La Iniciativa de la Franja y la Ruta —el programa de infraestructura y energía global de China lanzado en 2013— alcanzó en el primer semestre de 2026 el mayor nivel de actividad registrado para cualquier primer semestre desde su creación, con 126.300 millones de dólares en inversiones y contratos de construcción combinados, según el informe publicado por el Green Finance & Development Center de la Universidad Fudan en colaboración con la Universidad de Queensland. El dato supera en 3.000 millones al récord anterior, establecido en el mismo período de 2025.
Detrás del número global hay una reconfiguración sectorial significativa: por primera vez, la energía verde superó el 50% del total de la participación energética china en la Franja y la Ruta en términos absolutos, con 20.100 millones de dólares en proyectos de energía renovable —más que todo lo invertido en ese segmento durante el año completo de 2025. El dato fue recogido por el Financial Times como la evidencia más clara de que la guerra en Irán y el cierre del Estrecho de Ormuz están acelerando la transición hacia las energías renovables en los países de la iniciativa: cuando el petróleo y el gas se encarecen por inestabilidad geopolítica, la energía solar y eólica —más barata y de precio estable— se vuelve más atractiva con mayor rapidez.
Los números sector por sector
El desglose sectorial del informe muestra una Franja y la Ruta diferente a la de su primera década. La energía sigue siendo el sector dominante con el 28,7% del total —unos 36.300 millones de dólares— aunque su participación relativa cayó desde el 43,5% de 2025, cuando los proyectos de combustibles fósiles dominaban la cartera. De esos 36.300 millones, el 56% fue a proyectos verdes: 14.300 millones en eólica, solar y conversión de residuos en energía, más 5.300 millones en hidráulica. China también anunció la construcción de una nueva planta termoeléctrica de carbón de 660 MW en Zambia —pendiente de aprobación—, un dato que los analistas señalan como la excepción que confirma la tendencia general hacia la descarbonización.
Los metales y la minería alcanzaron un récord de 21.800 millones de dólares en el primer semestre —más que cualquier año completo desde 2013, excepto 2025— con foco en el procesamiento antes que en la extracción. Egipto fue el mayor destinatario con una planta de acero de 10.000 millones de dólares. Kazajistán recibió dos instalaciones de procesamiento de aluminio por 2.500 millones. El patrón es consistente con la estrategia china de avanzar en la cadena de valor de los minerales críticos, adquiriendo capacidad de procesamiento en los países productores en lugar de limitarse a la extracción del mineral bruto.
Tecnología y manufactura crecieron un 11% y un 81% respectivamente respecto al primer semestre de 2025, llegando a 17.000 y 6.500 millones de dólares. Entre los proyectos más relevantes: un contrato de construcción de 2.600 millones de dólares para una fábrica de baterías de BYD en Indonesia, y un parque de baterías de 2.400 millones en Portugal. El transporte creció por primera vez desde 2020, alcanzando 18.200 millones de dólares, todos a través de contratos de construcción.
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El avance de las empresas privadas
Uno de los cambios estructurales más significativos del informe es el rol creciente del sector privado chino en la Franja y la Ruta. En 2020, las empresas privadas representaban el 12,5% del total de la participación china en la iniciativa. En el primer semestre de 2026, esa cifra llegó al 47,7% —casi la mitad. Las empresas estatales provinciales y centrales siguen siendo mayoritarias en el agregado, pero la tendencia es inequívoca: la Franja y la Ruta se está privatizando.
Li Shuo, director del China Climate Hub del Asia Society Policy Institute, lo explicó con precisión: «Lo que distingue esta ola de la anterior es que las decisiones de inversión se basan cada vez más en consideraciones comerciales en lugar de orientación estatal.» La expansión de BYD —que construye fábricas de baterías en Brasil, Indonesia, Hungría y Tailandia— y de otras empresas chinas de tecnología limpia bajo el paraguas de la Franja y la Ruta ilustra ese fenómeno: no son proyectos ordenados desde Beijing sino expansiones comerciales que el marco de la iniciativa facilita con acceso a financiamiento y relaciones diplomáticas.
África y Medio Oriente lideran por región
Geográficamente, África encabezó el ranking de participación china con 33.500 millones de dólares en inversión —casi el triple del primer semestre de 2025—, el mayor nivel registrado para el continente en cualquier período de seis meses. Medio Oriente lideró en contratos de construcción con 36.500 millones, un récord para cualquier primer semestre desde 2013.
Dos ausencias llamativas: Pakistán y Rusia no registraron proyectos de la Franja y la Ruta en el primer semestre. En el caso de Rusia, el enfriamiento refleja las dificultades para transitar de proyectos liderados por el Estado a acuerdos comerciales privados después de la invasión de Ucrania. En el caso de Pakistán —históricamente uno de los socios más activos de la iniciativa a través del Corredor Económico China-Pakistán— el informe sugiere un reposicionamiento diplomático: Islamabad está acercándose a Washington en un momento en que las relaciones de China con India —el rival histórico de Pakistán— se estabilizaron, reduciendo el valor estratégico para Beijing de inversiones en territorio paquistaní.
Las implicaciones para América Latina
El informe no dedica un apartado específico a América Latina, pero los datos tienen implicaciones directas para la región. La expansión del sector de manufactura y tecnología —con fábricas de baterías de BYD en Brasil e Indonesia como ejemplos destacados— confirma que las empresas chinas están priorizando la producción local para eludir aranceles y construir presencia en los mercados de mayor crecimiento. Brasil, ya uno de los destinos más activos de la inversión china en América Latina, consolida su posición como hub de manufactura limpia del continente.
El crecimiento del sector de metales y procesamiento —con foco en aluminio, acero y minerales críticos— también tiene lectura regional: Argentina, Chile, Bolivia y Perú producen litio, cobre y otros minerales estratégicos que China procesa y exporta en forma de baterías, cables y componentes eléctricos. La expansión de la capacidad de procesamiento que el informe documenta en Kazajistán y Egipto podría replicarse en América Latina si los gobiernos de la región ofrecen las condiciones necesarias —algo que el debate sobre la agregación de valor local en la exportación de minerales tiene en el centro de su agenda.
Colaborador en ReporteAsia.













