Tibetano se inmoló frente a la ONU en Nueva York en rechazo a la nueva ley china de unidad étnica

Lobga Rangzen

El activista tibetano Lobsang Palden, más conocido como Lobga Rangzen, murió el 2 de julio tras prenderse fuego frente a la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, en un gesto que buscó reinstalar la cuestión tibetana en la agenda internacional en momentos en que China profundiza su influencia global. Rangzen, de 52 años, llevaba dos décadas radicado en Estados Unidos, donde trabajaba como conductor de Uber.

Vestido con ropa tradicional tibetana, plantó una bandera del Tíbet en la vereda frente a la entrada del organismo y se inmoló transmitiendo la escena en vivo por Facebook. La policía neoyorquina lo encontró con quemaduras graves tras un llamado de emergencia recibido cerca de las 18:30 y lo trasladó al hospital Bellevue, donde murió horas más tarde.

Una ley china como detonante inmediato

El hecho ocurrió apenas un día después de la entrada en vigor de la nueva Ley de Unidad Étnica y Progreso impulsada por Beijing, que sus críticos señalan como un instrumento que acelera la asimilación forzada y la erosión cultural de tibetanos y uigures. Penpa Tsering, titular de la Administración Central Tibetana, vinculó directamente el acto de Rangzen con esa normativa y con lo que calificó como un genocidio en curso en el Tíbet.

Según relató a Radio Free Asia un amigo cercano, minutos antes de inmolarse Rangzen mantuvo una videollamada en la que se lo notó inusualmente callado y «profundamente decepcionado», y le confesó que ya no creía que China fuera a escuchar los reclamos tibetanos.

Atención internacional breve, protestas sostenidas

El episodio generó cobertura mediática global en los días inmediatamente posteriores, pero el interés se diluyó con rapidez, un patrón que expone las dificultades del movimiento tibetano para sostener la atención internacional en un contexto de creciente peso geopolítico y económico de China.

Pese a ello, las manifestaciones continuaron: en Nueva York hubo protestas regulares frente a la ONU y el consulado chino, mientras comunidades tibetanas en India, Europa y distintas ciudades estadounidenses organizaron vigilias de solidaridad. Tres jóvenes activistas de Students for a Free Tibet llegaron a encadenarse a los accesos vehiculares de la sede de la ONU exigiendo una respuesta pública del organismo, y fueron detenidos.

Amnistía Internacional señaló el caso como reflejo de décadas de violaciones a los derechos humanos de los tibetanos por parte de Beijing, que rechazó las críticas y reafirmó su postura sobre la soberanía china en la región. Desde 2009, se estima que unos 157 tibetanos se autoinmolaron dentro del Tíbet en protesta contra el dominio chino, un fenómeno que la propia comunidad describe como «ofrenda del cuerpo» por la causa tibetana.

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Periodista con sede en Brasil, experto en Relaciones Internacionales.