comercio, más del 90 por ciento de los productos entre ambas partes están exentos de aranceles, lo que llevó al sudeste asiático a superar a la UE como el principal socio comercial de China en 2020.

Parafraseando un proverbio chino: los aranceles extremos de Trump representan una oportunidad que cabalga sobre un viento peligroso.

Nota: esta es un artículo republicado del medio «Wang Xiangwei’s» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.

Wang Xiangwei
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Ex editor en jefe del South China Morning Post (SCMP). Tiene una maestría en periodismo y una licenciatura en inglés. Durante 20 años se desempeñó en el China Daily y fue corresponsal de la BBC China. Ahora reside en Beijing como asesor editorial del SCMP.