Choi Seung-ho construyó en menos de dos años el sindicato más poderoso de la historia de Samsung Electronics. Habló desde el escenario en el rally masivo de Pyeongtaek ante decenas de miles de trabajadores. Consiguió que el 93,1% de los afiliados votara a favor de la huelga. Y amenazó con interrumpir la producción de chips más crítica del mundo. Es el presidente del SELU —Samsung Electronics Labor Union— y en poco más de un año pasó de dirigir una organización marginal a convertirse en el actor sindical más influyente de Corea del Sur.
El hombre detrás del sindicato
Choi Seung-ho era un dirigente sindical de línea dura en una empresa que durante décadas desalentó activamente el sindicalismo y que solo en 2020 —tras el compromiso público del presidente del grupo Jay Y. Lee— abrió formalmente la puerta a la organización de trabajadores. Su perfil público antes del conflicto actual era relativamente discreto. Lo que cambió todo fue su lectura del momento político y económico que se abría tras el acuerdo de SK Hynix en septiembre de 2025.
Cuando la empresa rival eliminó el tope en sus bonos de desempeño y comprometió el 10% del beneficio operativo anual para ese fin, Choi convirtió esa diferencia en un argumento de afiliación de una potencia raramente vista en el sindicalismo industrial. La promesa era simple y poderosa: equiparar las condiciones salariales con el competidor directo. El SELU pasó de 6.000 a 74.000 miembros en meses, convirtiéndose en el primer sindicato mayoritario de la historia de Samsung y obteniendo reconocimiento legal como representante oficial de los trabajadores en abril de 2026.
Sus frases que definieron el conflicto
Choi tiene un estilo de comunicación que mezcla la retórica sindical clásica con una calculada provocación. En el rally de Pyeongtaek del 23 de abril, frente a decenas de miles de trabajadores, dijo lo que se convertiría en el eslogan central del conflicto: «No fue la dirección sino ustedes, los miembros del sindicato, quienes convirtieron a Samsung en el número uno del mundo.» Y remató: «Si somos el número uno, deberíamos ser tratados como el número uno.»
SELU, el sindicato que nació sin apoyo y hoy pone en jaque la cadena global de chips de Samsung
Ante Reuters en marzo, cuando los trabajadores todavía votaban sobre la huelga, fue igualmente directo sobre las consecuencias: «Espero que haya disrupción en la producción.» La frase fue leída como una amenaza calculada —Choi sabía perfectamente el peso de esas palabras para los mercados globales de semiconductores— y como una declaración de poder: el SELU ya no era un sindicato que pedía, era uno que advertía.
También fue explícito sobre la competencia por el talento que subyace al conflicto: «En los últimos tres meses, más de 100 miembros del sindicato se fueron a empresas como SK Hynix. Tesla también está cortejando a nuestros diseñadores de chips con ofertas generosas.» La mención de Tesla no fue casual: en febrero, el CEO Elon Musk había instado públicamente a los trabajadores del sector de chips de Corea del Sur a postularse en su empresa, en un guiño que el propio Choi aprovechó como argumento de negociación.
Sobre el impacto económico de la huelga, fue igualmente preciso: «Si haltamos la producción 18 días en la huelga del mes próximo, crearemos una brecha de casi 18 billones de won. Con la huelga haremos absolutamente claro el valor de nuestro sindicato.»
Las controversias que complicaron su liderazgo
El primer error público de Choi fue político. Cuando el presidente Lee Jae Myung criticó el 30 de abril las demandas «excesivas» de ciertos sindicatos, Choi respondió diciendo que el comentario estaba «dirigido a LG U+», la empresa de telecomunicaciones que también tenía un conflicto sindical activo. La respuesta fue un error de cálculo mayúsculo: el sindicato de LG U+ emitió un comunicado expresando «fuerte pesar e indignación» ante lo que describió como un intento de usar su conflicto como escudo, y Choi tuvo que disculparse públicamente.
La segunda controversia llegó desde adentro. En un chat anónimo interno, cuando un miembro sugirió priorizar la división de memoria en la estrategia de negociación, Choi respondió: «¿Sos del ejecutivo de Donghaeng? ¿Por qué actuás como un infiltrado?» y expulsó permanentemente al miembro. La reacción fue inmediata: Donghaeng —el tercer sindicato de Samsung Electronics— anunció el 4 de mayo su retiro del Cuartel General de Lucha Conjunta, acusando al SELU de «abusar de la autoridad de ser el sindicato mayoritario deliberadamente ignorando y excluyendo las opiniones de nuestro sindicato» y de usar el término «sindicato de empresa» —un insulto grave en el vocabulario del movimiento laboral coreano— contra quienes disentían internamente.
La fractura interna que nadie anticipaba
La retirada de Donghaeng no solo debilitó la coalición negociadora sino que planteó una pregunta incómoda: ¿el SELU de Choi representa realmente a todos sus 74.000 afiliados o solo a los de la división de semiconductores, la más rentable y la que más se beneficiaría del esquema de bonos proporcionales al beneficio operativo?
Donghaeng fue explícito en su carta oficial al SELU: «Nuestras opiniones que representan los derechos de todos los miembros no están siendo reflejadas en absoluto.» El sindicato demandó el acceso a la información sobre el progreso de las negociaciones, las propuestas de la dirección y los calendarios futuros, además de una disculpa formal y el cese de las «expresiones maliciosas». También insinuó la posibilidad de presentar una solicitud correctiva ante la Comisión de Relaciones Laborales y emprender acciones civiles y penales.
El aislamiento que no esperaba
Choi llega al 21 de mayo con un sindicato formalmente poderoso —mayoritario, con reconocimiento legal, con derechos de huelga validados— pero políticamente más aislado de lo que anticipaba. El gobierno se distanció públicamente. Los medios progresistas cuestionan las demandas. Los accionistas amenazan con demandas legales. El tercer sindicato se fue de la coalición. Y la opinión pública, que podría haber sido su mayor activo, se volvió en contra cuando los montos de los bonos potenciales se hicieron públicos.
Dentro de la empresa, la dirección también endureció su postura. El vicepresidente de la División de Soluciones de Dispositivos, Jun Young-hyun, y el presidente de la División de Experiencia de Dispositivos, Roh Tae-moon, publicaron un mensaje conjunto en el tablón interno de la empresa instando a todos los empleados a «hacer su mejor esfuerzo en sus respectivos roles para que no se pierda la competitividad futura», una señal de que la dirección no está dispuesta a ceder bajo presión y apela directamente a los trabajadores por encima del sindicato.
Lo que define a Choi como líder
Más allá de las controversias, Choi logró algo que ningún líder sindical había conseguido en la historia de Samsung: convertir el resentimiento acumulado de decenas de miles de trabajadores ante la diferencia salarial con SK Hynix en una organización con poder real de negociación y capacidad demostrada de acción colectiva. Ese es su logro más significativo y también su mayor vulnerabilidad: un sindicato construido sobre la indignación comparativa funciona mientras esa indignación se mantiene como motor, pero cuando la opinión pública lee los números concretos y concluye que los beneficios exigidos son desproporcionados, el combustible que alimentó el crecimiento puede convertirse en el freno que lo detiene.
La pregunta que quedará abierta después del 21 de mayo es si Choi puede encontrar una salida que preserve lo esencial de las demandas del SELU sin terminar de aislar al sindicato del resto de la sociedad coreana. Hasta ahora, esa salida no apareció.
Colaboradora en ReporteAsia.













