La relación entre Brasil y China, tradicionalmente analizada desde la lente del realismo (enfocada en el poder y la competencia) o el liberalismo (centrada en la cooperación y las instituciones), se puede comprender de forma más completa a través de la Escuela Inglesa de Relaciones Internacionales. Esta perspectiva, que equilibra la anarquía del sistema internacional con la existencia de una sociedad de estados, nos permite ver cómo estos dos gigantes del Sur Global han construido un vínculo robusto y duradero que va más allá de la simple conveniencia.
Para dar apoyo al artículo nos basaremos en la Escuela Inglesa y uno de sus exponentes como lo fue el catedrático y filósofo australiano, Hedley Bull, cuyo pensamiento se estructura y enlaza en torno a la idea central de la existencia de una sociedad internacional de estados. Esta escuela de pensamiento se ubica como una «vía media» entre las visiones puramente conflictivas del realismo y las visiones excesivamente optimistas del liberalismo.
Las vertientes del realismo y el idealismo liberal, según H. Bull en su libro “The Anarchical Society” tienen su origen en el pensamiento hobbesiano y el pensamiento kantiano, respectivamente. Sin embargo, el mismo Bull considera que existe otra vertiente de estudio de las relaciones internacionales, situado en medio de las dos anteriores.
La propuesta que hace Hedley Bull, permite entender una de las grandes debilidades del realismo: su inflexibilidad para explicar el cambio en la política internacional. La concepción absoluta del poder político y militar y su excesivo énfasis en conceptos, como el balance de poder, hacen del realismo una corriente teórica perfecta para tomar una fotografía del presente, pero no permite entender el pasado y claramente lleva a entender la dinámica internacional como si fuese estática.
El liberalismo difiere del realismo en su visión más amplia de la política internacional, en la medida en que acepta otros actores dentro de la política internacional, además de los Estados, y entiende que el poder en el ámbito internacional no solo tiene una naturaleza político-militar, sino que también tiene una arista económica y culturales.
El liberalismo no concibe las relaciones internacionales desde el punto de vista de las relaciones verticales de poder, como lo hace el realismo, sino que tiende más a ver cierta horizontalidad en la forma como se relacionan los Estados. En otras palabras, los Estados fuertes no priman sobre los débiles, sino que todos los Estados tienen relaciones como iguales y son varios los elementos que rigen dichas relaciones. Esta divergencia de elementos hace que la escuela liberal sea mucho más compleja para análisis que el realismo. Mientras los realistas pueden acordar en varias cosas, los liberales tienen muchos menos puntos de encuentro de los preceptos realistas, es decir, proponer que hay más actores dentro de la política internacional que los Estados, reconocer el soft power, es decir, un tipo de poder más de tipo económico o cultural además del poder político militar, debatir la relación vertical de poder entre potencias y Estados débiles, proponer la cooperación por encima de la autoayuda y, en algunos casos, incluso, sugerir que la existencia de organizaciones, reglas o regímenes internacionales son útiles para matizar la anarquía que rige dentro de la política internacional, aunque no logran acordar cuál de estos elementos es más importante dentro del concierto internacional.
Por ello analizamos la relación Brasil-China bajo la óptica de la Escuela Inglesa, la cual desarrolla tres conceptos claves, el primero, el Sistema Internacional, el cual se refiere a un conjunto de estados que interactúan de tal manera que el comportamiento de cada uno es un factor necesario en los cálculos de los demás. Esta interacción está definida por la anarquía, es decir, la ausencia de una autoridad central que gobierne a los estados. La Escuela Inglesa comparte con el realismo la visión de que este sistema es, en esencia, anárquico.
El segundo, es la Sociedad Internacional; este es el concepto distintivo de H.Bull el que expresa, una sociedad de estados existe cuando, a pesar de la anarquía, un grupo de estados se vuelven conscientes de tener intereses y valores comunes. A partir de esta conciencia, se consideran obligados por un conjunto de reglas e instituciones comunes que regulan sus relaciones. Estas instituciones no son necesariamente organizaciones formales, sino prácticas de larga data como el derecho internacional, la diplomacia y el equilibrio de poder. La sociedad internacional tiene como objetivo principal el mantenimiento del orden entre los estados.
Esta perspectiva… nos permite ver cómo estos dos gigantes del Sur Global han construido un vínculo robusto y duradero que va más allá de la simple conveniencia
Y finalmente, el tercero expresa el concepto de Sociedad Mundial, donde se refiere a un nivel más profundo de comunidad humana, donde los individuos y los actores no estatales son los elementos últimos de la sociedad. Esta visión, más afín al liberalismo, considera la posibilidad de una comunidad global con valores y normas compartidas más allá de la soberanía estatal. H.Bull y la Escuela Inglesa reconocen esta dimensión, aunque la ven como un ideal o un objetivo a largo plazo.
Estos tres conceptos demuestran que, para la Escuela Inglesa, las relaciones internacionales no son solo una lucha por el poder, sino un complejo entramado de interacciones donde el conflicto (sistema) y la cooperación (sociedad) coexisten, moldeados por la historia y los valores compartidos.
Del Sistema Internacional a la Sociedad: La superación de la anarquía entre Brasil y China
Inicialmente, la relación entre Brasil y China se ajusta al concepto de sistema internacional propuesto por la Escuela Inglesa. Ambos países operan en un contexto anárquico donde no existe una autoridad superior que regule sus interacciones. Por lo tanto, cada uno debe basar sus decisiones en los cálculos y la posición del otro. La retórica antichina de Jair Bonsonaro y la desconfianza estadounidense hacia la profundización de los lazos entre Brasil y China son claros ejemplos de esta lógica realista, donde cada potencia (en este caso, Brasil, China y EE. UU.) buscan asegurar su posición y evitar la dependencia.
Sin embargo, la relación entre Brasil y China ha evolucionado más allá de un simple cálculo de poder. El vínculo ha perdurado a pesar de los cambios de gobierno en Brasil, incluso bajo la presidencia de Bolsonaro quien, a pesar de su retórica, se vio obligado a ceder a la realidad económica. Esta resiliencia es un indicio de que ha emergido una sociedad internacional entre ambos países.
La existencia de esta sociedad se evidencia en varios puntos clave:
- Intereses y valores comunes: Brasil y China, se destacan como líderes del Sur Global, comparten el interés de diversificar sus socios comerciales y reducir su dependencia de las potencias occidentales. La búsqueda de un orden mundial más multipolar, donde los países emergentes tengan mayor voz, es un valor compartido que fomenta la cooperación.
- Reglas e instituciones comunes: La relación no se basa únicamente en un comercio transaccional. La cooperación en foros como los BRICS, la negociación de acuerdos para la trazabilidad de productos y la discusión sobre nuevas formas de cooperación (como los combustibles de aviación sostenibles) demuestran que ambos países han construido un conjunto de prácticas e instituciones que regulan su interacción y la hacen más predecible. La adopción de mecanismos de rastreo para productos agrícolas es un ejemplo de cómo establecen reglas mutuas para garantizar el flujo comercial fortaleciendo lazos y asegurando la continuidad de la relación comercial y de inversión.
- Diplomacia y mutuo entendimiento: a diferencia de Estados Unidos, China rara vez adopta un tono moralizador con Brasil. Esta práctica de respeto mutuo y no injerencia en los asuntos internos es una norma diplomática que fortalece la confianza y permite una relación más pragmática. Este enfoque contrasta con las presiones de EE. UU., que con sus políticas arancelarias y su intervención en el sistema político brasileño, demuestran una clara falta de consideración por la soberanía de Brasil.
“Nuestras relaciones se encuentran en su mejor momento histórico”, declaró el presidente chino, Xi Jinping, la semana pasada tras una llamada de una hora con el presidente Luiz Inácio Lula da Silva. “China apoya al pueblo brasileño en la defensa de su soberanía nacional y apoya a Brasil en la salvaguardia de sus legítimos derechos e intereses”, añadió. Xi también le dijo a Lula que China “está dispuesta a trabajar con Brasil para dar ejemplo de unidad y autosuficiencia entre los principales países del Sur Global”.
La Sociedad Mundial y los límites de la cooperación
El concepto de sociedad mundial también se asoma en la relación, aunque de manera más limitada. A pesar de la fuerte conexión entre los estados, existen preocupaciones a nivel de la sociedad civil. Muchos brasileños tienen una visión positiva de China, pero también la perciben como una potencia «autoritaria y represiva hacia las minorías». Además, hay críticas internas en Brasil sobre el desequilibrio comercial, donde el país exporta materias primas e importa bienes manufacturados, lo que podría perjudicar a su industria a largo plazo. Estos debates reflejan que la sociedad internacional entre los estados no se traduce automáticamente en una «sociedad mundial» de valores compartidos a nivel de los individuos.
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Conclusión
La relación entre Brasil y China es un claro ejemplo de cómo la Escuela Inglesa puede ofrecer un análisis más profundo. Va más allá de la mera competencia por el poder para reconocer que la anarquía del sistema internacional se ha visto moderada, por la construcción de una sociedad internacional basada en intereses comunes y normas de conducta compartidas. Aunque la relación no está exenta de tensiones y desafíos, el arraigo de sus lazos demuestra la capacidad de los estados para construir orden y cooperación incluso en un mundo multipolar.
China es un socio vital para Brasil como Brasil es un proveedor importante e indispensable para la economía del “gigante asiático” un país como su estatus de nación más poblada del mundo siendo un centro categóricamente clave para el comercio internacional.
La Escuela Inglesa que ha permanecido inexplorada; al identificar patrones de conducta en las relaciones de poder; ofrece un marco analítico importante y los aportes ocultos durante largo tiempo, son esenciales para una comprensión más rica y matizada de la política internacional. Reconocer y reevaluar la diversidad de enfoques históricos y analíticos de la Escuela Inglesa no sólo pone en relieve su contribución, sino que también enriquece el campo de las Relaciones Internacionales.
GB (R) PhD Oscar Armanelli
Ciencia Política UB
Defensa Nacional UNDEF
Profesor Universitario UA
Mg. Historia, Estrategia, Geopolítica, Ciencias Militares y Operaciones de Paz ACAGÜE Chile














