De China hasta América Latina estamos atravesados por numerosas urgencias de carácter extraterritorial y global, la cultura hegemónica occidental empieza verdaderamente a resquebrajarse y a sentirse desplazada por propuestas provenientes de otros rincones de la cartografía mundial.
La emergencia de los últimos años de acontecimientos como la crisis ambiental global o la guerra comercial y tecnológica potenciados por acontecimientos disruptivos recientes (la pandemia), han exacerbado el enfrentamiento entre Occidente (encabezado por Estados Unidos) y Oriente (sobre todo identificada a partir del crecimiento geoeconómico de China).
La irrupción del COVID-19 y su expresión como pandemia global, (re) abrieron un campo de batalla cultural (comunicacional) entre ambos polos.
Revisitando el Orientalismo de Said para (des) orientalizar la mirada
Para Edward Said el orientalismo expresa y representa, desde un punto de vista cultural (e incluso ideológico), un modo de discurso que se apoya en unas instituciones, un vocabulario, unas enseñanzas, unas imágenes, unas doctrinas e incluso unas burocracias y estilos coloniales. En la actualidad este discurso se amplía a través de los medios de comunicación masiva y de las múltiples plataformas y redes.
Si no se examina el orientalismo como discurso, posiblemente no se comprenda esta disciplina tan sistemática a través de la cual la cultura europea ha sido capaz de manipular e incluso dirigir Oriente desde un punto de vista político, sociológico, militar, ideológico, científico e imaginario a partir del periodo posterior a la ilustración.
De China hasta América Latina estamos atravesados por numerosas urgencias de carácter extraterritorial y global
Es la empresa anglo-francés-norteamericana que Said supo denunciar en la década del 70’ del siglo pasado la que ha marcado y aún marca la agenda de las Relaciones Internacionales propuestas por las potencias occidentales. Como así también en otros procesos de configuración de alteridades a través de campos sociales y territoriales a diferentes escalas.
Said acuñó varias derivaciones sobre el concepto de orientalismo, las cuales nos permite repensarlas en los tiempos que corren. Por un lado, el orientalismo latente, donde Said lo ubica como una etapa anterior a la colonización directa, de tipo más literario y contemplativo (filtro imaginario). Estos filtros imaginarios en la actualidad han sido reforzados por la era digital y de la comunicación masiva, como así también por una geografía visual que busca colonizar y hegemonizar las miradas.
También está el orientalismo manifiesto, el cual además de ser un dispositivo de carácter imaginario actúa a través de dispositivos de carácter material. Said hace referencia a una entidad administrativa, económica e incluso militar.
Si no se examina el orientalismo como discurso, posiblemente no se comprenda esta disciplina tan sistemática a través de la cual la cultura europea ha sido capaz de manipular e incluso dirigir Oriente
Por último, destaca dos tipos de orientalismo más. El orientalismo académico donde cualquier especialista disciplinar tiene como objeto de estudio a “Oriente”. En este tipo de orientalismo se demanda (o al menos se espera) que los investigadores realicen investigaciones situadas y contextualizadas, fuera de los ejercicios de transferencias teóricos–metodológicos que generalmente se hace mecánicamente sobre estos espacios. La segunda propuesta se refiere al orientalismo imaginativo, donde son los poetas, novelistas, filósofos, políticos y expertos, quienes asumen una definición esencialista de “Oriente” (barbarie) y “Occidente” (civilización).
Según Said hablar de orientalismo, es referirse a un modo de relacionarse con Oriente basado en el lugar especial que este ocupa en la experiencia de Europa occidental.
La mirada transcultural de Golden
Para Sean Golden la construcción en el siglo XXI de un nuevo discurso político chino se enfrenta con varios obstáculos. En primer término, surge la pregunta de cómo hacer compatible la teoría y la praxis sociocultural, económica y política eurocéntrica actualmente preeminente con las circunstancias socioculturales, económicas y políticas sinocéntricas. Y, por otro lado, entre los pensadores y estrategas chinos existe una creciente confianza en sí mismos en la capacidad de China para desempeñar un papel preeminente en un nuevo orden mundial post-occidental.
Hablamos de un orden internacional cada vez más desconcertante, urgido por problemas globales que requieren soluciones colectivas. La cartografía geopolítica actual es un claro indicador de que aún no podemos sentenciar la existencia de una configuración estable definitivamente.
En este sentido, Golden observa que la teoría y la praxis sociocultural, económica y política eurocéntrica deben adaptarse a los paradigmas y praxis emergentes de un orden mundial multicultural emergente.
Pero lo cierto es que, por fuera del pedido del autor, es China la que desde la década del 70’ del siglo XX con el modelo de apertura de Deng comenzó a interiorizarse en el mundo occidental de manera más sistematizada. En primer término, para conocer el mundo al que debía ingresar y, en segunda instancia, para reformular los aportes occidentales a través del tamiz de su propia cultura. Es decir, China no sucumbe bajo los modelos occidentales, sino que, al contrario, se reconstruye a partir del mismo.
la construcción en el siglo XXI de un nuevo discurso político chino se enfrenta con varios obstáculos
Si uno mira los grados de apertura y de apropiación de China del mundo occidental (marcos jurídicos, por ejemplo) vería que estas definiciones cobran visualización. Ya que de ningún modo propone una asimilación absoluta, sino que al contrario se enmarcan en una instancia de negociación con su propia cosmovisión.
Lo cierto es que las relaciones culturales entre Occidente y Asia Oriental son todavía superficiales y asimétricas.
Golden también se centra en los valores de las culturas de Asia Oriental. Dentro de estos valores se caracterizan la acción comunitaria y no individualista a los deberes y a los derechos de las personas. Cada persona combina simultáneamente en sí una serie de roles sociales que comparten responsabilidades y obligaciones divergentes.
Golden sustenta que cuando analizamos a la sociedad china (ya sea de manera individual o colectiva) se requiere optar por una cosmovisión que sea holística y relativista, no absolutista ni esencialista. Hablamos de territorios y sociedades donde la cooperación es más importante que la competencia; y donde el colectivo es más importante que el individuo.
Construyendo un “puente” entre Said y Golden
Si bien Said y Golden emergen de geografías espacios temporales diferentes, coinciden en coordenadas de corte teórico-metodológico que nos permiten ponerlos en diálogo para diseñar una propuesta de complementariedad entre ambos.
En primer lugar, los aportes de Said abrieron todo un camino para comprender la (de) construcción del mundo no occidental. Podría decirse que la propuesta de Golden parte de esa denuncia que Said esgrime y propone un modelo de acercamiento que requiere un ejercicio de entendimiento de carácter transcultural. La multipolaridad del escenario mundial y los actuales desafíos globales imponen una necesaria visión transcultural. Es decir, lo que Said denuncia, Golden retoma para proponer una mirada intermedia entre Occidente y Oriente buscando un diálogo real.
Repensando China en América Latina
Para el caso de América Latina, el historiador chileno Eduardo Devés Valdés sostiene que la región necesita crear su propio conocimiento científico extraído desde su perspectiva, desarrollando sus principios instrumentos teóricos y metodológicos. En ese sentido, promueve la (necesaria) capitalización de lo que se elabora en otras periferias.
Golden observa que la teoría y la praxis sociocultural, económica y política eurocéntrica deben adaptarse a los paradigmas y praxis emergentes de un orden mundial multicultural emergente
Para Devés Valdés se requiere una “latinoamericanización” de las teorías, paradigmas o escuelas de pensamiento que permitan sistematizar una manera de comprendernos y de esta forma encarar un proyecto de diálogo con otras periferias. Pero también, nos enfrentamos a una necesaria regionalización geográfica para identificarnos territorialmente.
En esta línea, la socióloga argentina Gladys Lechini a través del concepto de “Sur Global” o el paradigma internacional Sur – Sur sostiene que a partir de ello, podemos comprender a un grupo de países periféricos o en desarrollo, que comparten situaciones (políticas, económicas o históricos-culturales) de vulnerabilidad y desafíos.
Es posible acercar algunas aproximaciones y coordenadas culturales desde América Latina para que podamos pensar (nos) como una región abierta al diálogo con Asia Oriental, en general, y China, en particular, para construir un sistema internacional que se aleje de la sumisión cultural.
Las reflexiones e intercambios por fuera del orbe estado-centrista de la geografía política tradicional pueden abrir el espacio a nuevos actores (hasta ahora invisibilizados o excluidos) y con ello dar lugar a nuevas cosmovisiones y formas de relacionarse.
La creciente presencia de la cultura china a nivel internacional origina desde hace más de una década nuevos encuentros en el mundo occidental, y nuevos desafíos para el conocimiento. El desafío actual consiste en aprovechar la posibilidad de poner en diálogo distintos sistemas simbólicos y analizar los contrastes, sabiendo que la exploración de otra cultura ayuda al conocimiento de la propia.
En estas ideas sobre el mundo chino se mezclan errores de apreciación, verdades a medias, afanes exotistas y, en especial, diferentes tipos de etnocentrismo. Es verdad que China presenta características muy específicas respecto a Occidente, pero también es cierto que el encuentro con lo diferente dinamiza una mirada especular sobre nuestra propia cultura.
En este sentido, el gran crecimiento y desarrollo de China ya no solo en lo económico sino en su presencia cultural en el mundo occidental, requiere que hagamos un esfuerzo de comprensión.
China entre la cultura y el poder: ¿a qué hegemonía juega el gigante asiático?
Retomar la mirada de Said y centrarnos en la propuesta de Golden nos puede permitir abrir un camino de análisis para repensar (nos) no solo como China se auto-describe sino también cómo podemos construir un puente entre ambas partes.
Las acciones políticas y económicas que los países entablan o mantienen con China tienen un fuerte basamento cultural. Es por ello que la diplomacia cultural y pública adquiere mayor protagonismo en las agendas de las Relaciones Internacionales. Pero como hemos planteado a lo largo del trabajo, esa búsqueda de diálogo con China de ningún modo anula la necesidad de autorreflexión desde nuestras periferias.
Es decir, también se trata de (des)orientalizar la mirada desde nuestra periferia en América Latina para construir un diálogo genuino con China.
Para poder instalar un verdadero espacio de diálogo con China (como con otros países fuera de América Latina), más allá de los aportes de Said y Golden, la preocupación y esfuerzo se sustenta en una regionalización de nuestro pensamiento que permitan sistematizar una manera de comprendernos y de esta forma asumir un proyecto de diálogo con otras periferias.
Integrante del Centro de Estudios Chinos (CeChino). Instituto de Relaciones Internacionales (UNLP). Instituto de Investigaciones en Humanidades y Ciencias Sociales (IdIHCS). Facultad de Humanidades y Ciencias de La Educación. Universidad Nacional de La Plata, Argentina.














