El Kospi, el índice de referencia de la bolsa surcoreana, se desplomó casi 40% en apenas cinco semanas, en lo que ya se describe como el peor colapso bursátil de la historia del país. El derrumbe golpeó de lleno a más de un millón de inversores minoristas que habían apalancado sus ahorros para subirse a la ola de las acciones tecnológicas, en particular las de los fabricantes de chips de memoria.
En Corea del Sur, la noción de equilibrio entre fuerzas opuestas —eum y yang— está tan arraigada en la cultura que hasta forma parte de la bandera nacional. Pero en las calles de Seúl esa idea de balance no aparece por ningún lado: el pánico se apoderó de una población que vio esfumarse sus ahorros en cuestión de semanas.
Lee Seung-ho, un estudiante universitario de 24 años, le contó a Yahoo Finance que había multiplicado por 15 sus ahorros en apenas un año gracias al apalancamiento, hasta que esa fortuna se evaporó en cuatro semanas.
Una burbuja financiada a puro crédito
Según KB Financial Group, los inversores minoristas surcoreanos volcaron unos 14 billones de wones (US$9.700 millones) en ETF apalancados sobre acciones individuales desde su lanzamiento, con otros 2 billones de wones (US$1.400 millones) aportados por inversores extranjeros.
Ni siquiera las sólidas ganancias de los dos mayores fabricantes de chips del país —Samsung Electronics y SK Hynix— lograron contener el pánico, justamente porque la deuda que impulsó la suba ahora potencia la caída. Las autoridades bursátiles de Seúl intentaron frenar las pérdidas suspendiendo operaciones en varias ocasiones, pero solo empeoraron el problema.
El derrumbe llegó después de una escalada meteórica: en apenas 12 meses, el Kospi había triplicado su valor.
El impulso político detrás del boom
El origen de la burbuja se remonta a la crisis constitucional y el intento de golpe del año pasado. Para desviar la atención tras esa turbulencia política, el presidente Lee Jae Myung lanzó una serie de discursos nacionalistas alentando a los ciudadanos a invertir en el mercado local, con la promesa de borrar el histórico «descuento coreano» y reemplazarlo por una «prima coreana».

Como parte de ese impulso, el gobierno flexibilizó las normas para invertir con deuda, lo que disparó la demanda de ETF apalancados sobre acciones individuales. El timing fue perfecto y, a la vez, trágico: los grandes gigantes tecnológicos estadounidenses —Amazon, Microsoft, Meta, Alphabet, Oracle, Apple y Tesla— habían gastado billones de dólares en la carrera por la inteligencia artificial y avanzaban hacia la siguiente etapa, el despliegue masivo de la IA. Eso disparó una demanda extraordinaria de chips de memoria, dominada por un puñado de empresas, entre ellas Samsung Electronics y SK Hynix, que llegaron a representar el 60% del valor total del Kospi.
En abril, los reguladores aprobaron nuevos mecanismos que ampliaban aún más el uso de deuda para invertir en acciones individuales, una decisión que hoy luce claramente prematura. El ministro de Finanzas, Koo Yun-cheol, debió disculparse el miércoles después de que varios legisladores acusaran al Gobierno de haber convertido la bolsa en un casino.
Cuando el rojo se vuelve el nuevo negro
El alcance real de las pérdidas todavía es incierto, pero el daño es enorme. Según datos de Goldman Sachs, hace dos semanas ya había más de 1,2 millones de inversores minoristas que habían recibido llamados de margen tras endeudarse para invertir. De esas cuentas, unas 360.000 fueron liquidadas de forma forzosa.
Medios surcoreanos reportan que más del 60% de los inversores liquidados son menores de 30 años, y que no solo perdieron todo, sino que además quedaron endeudados.
El viernes, el mercado repuntó tras una semana volátil en Wall Street, donde las grandes tecnológicas oscilaron con fuerza: Microsoft subió 9%, Meta cayó 8% y SpaceX, la empresa de Elon Musk, ganó apenas 2% después de haber perdido la mitad de su valor desde el pico posterior a su salida a bolsa.
Pero la inquietud sobre los excesos del boom de la inteligencia artificial sigue creciendo, y muchos analistas ven en el colapso del Kospi una señal de alarma para el resto de los mercados tecnológicos globales. La volatilidad, como suele pasar, suele ser el preludio de cuando el rojo se convierte en el nuevo negro.
Co-fundador de ReporteAsia.











