La tensión escaló de cara a la apertura de los mercados este lunes 3, después de que las autoridades monetarias de Estados Unidos y Japón salieran a comprar yenes de forma coordinada por primera vez en más de tres décadas. El temor de fondo es que una apreciación brusca de la moneda japonesa dispare la liquidación de los llamados «yen carry trades» —operaciones en las que se toma prestado yen a tasa baja para invertir en activos de mayor rendimiento— y repita el «Lunes Negro» que sacudió a los mercados asiáticos en agosto de 2024.
Según Bloomberg, el gobierno japonés y el Banco de Japón intervinieron en el mercado cambiario el 30 de julio, lo que provocó una suba del yen de 3,3% en la jornada. Estados Unidos se sumó a la maniobra al día siguiente. El Financial Times reportó que la Reserva Federal de Nueva York vendió euros y compró yenes en representación del Tesoro estadounidense, en lo que marcó la primera intervención conjunta de Washington y Tokio en el mercado de divisas en más de 30 años. La última vez que ambos países habían actuado juntos fue en 2011, para contener la apreciación abrupta del yen tras el gran terremoto de Japón oriental; una acción coordinada para frenar la debilidad del yen, en cambio, no se veía desde 1998.
El tipo de cambio dólar-yen había llegado a tocar brevemente los 164 yenes en la segunda mitad de la semana pasada, un mínimo de casi 40 años que no se registraba desde 1986, pero recuperó terreno hasta ubicarse cerca de los 157 yenes tras las intervenciones.
La mira puesta en el tercer día consecutivo
El diario económico Nikkei señaló que el yen ya superó su línea de tendencia de mediano y largo plazo, ubicada en 158 yenes, calculada sobre la media móvil de 200 días, y agregó que la atención del mercado está puesta en si las intervenciones continuarán por tercera jornada consecutiva este lunes. El dato no es menor: el Fondo Monetario Internacional considera que las intervenciones sucesivas dentro de un plazo de tres días hábiles cuentan como una sola instancia, por lo que los analistas especulan con que las autoridades podrían concentrar acciones adicionales en esa ventana para maximizar el impacto.

Las primeras horas de la rueda, cuando la liquidez es más escasa y los movimientos de precio pueden lograrse con montos relativamente bajos, aparecen como el momento más probable para una nueva intervención. Según el análisis de Nikkei, el próximo nivel clave para el mercado es la barrera de 155 yenes por dólar, ya que las proyecciones cambiarias de las empresas importadoras japonesas se concentran justamente entre 155 y 160 yenes, lo que explicaría por qué las autoridades apuntan a ese rango.
El verdadero temor: el desarme del carry trade
Más que las intervenciones en sí, lo que realmente preocupa al mercado es una eventual liquidación masiva de posiciones. Jonas Goltermann, economista jefe de mercados de Capital Economics, le dijo a Reuters que las posiciones cortas en yen están excesivamente acumuladas, y advirtió que, aunque a menor escala, no puede descartarse un desarme del carry trade similar al del verano boreal de 2024.
Según datos de Bloomberg, los fondos de cobertura globales sostenían 124.575 contratos —por unos 9.500 millones de dólares— apostando a la debilidad del yen al 28 de julio, justo antes de las intervenciones, un nivel cercano al máximo de junio y el más alto desde 2007.
Los analistas advierten que una fortaleza sostenida del yen podría reducir el volumen de los carry trades, generar retiros de capital y disparar mayor volatilidad en las bolsas globales. La pregunta clave es dónde están colocados esos fondos, y buena parte de las miradas apunta a las acciones tecnológicas consideradas sobrevaloradas, con foco en los mercados asiáticos —incluidos Corea del Sur y Japón— y en la próxima rueda de Wall Street.
James Stanley, analista senior de Forex.com, le dijo a StoneX que los carry trades de yen se convirtieron en apalancamiento oculto detrás del índice Nasdaq 100, y explicó que si la fortaleza del yen eleva los costos de financiamiento, los inversores podrían verse obligados a liquidar posiciones con urgencia, empezando justamente por las acciones tecnológicas más sobrevaloradas.
Periodista con sede en Brasil, experto en Relaciones Internacionales.












