China en la agenda ambiental: entre liderazgo internacional y cambio climático

China cambio climático

La preocupación de China sobre el medio ambiente no nace en la actualidad. Autores como Salamanca y Eschenhagen aluden que la preocupación del ambiente por parte de China surge del sistema tradicional de pensamiento chino donde el hombre formaba parte integral del Cosmos.

El taoísmo, ponía énfasis en la armonía que debía existir entre los seres humanos y la naturaleza. Pero esa perspectiva “naturalista” del pensamiento chino tradicional, donde lo ambiental cobraba un rol central, colisionó fuertemente con el estrepitoso desarrollo impulsado en la década del ’70 del siglo XX por las autoridades chinas a través del modelo de apertura. Sin embargo, en los últimos años, el gigante asiático ha iniciado un camino (geo) político para mejorar las condiciones ambientales generadas por el modelo económico impulsado.

Según el Foro Económico Mundial (FEM), China está adoptando medidas para desmantelar las centrales eléctricas de carbón, y de esta manera poder disminuir los niveles de emisiones generales y reducir las tasas de emisión de partículas. Estas propuestas políticas, las están acompañando también a través del rediseño de las arquitecturas institucionales. El antiguo Ministerio de Protección Ambiental se ha transformado en la actualidad en el Ministerio de Ecología y Medio Ambiente (MEE), un nuevo organismo con responsabilidades más amplias ya que se considera que el abordaje de los problemas ambientales debe requerir acciones integrales.

Pero los cambios también se están pensando en políticas concretas. Song menciona la propuesta de “las zonas de desarrollo sostenible” donde se busca implementar diferentes acciones para el tratamiento del agua, el aprovechamiento de residuos, la restauración ecológica y la inteligencia artificial para resolver problemas que van desde la administración de los recursos hasta la contaminación, utilizando la tecnología digital para promover las finanzas ecológicas.

También los medios de comunicación hacen mención a la fuerte problemática que China está padeciendo en la contaminación del aire, la creciente urbanización, el crecimiento masivo del parque automotor, el uso constante de energía basada en carbón, entre otras cuestiones. Estas problemáticas están generando fuerte presión y preocupación en las autoridades chinas ya que atentan directamente al funcionamiento de la organización política del país. Por lo cual el proyecto ecológico no se centra solamente en la política exterior, sino que cobra relevancia en las preocupaciones y necesidades locales.

China y el ambiente en el escenario internacional

Desde que Estados Unidos anunciara su retiro del “Acuerdo de París” a través de la postura de Donald Trump, China (principal competidor económico y político a nivel mundial) viene haciendo el esfuerzo para asumir un rol protagónico en la lucha contra el cambio climático y a su vez en la defensa del desarrollo de países emergentes. La idea de China es poder ir generando un escenario de liderazgo y autoridad en este rubro.

De esta manera busca acercarse a los países en desarrollo para defender por un lado, el derecho a desarrollarse y por el otro para que no asuman un exceso de responsabilidades en el cambio climático. Pero a su vez, también presiona a otros Estados líderes con la propuesta de rediseñar y reestructurar la actual forma de producción de las industrias.  En línea con esta idea se propone disminuir las emisiones de dióxido de carbono en su territorio, pero (de manera contradictoria) amplía sus inversiones y producciones a escala global.

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Según Xulio Ríos el paradigma energético de China ha cambiado. Los papeles se han invertido en relación a lo que proponía EE.UU. y la Unión Europea. Hoy es China quien propone y se dispone a avanzar en el liderazgo de las problemáticas ambientales. Ríos recuerda como China se desentendió del Protocolo de Kioto, reaccionando oficialmente rechazando cualquier atribución de las responsabilidades a los países en desarrollo. China descansaba en la postura de que los mayores esfuerzos debían venir de la mano de los países desarrollados.

En el 2009, en la Cumbre de Copenhague, China continuaba su visión y posición de ponerse al frente de la representación de los países emergentes para reivindicar (se) su derecho al desarrollo económico. La discusión que se da en la actualidad gira en torno al derecho al desarrollo económico como a las obligaciones y responsabilidades en el impacto que éste produce en el ambiente. Por lo que el debate está intentando adoptar una perspectiva que entiende al desarrollo del país desde una perspectiva integral, atendiendo a lo económico, pero también a los otros múltiples componentes que lo acompañan, como lo social, lo ambiental, cultural, etc. 

China al igual que otras potencias también quieren defender su derecho al desarrollo. Ese modelo de desarrollo criticado por EEUU, China lo viene llevando adelante bajo fuertes contradicciones, principalmente ligadas al impacto ambiental que la producción genera a gran escala.

Esta cuestión es vista de manera ambivalente por el resto del mundo, porque por un lado, los diferentes impactos ocasionados en el ambiente son una realidad, pero por otro lado, las miradas positivas también están latentes frente a la existencia de grandes inversiones -en infraestructura e industrias- que benefician a algunos sectores. Liu y Diamond nos describen cómo funciona la relación entre las exportaciones e importaciones chinas en la temática ambiental. La llegada de materias primas y de productos no manufacturados en gran medida reducen el consumo de recursos domésticos, el vertido de contaminantes y los usos de fertilizantes.

el gigante asiático ha iniciado un camino (geo) político para mejorar las condiciones ambientales generadas por el modelo económico impulsado

Y a su vez, con la importación de petróleo y gas natural se colabora en la reducción de la quema de carbón. En cuanto a la exportación de ciertas producciones, si bien salen del país dejan consecuencias importantes en la utilización intensiva de recursos. En base a esta relación entre la salida y entrada de producciones, China se encuentra en la encrucijada de que en ambos casos la problemática ambiental adquiere consecuencias locales y globales. 

Por último, hace unos años, China lanzó la Iniciativa de Gestión de Riesgos Ambientales para las inversiones chinas en el extranjero. Se busca también pensar soluciones ecológicas para disminuir los impactos en el desarrollo de la Iniciativa Belt and Road, en donde el rol de las instituciones financieras y de las empresas chinas serán vitales para mejorar la gestión del riesgo ambiental de sus inversiones en el extranjero y adoptar así principios de inversión responsable.

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En este sentido, los proyectos en el exterior serán una propuesta visible a los ojos de los medios de comunicación, del mundo Occidental y del sistema internacional. Y además, se podrá visualizar si el discurso esgrimido por China en términos ambientales solo se centrará en una mera disputa de liderazgos discursivos, o fehacientemente apunta a trabajar en mejorar la delicada relación entre desarrollo y ambiente, ya sea de forma doméstica como a escala global.

En este contexto se inserta China en la discusión ambiental internacional. China insiste en pronunciarse a favor del Principio de responsabilidades comunes, pero diferenciadas en donde se busca balancear las obligaciones convencionales de los Estados de conformidad con el nivel y necesidades de su desarrollo.

Para Cerde Dueñas la noción de diferenciación puede ser encontrada en algunos instrumentos de desarrollo económico, pero fue desarrollado de una mejor forma como consecuencia de las diferencias históricas en las contribuciones de los Estados desarrollados y en desarrollo a los problemas ambientales globales y a las diferencias en sus respectivas capacidades económicas y técnicas para afrontar estos problemas. 

Hoy es China quien propone y se dispone a avanzar en el liderazgo de las problemáticas ambientales

Producto de este recorrido, surgieron una serie de consideraciones e interrogantes para seguir pensando en el rol del gigante asiático como potencia económica mundial y con gran intervención en los debates por el ambiente. La discusión en torno al avance de la producción versus el cuidado ambiental está más latente que nunca, por lo que cabe preguntarse ¿en qué medida una potencia económica mundial como China podría sostener su posición contemplando la sostenibilidad del ambiente? ¿Podría plantear un modelo de desarrollo diferente teniendo en cuenta todos sus componentes? ¿Estaría dispuesto a proponer dentro del modelo que lleva adelante (sabiendo todo lo que implica), algunas medidas paliativas? 

Resulta complejo responder a estas preguntas teniendo en cuenta que bajo el sistema capitalista en el que estamos insertos, el modelo de producción difícilmente es cuestionado, y aún está muy alejado de lo que se puede considerar un desarrollo integral, que contemple un desarrollo social, ambiental, cultural, y económico. ¿Dónde queda la “sostenibilidad” en este contexto? ¿Qué implica realmente ser sostenibles y sustentables económicamente hablando? Sin dudas, las responsabilidades son más que compartidas y a su vez diferenciadas, pero las discusiones sobre los modos y las maneras continúan siendo una tarea pendiente. 

 

Nota: el presente artículo fue publicado originalmente en el Boletín del Grupo de Trabajo China y el mapa del poder mundial del Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO). Su republicación se realiza con el permiso de los autores y los coordinadores. 

Juan Cruz Margueliche es Profesor Adjunto de Geografía de Asia, África y Oceanía, Facultad de Humanidades y Ciencias de La Plata
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Integrante del Centro de Estudios Chinos (CeChino). Instituto de Relaciones Internacionales (UNLP). Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS). Facultad de Humanidades y Ciencias de La Educación. Universidad Nacional de La Plata, Argentina.

Ludmila Cortizas

Licenciada y Profesora de Geografía de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina. Magíster en Políticas de Desarrollo (UNLP). Doctoranda en Geografía (UNLP). Actualmente se desempeña como becaria doctoral en la Comisión de Investigaciones Científicas (Provincia de Buenos Aires) con lugar de trabajo en Laboratorio de Investigaciones del Territorio y el Ambiente (LINTA), y docente del Departamento de Geografía (UNLP)