Japón se prepara para abrir negociaciones de un Acuerdo de Asociación Económica con el Mercosur, según confirmó Nikkei, en un movimiento que combina urgencia energética —el cierre del Estrecho de Ormuz dejó al descubierto la dependencia del 90% del petróleo japonés en el Medio Oriente— con oportunidad comercial y preocupación estratégica por la dependencia en minerales críticos de China. La primera ministra Sanae Takaichi tiene previsto reunirse con el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva en los márgenes de la cumbre del G7 a mediados de junio, donde se formalizaría el inicio del proceso.
El Mercosur —integrado por Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay y Bolivia— tiene una población de casi 300 millones de personas y un PIB combinado de más de 3 billones de dólares, equivalente a aproximadamente tres cuartas partes del de la ASEAN. Es uno de los pocos grandes mercados globales con los que Japón aún no tiene un acuerdo de libre comercio, a pesar de que el país ha extendido esa red hacia los países de la ASEAN, Australia y la Unión Europea. El acuerdo UE-Mercosur entró en vigor provisionalmente el 1 de mayo: sin un acuerdo equivalente, los fabricantes japoneses —especialmente en el sector automotriz— quedarán en desventaja arancelaria frente a sus competidores europeos en el mercado sudamericano.
La crisis de Ormuz como catalizador
Lo que desbloqueó políticamente unas negociaciones que llevaban años postergadas por la resistencia del sector agrícola japonés fue el cierre del Estrecho de Ormuz. Japón dependía del Medio Oriente para cerca del 90% de sus importaciones de crudo antes de la interrupción de los envíos. El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán que cerró el paso desde fines de febrero transformó esa dependencia en una vulnerabilidad estructural que el gobierno de Takaichi no puede ignorar.
Brasil es el noveno mayor productor de petróleo del mundo y tiene en Petrobras una compañía con capacidad y voluntad de aumentar exportaciones hacia Asia. El canciller brasileño Mauro Vieira fue explícito durante una visita a Tokio la semana pasada: «A través de Petrobras, estamos listos para aumentar nuestra presencia en Japón. Brasil está listo para contribuir a la seguridad energética de Japón.» Vieira dijo haber discutido el tema con el ministro de Economía, Comercio e Industria japonés, Ryosei Akazawa.
La dimensión de los minerales críticos agrega una segunda capa de urgencia. Brasil tiene las segundas mayores reservas de tierras raras del mundo, detrás únicamente de China. Argentina produce litio, esencial para las baterías de vehículos eléctricos. Japón depende de China para esos materiales y Beijing ha usado —o amenazado con usar— las restricciones de exportación como instrumento de presión diplomática. «Es significativo desde una perspectiva de seguridad económica», dijo Kazuyoshi Nakata, de Mitsubishi UFJ Research and Consulting.
Sobre las tierras raras, Vieira fue cuidadoso en marcar la posición brasileña: «El objetivo es asegurarnos de agregar valor a los minerales críticos en Brasil antes de exportar. No queremos exportar solo los minerales en bruto, queremos agregar valor en Brasil y luego exportar.» La formulación es relevante para Tokio, que preferiría acceso a los minerales en las formas más procesadas posibles.
El obstáculo agrícola que cedió
Durante décadas, el principal freno a las negociaciones entre Japón y el Mercosur fue el lobby agrícola japonés, especialmente el sector ganadero, que temía la competencia de la carne bovina brasileña y argentina a precios significativamente más bajos. Brasil es el mayor productor mundial de carne vacuna según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos para el año comercial 2025; Argentina ocupa el sexto lugar.
La industria automotriz japonesa diseña un plan conjunto para frenar el avance de BYD
Lo que cambió es el cálculo político. Legisladores japoneses con influencia en política agrícola se reunieron la semana pasada y señalaron su aprobación de las negociaciones bajo la condición de que se dé «la debida consideración a la carne bovina». El gobernante Partido Liberal Democrático tiene prevista una reunión interna el jueves para construir consenso antes de que comiencen las conversaciones. Un funcionario de alto rango del Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca sintetizó el nuevo equilibrio de fuerzas con una frase que hubiera sido inimaginable hace tres años: «Dado lo importante que es diversificar las cadenas de suministro de materias primas, este no es el momento de oponernos a las negociaciones del EPA para proteger a la industria ganadera.»
Vieira contribuyó a suavizar esa resistencia con un argumento que apunta directamente al punto más sensible del lobby japonés: «La carne que viene del Mercosur no va a competir con el wagyu en Japón.» La segmentación de mercado —carne premium doméstica versus proteína importada para consumo masivo— es el espacio político en el que se puede construir el acuerdo sin que el sector ganadero japonés sienta que pierde todo.
Los aranceles que pesan sobre la industria japonesa
En el plano industrial, los números son contundentes. Los productos japoneses enfrentan un arancel promedio del 13,2% en Brasil y del 13,9% en Argentina, con tarifas especialmente altas para autos y autopartes. Ese diferencial se agravó con la entrada en vigor provisional del acuerdo UE-Mercosur el 1 de mayo, que da a los fabricantes europeos acceso preferencial al mercado sudamericano. Sin un acuerdo equivalente, Toyota, Honda y Nissan —que ya enfrentan suficientes presiones globales— quedarán en desventaja competitiva frente a Volkswagen, Stellantis y Renault en uno de los mercados automotrices de mayor potencial de crecimiento del mundo.
La Federación Empresarial de Japón (Keidanren) y la Confederación Nacional de la Industria de Brasil emitieron un comunicado conjunto en marzo de 2025 instando al inicio de negociaciones del EPA y llamando a colaborar para «mejorar la eficiencia, la sostenibilidad y la competitividad de las cadenas de suministro». Kiyo Tsujimoto, directora de la oficina de las Américas de la Organización Japonesa de Comercio Exterior (JETRO), fue directa: «La industria automotriz en particular busca las negociaciones del EPA.»
El Mercosur en modo apertura y Japón como último outlier
El contexto de la propuesta japonesa es el de un Mercosur que en el último año y medio aceleró su apertura comercial de manera sin precedentes. El acuerdo con la UE —negociado durante más de veinte años— entró en vigor en mayo. El acuerdo con Singapur fue ratificado recientemente por Argentina y está en proceso en Brasil. El bloque tiene conversaciones activas con Canadá, los Emiratos Árabes Unidos, el Reino Unido, India y Vietnam.
En ese mapa, Japón es uno de los pocos grandes actores que permanece fuera. Vieira lo planteó con cortesía diplomática pero sin ambigüedad: «Estamos listos para negociar cuando sea el momento, cuando ambas partes acuerden que es hora de comenzar a hablar.» La frase, dicha en Tokio durante una visita oficial, es una invitación con fecha implícita.
El comercio bilateral actual tiene margen considerable de crecimiento. Japón exportó al Mercosur unos 950.000 millones de yenes en bienes en el año fiscal 2025, con importaciones de alrededor de 1,5 billones de yenes, representando apenas el 0,8% y el 1,3% respectivamente del total del comercio exterior japonés. Para una economía del tamaño de Japón, esos porcentajes son notablemente bajos para una región de casi 300 millones de personas con recursos energéticos y minerales que Tokio necesita con urgencia creciente.
Colaboradora en ReporteAsia.














