Las recientes cumbres de Alaska y Washington, donde se reunieron los líderes de las mayores potencias nucleares, han revivido el lenguaje y la semiología de la Guerra Fría. Para entender el complejo juego de poder que se desarrolla, podemos recurrir a la teoría del realismo ofensivo de John Mearsheimer; es un reconocido politólogo estadounidense y profesor de la Universidad de Chicago, conocido por ser uno de los principales teóricos del realismo ofensivo en las relaciones internacionales. Su importancia en el análisis de conflictos como el de Ucrania radica en que su teoría ofrece una perspectiva que se enfoca en el poder y la seguridad de los Estados, sin tener en cuenta ideologías o intenciones.
Este pensador, aclamado y criticado por su visión pragmática y sin concesiones, sostiene que las grandes potencias operan en un sistema anárquico y que su principal objetivo es la supervivencia, buscando siempre maximizar su poder relativo para garantizar su seguridad.
- ¿Por qué utilizar la teoría de Mearsheimer?
Usar la teoría de Mearsheimer es conveniente por varias razones claves, especialmente para analizar conflictos como el de Ucrania y entre sus aportes tenemos:
- Ofrece una visión realista y cruda: Mearsheimer es un exponente del realismo ofensivo, una teoría que se enfoca en el poder y la seguridad de los Estados. Su visión es que el mundo es anárquico y que los países buscan maximizar su poder para sobrevivir. Esto es útil porque elimina consideraciones ideológicas, morales o sentimentales que a menudo complican el análisis.
- Permite predecir comportamientos: Al asumir que los Estados actúan de forma racional en busca de poder, la teoría de Mearsheimer ayuda a predecir cómo se comportarán en ciertas situaciones. Por ejemplo, su teoría predijo que la expansión de la OTAN hacia las fronteras de Rusia sería vista como una amenaza existencial por Moscú, lo que eventualmente llevaría a una respuesta militar.
- Foco en la geopolítica: La teoría pone en primer plano la importancia de la geografía y las capacidades militares. Para Mearsheimer, la proximidad de Rusia y Ucrania, y el acceso al mar o a recursos estratégicos, son mucho más importantes que la ideología o la democracia. Esto proporciona una lente clara para entender por qué ciertos territorios son tan codiciados.
- Aclara el papel de las armas nucleares: Mearsheimer subraya que las armas nucleares son el factor más importante en la geopolítica. La posesión de estas armas limita las opciones de las superpotencias, obligándolas a actuar con cautela y a utilizar la diplomacia con más restricciones para evitar una guerra total.
En resumen, la conveniencia de usar la teoría de Mearsheimer radica en que da un marco analítico directo y sin rodeos para entender los conflictos internacionales. Permite ir más allá de las declaraciones públicas y los discursos políticos para ver las verdaderas motivaciones de los Estados, basadas en el poder y la seguridad. Es una herramienta poderosa para analizar los eventos geopolíticos de manera pragmática.
La guerra entre Rusia y Ucrania y el mito de las predicciones de Mearsheimer
- El juego de poder y la supervivencia estatal
Desde la perspectiva de Mearsheimer, los países no confían plenamente unos en otros y asumen que, en cualquier momento, uno puede usar la fuerza contra el otro. En este escenario, la única manera de sentirse seguro es siendo la potencia dominante. Esto explica por qué Rusia se opone tan ferozmente a la expansión de la OTAN, interpretándola no como una alianza defensiva, sino como una amenaza directa a su esfera de influencia y, por lo tanto, a su seguridad nacional. La guerra en Ucrania, vista a través de esta lente, no es simplemente un conflicto territorial, sino una manifestación trágica de esta lucha por el poder.
Como bien señaló el presidente Trump, el mundo ha visto a China acosando con sus negocios y a Rusia destruyendo con la guerra. La teoría de Mearsheimer ayuda a comprender esta distinción. China busca expandir su poder económico y tecnológico para desafiar la hegemonía estadounidense de manera indirecta, mientras que Rusia, una potencia en declive relativo, utiliza la fuerza militar para reafirmar su status y evitar que sus vecinos se alineen con el bloque occidental.
- Armas nucleares: el “Martillo” que forja la historia
La presencia de armas nucleares condiciona todas las negociaciones. En el realismo de Mearsheimer, las armas nucleares son el factor supremo que eleva la apuesta en el juego geopolítico. No son simplemente herramientas de agresión, sino la garantía última de la supervivencia de una gran potencia. Esto crea un equilibrio de terror que, paradójicamente, puede prevenir conflictos a gran escala, pero restringe la diplomacia. Los líderes no pueden negociar como en tiempos de George Kennan o Henry Kissinger porque la amenaza nuclear es un «martillo asiático» que impide un movimiento en falso, sabiendo que una escalada podría significar el Armagedón.
Las cumbres de Alaska y Washington, por lo mtanto, no son simplemente reuniones diplomáticas. Son un delicado juego de ajedrez donde cada movimiento está calculado, y las opciones son limitadas.
La declaración del Secretario de Estado Rubio sobre «recibir, pero también ceder» refleja la cruda realidad de la negociación entre potencias: no se trata de moralidad, sino de la distribución de poder. En este contexto, la rendición diplomática es vista como una debilidad que puede invitar a futuras agresiones, mientras que una guerra ruinosa sería la manifestación máxima del fracaso de la diplomacia.
En conclusión, la teoría de Mearsheimer nos ofrece una visión sombría pero realista. Nos obliga a ver el mundo como un tablero de ajedrez donde los países son jugadores racionales que buscan maximizar su poder.
En este escenario, las cumbres como las de Alaska y Washington no son solo eventos protocolares, sino un intento de gestionar la anarquía global sin caer en la catástrofe total. La semiología de la Guerra Fría que reaparece no es una coincidencia, es la lógica subyacente de un sistema que, según Mearsheimer, no ha cambiado.
- ¿Europa, es un espectador de lujo en este tablero de ajedrez?
La ausencia de Europa en la cumbre de Alaska se debe a la naturaleza específica de esa reunión, que la distingue de la de Washington.
La cumbre de Alaska fue un encuentro bilateral entre las dos mayores potencias nucleares, Estados Unidos y Rusia. A través de la lente de Mearsheimer que mencionamos, esta reunión se centró en el «juego» de alto riesgo del equilibrio estratégico y la disuasión nuclear. En ese tablero en particular, los principales jugadores son exclusivamente los que poseen los arsenales más grandes, ya que solo ellos pueden tomar decisiones que lleven a un conflicto nuclear global.
El rol de Europa, aunque vital en lo económico y político-militar, no incluye el control directo de su propio paraguas nuclear de disuasión a gran escala, que sigue estando, en gran medida, bajo la tutela de Estados Unidos a través de la OTAN.
Por eso, la cumbre de Washington fue la contraparte necesaria: ahí sí se reunieron los líderes europeos con el presidente Trump y Zelensky. En esa cumbre se abordaron las estrategias de la guerra convencional y de la diplomacia, donde Europa es un actor central y principal.
En resumen: Europa no estuvo en Alaska porque esa cumbre trataba del «juego del Armagedón» entre las dos superpotencias nucleares. Su lugar como jugador clave y protagonista se manifestó en la cumbre de Washington, donde se planificó la respuesta política, económica y convencional al conflicto.
Resumiendo, este escenario utilizamos la teoría del realismo ofensivo de John Mearsheimer para analizar las cumbres de Alaska y Washington y el conflicto en Ucrania. La teoría postula que los Estados buscan maximizar su poder para sobrevivir en un sistema internacional anárquico y es lo que está sucediendo actualmente.
En cualquier negociación para poner fin a un conflicto o a una guerra, cada parte debe estar dispuesto a ceder y negociar, las partes deben recibir, pero también ceder. En toda guerra se sufre y la sufren todos.
Las tratativas se dilatan mientras que en el frente militar siguen avanzando y persistiendo el desplazamiento por esta guerra desde el 2022.
Desde mi punto de vista, lo militares nos preparamos para la guerra, utilizando estrategias que combinan la disuasión con en el poder militar y el fortalecimiento para proteger la soberanía, ayudando a la construcción de la paz, la resolución de conflictos y la asistencia humanitaria.
“El verdadero soldado no lucha porque odia lo que hay delante de él, sino porque ama lo que hay detrás de él” G.K.Chesterton.
GB (R) PhD Oscar Armanelli
Ciencia Política UB
Defensa Nacional UNDEF
Profesor Universitario UA
Mg. Historia, Estrategia, Geopolítica, Ciencias Militares y Operaciones de Paz ACAGÜE Chile














