(Réplica al artículo publicado en este mismo medio el pasado día 29 de marzo titulado: La guerra entre Rusia y Ucrania y el mito de las predicciones de Mearsheimer por el profesor Patricio Giusto)
Antes de comenzar la réplica al distinguido y apreciado profesor Patricio Giusto, quiero destacar el carácter científico y no exotérico de los estudios sobre relaciones internacionales. Creo que todos estamos de acuerdo en que las teorías sobre el comportamiento de los Estados en el ámbito internacional es un campo notablemente desarrollado en el mundo anglosajón y del que, por desgracia, aun nos queda mucho camino por andar en el mundo hispanohablante.
La guerra entre Rusia y Ucrania y el mito de las predicciones de Mearsheimer
Si acudimos a la RAE (Real Academia Española) para conocer las posibles definiciones de mito, lo que nos ofrece son los siguientes resultados:
- m. Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico.
- m. Historia ficticia o personaje literario o artístico que encarna algún aspecto universal de la condición humana. El mito de don Juan.
- m. Persona o cosa rodeada de extraordinaria admiración y estima.
- m. Persona o cosa a la que se atribuyen cualidades o excelencias que no tiene. Su fortuna económica es un mito.
De acuerdo con el artículo del profesor Giusto, parece que la tercera y cuarta definiciones serían las que se ajustarían a lo que entiende que se ha convertido Mearsheimer a raíz de la actual guerra en Ucrania y sus declaraciones de 2015. Por lo que puede entenderse como una suerte de gracia sin fundamento el que en este momento se le tenga como referente. Y podría ser, pero quizás los tiempos escogidos no son los correctos para intentar desmitificar el método que hay detrás.
Entrando en materia, la descripción que el profesor Giusto hace de las tesis del profesor Mearsheimer adolece de lo fundamental, esto es, explicitar ¿cuál es la razón por la que las potencias buscan incrementar tanto su poder relativo como absoluto?, asunto no baladí ya que es la clave de toda su teoría. La respuesta está en la búsqueda de la supervivencia del Estado, esto es, buscan su seguridad.
Y, ¿qué grado de poder permite a una potencia sentirse segura? Pues según Mearsheimer, la hegemonía, al menos regional. Algo que EE.UU. tiene garantizado en el hemisferio occidental (por el momento) pero no es así en el caso de la RP China y Rusia.
Si entendemos el fundamento de la teoría, podemos entender que, no en 2015 sino en el momento en el que Mearsheimer publica “La tragedia de las grandes potencias” en 2001, es cuando establece el marco que nos permite entender el resultado de una acción reacción en un área lejana de dos grandes potencias (EUA y RP China) y en la mismísima frontera de la tercera (Rusia): la guerra de Ucrania de 2022.
Puestos a poner ejemplos, ¿qué sucedería, de acuerdo con la publicación de 2001, si Taiwán declarase su independencia? o ¿si China acordase con las autoridades cubanas abrir una base militar en Cuba? ¿alguien se imagina la reacción de EUA ante la existencia de laboratorios financiados por China en la frontera con Texas (del lado mexicano) como los que hemos conocido recientemente en Ucrania?
¿cuál es la razón por la que las potencias buscan incrementar tanto su poder relativo como absoluto?
Lo que nos dice el profesor norteamericano es que las potencias buscan incrementar su poder, relativo y absoluto, por razones de seguridad. Lo hace la RP China en el Mar de China y lo hace EE.UU. en el hemisferio occidental. Por tanto, cualquier interferencia de otra potencia en su área de influencia será percibida como una amenaza, y tendrá su respuesta.
De Mearsheimer lo que tenemos meridianamente claro, no solo por sus publicaciones sino por sus numerosas intervenciones públicas (disponibles en la red) es que la variable tiempo no es trascendental y que cada potencia se encuentra en un estadio diferente en cuanto a su percepción de seguridad y de riesgo de subsistencia. Incluso admite que no siempre se gana, a veces las potencias ceden en sus pretensiones en busca de un mejor momento.
Volviendo a los ejemplos, no es lo mismo que la RP China instale una división del PLA en Nicaragua a que EUA haga lo propio incrementando su presencia en Corea del Sur. Es evidente que Pekín percibe mayor riesgo en cualquier posible corte del golfo de Malaca y que a Washington le incomoda el simple hecho de que cazabombarderos chinos merodeen a bastantes millas de Taiwán (más cerca de China que de EUA).
Por otro lado, para Mearsheimer, las necesidades de seguridad de un Estado concreto lo son independientemente de quien esté al mando. Las necesidades existen y al Estado se le presupone la capacidad suficiente de sus elites para actuar racionalmente.
La racionalidad es un elemento que puede no estar alineado con el proceder del dirigente de turno (nos movemos en otro ámbito del realismo que Lobell, Ripsman, Taliaferro o Xuedong fundamentan de manera exquisita) pero que se le exige en beneficio de dicha seguridad (lamentables ejemplos recientes de ausencia de racionalidad se pueden ver en España en cuanto a las relaciones con el vecino Marruecos).
La posibilidad de que a Putin le hubiese sucedido un dirigente mas flexible con el expansionismo de la OTAN o permisivo con un mayor poder de la UE en la rusosfera (aquella que está en la mente de todo ruso y que son los límites que alcanzó el Zar Nicolas II) no es algo imposible, pero si improbable en una situación en la que el país (elites y ciudadanos) perciben la amenaza en sus fronteras. Para entender la posición de Mearsheimer podemos acudir a la preponderancia que éste da al nacionalismo frente a cualquier otra ideología.
Lo que está en juego es muy superior, por ello ¿estarían dispuestas las elites a permitir que un gobierno permeable a los intereses occidentales dirigiese sus designios? Parece altamente improbable, a Putin 1 le sucederá Putin 2. Salvo que suceda algo como lo que llevó a Lenin al poder (los marcos del Kaiser).
Un ejemplo histórico reciente de lo expuesto anteriormente cambió el mundo de los últimos cincuenta años. Esto es, la visita de Nixon a Mao. ¿Quién se podía imaginar que la democracia por excelencia llegaría a estrechar lazos tan fuertes con una “tiranía” como la de Mao? Esto también es realismo, y esto también es Mearsheimer. Ese era el movimiento racional, en ese momento, para ambos Estados en detrimento de la URSS.
no es lo mismo que la RP China instale una división del PLA en Nicaragua a que EUA haga lo propio incrementando su presencia en Corea del Sur
Por otro lado, la competición es un hecho indiscutible para Mearsheimer como lo es la posibilidad de colaboración en todo aquello que perciban las partes que les reportará mayor poder (aquí entra en juego la obtención de poder absoluto versus relativo). En este punto, el profesor Giusto no acierta en su análisis. Mearsheimer reconoce la posibilidad de que las potencias colaboren.
Por lo tanto, cuando el profesor Giusto se pregunta “qué fuerzas”, la respuesta de Mearsheimer son el nacionalismo y la percepción de peligro a la supervivencia del Estado en cuestión. No hay ideología superior al nacionalismo.
China, el ejemplo perfecto de Mearsheimer y un lugar donde “intelectualmente” se siente muy cómodo
En numerosas ocasiones, el profesor Mearsheimer ha reconocido que donde se siente intelectualmente más cómodo es en Pekín (y en Moscú). Es donde le entienden bien y no en Washington.
En modo alguno Mearsheimer se siente incómodo, sino que forma parte de su explicación cómo China gestiona el ascenso y el conflicto con los EUA. Para el profesor norteamericano, conflicto no significa irremediablemente guerra, y el conflicto es permanente desde hace años y muy bien gestionado por Pekín versus Washington.
Sin lugar a duda, Washington procurará que el conflicto alcance un grado que Pekín no se pueda permitir “sacando” a éste del tablero económico, tecnológico y político hacia una deriva de conflicto armado. No es la potencia en ascenso la que en este momento puede plantear una “guerra abierta” en sus fronteras mas inmediatas y lejos de la “isla norteamericana”. Hay numerosas cuestiones urgentes para Pekín antes que iniciar un conflicto armado. Y esto es algo que el profesor Mearsheimer explica muy bien.
Para el profesor norteamericano, conflicto no significa irremediablemente guerra
Pero todo llegará, una potencia (ya menos hegemónica que antes) se siente amenazada por la potencia en ascenso y la potencia en ascenso busca la hegemonía regional. La lucha por el poder (tanto absoluto como relativo) es una constante desde hace décadas, y no hay nada más detrás de todo ello que incrementar la “sensación de seguridad” y, por ende, las posibilidades de supervivencia.
Al profesor norteamericano le incomoda China, sí, pero no como científico sino como norteamericano. Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.














