En entrevista exclusiva con Reporte Asia, el fundador de Peabody y actual presidente de la Asociación Civil Coreana reflexionó sobre el éxito de Corea y la actualidad argentina, y adelantó las actividades que se organizarán para celebrar los 60 años de la inmigración coreana en el país.
– Recientemente volviste a Corea después de 10 años, ¿qué fue lo que te encontraste?
Me pareció que Seúl es muy superior a otras capitales del mundo. La manera como Corea crea la cultura y cómo la difunde y la exporta, el gusto estético y artístico que tiene al decorar un negocio, un restaurante o un producto, es increíble. Tienen gran cantidad de museos y generaron unos contenidos culturales veinte veces mejor que, por ejemplo, Nueva York. Estuve en el Dongdaemun Design Plaza y me pareció excepcional. Últimamente han podido, a través de la utilización de la tecnología digital y de la IA, crear exhibiciones que no he visto en ningún otro lugar.
Y hace 10 años atrás, por ejemplo, no había un restaurante bueno allá como para comer comida italiana. Ahora había restaurantes italianos en cualquier lugar donde se podía comer mejor que en Italia. Entonces me empecé a preguntar por qué, y me doy cuenta de que los coreanos son muy obsesivos. Cuando toman un proyecto o desafío, tratan de “llegar lo más lejos posible”. Hay una expresión en coreano que dice eso.
– ¿Cómo se permean los valores o la tradición coreana en los productos de Peabody?
Hace muchos años atrás, yo siendo un empresario de electrodomésticos, había observado que empresas que hacían arroceras eléctricas en Corea, como Cuckoo, habían sacado al público modelos de 1000 dólares. Era una locura total, y yo me reí, porque se podían conseguir arroceras por 20 dólares. Obviamente, en esa arrocera tan cara, el arroz sale con un sabor totalmente diferente, pero me parecía ridículo. Yo no podría tener ese producto, porque el mercado sería muy limitado. Pero con esa obsesión, lo que hicieron los coreanos fue aumentar la calidad y tratar de obtener lo mejor posible. Eso fue una estrategia comercial de estas empresas, que desarrollaron la mejor tecnología posible para arroceras. Y esa obsesión se nota en todo lo que hacen. Ya sea para una empresa automotriz como Hyundai o Kia, que hacen automóviles, o Samsung con los teléfonos celulares y televisores, o una persona a la que le gusta la comida italiana y quiere hacer la mejor comida italiana posible en Corea, los coreanos tienen eso: viajan al exterior, se enamoran de algo, y al volver se obsesionan y quieren llegar hasta el último grado posible de desarrollo.
Esa obsesión de los coreanos es un ADN que evidentemente yo heredé y aprendí trabajando en una empresa coreana, lo cual me ayudó muchísimo a formar y dar entidad luego a mi propia empresa. Me acuerdo que a fines de la década del 80 en Corea estaba de moda un manga japonés que se llamaba “El Rey del Sushi”. Narraba la historia de un chico en Japón que preparaba sushi, y cuenta cómo se llega a convertir en el mejor sushiman del Japón. El presidente de la empresa donde yo trabajaba había comprado cientos de ejemplares y le pidió a todos los empleados que lo leyeran. El propósito era que viéramos lo obsesivo que era el personaje preparando sushi. Entonces el estándar que aprendí y apliqué para mi empresa fue totalmente diferente a lo que se acostumbra acá.
– ¿En qué se diferencia esto con lo que se estila en Argentina?
Un ser humano da lo mejor de sí en un contexto de competencia donde luego hay recompensa. Y en Argentina lamentablemente la cultura de la competencia existe solamente en lo deportivo. Los argentinos somos muy competitivos en el fútbol, donde hay prestigio y beneficio económico, donde hay ansia del logro colectivo de la sociedad. Pero lamentablemente no existe esa cultura en otro aspecto de la sociedad, menos en una compañía y en relación a lo económico. Nadie piensa ser el mejor del mundo para producir autos. Y en Corea sí pasa, porque es una sociedad muy competitiva. El sistema educativo de Corea es duro, y por eso es tan estresante vivir allá, pero el único recurso que tiene Corea es el recurso humano. Entonces tienen que tener lo mejor en educación y desarrollo porque de eso depende su supervivencia.
Siendo industrial acá, escuchaba frecuentemente frases como “Este nivel de calidad está bien para Argentina”, como diciendo “la gente compra cualquier cosa”. Cuando hay un mercado cerrado y protegido, cuando están cerradas las importaciones, cuando el público no puede acceder, entonces compra cualquier cosa. Esa diferencia abismal se nota cuando uno abre una heladera Samsung o LG contra una heladera nacional, porque durante años los industriales argentinos se han conformado en hacer un estándar tirando para abajo. Obviamente, con una economía cerrada y siendo un país tan lejano con tantos problemas logísticos, es muy difícil encontrar en el mercado argentino ese estándar. Y para eso tuvimos que trabajar muchísimo más en la empresa. Pero yo creo que esa cultura coreana de obsesión, de dar lo mejor y del esfuerzo, me ha ayudado mucho a forjar la empresa que tenemos en este momento. Mi ADN coreano no me permitía aceptar el conformismo.

– ¿Qué rol ves que juega la cultura en este crecimiento exponencial de Corea en los últimos años?
Yo creo que Corea es el país que más ha exportado cultura en los últimos 15 años, después de los Estados Unidos, obviamente.
En la década del 2000, los coreanos mandaban idols a Estados Unidos, que ya eran muy famosos en Asia, y viajaban en colectivo visitando diferentes ciudades haciendo gira. Y fracasaron, porque no pudieron entrar al mercado mainstream de la música de los norteamericanos. Pero pocos años más tarde explotó Gangnam Style de Psy a través de YouTube. Ya no se necesitaba viajar con micro ciudad por ciudad para darse a conocer. El país que mejor aprovechó este tipo de plataformas fue Corea.
En este viaje me di cuenta de que Corea dejó de ser un país que produce bienes o artículos. Sí, sigue fabricando autos, barcos y celulares, pero Corea superó a Italia como país exportador de cosméticos y tiene el 25% de market share de EE. UU. en exportación de cosméticos. ¿Desde cuándo el mundo consume cosméticos coreanos? Todo esto es porque la percepción de imagen de Corea cambió. Cuando uno compra un perfume francés, la percepción es “Es París, la cultura francesa es glamorosa”. Y uno compra esa imagen. Bueno, ahora la gente compra cosméticos coreanos pensando en la imagen de ese país.
La industria manufacturera en Corea está pasando de moda, y la cultura se convierte en algo transable. La cultura no tiene competencia, tiene autenticidad, y nada produce más valor agregado que la cultura. Me deslumbró la capacidad que tienen los coreanos de crear y exportar contenidos culturales. Y nosotros tenemos que aprender eso.
– ¿Cómo se podría explicar la incorporación de las empresas coreanas a la cultura?
En este viaje fui a conocer el Museo Leeum, de la familia Lee, fundadora de Samsung. El anterior dueño de Samsung, antes de fallecer, construyó el museo y donó toda su colección de arte, que se dice está valorada en más de 10 mil millones de dólares. Y el museo es gratuito. Al salir, en una avenida cercana, había un local que vendía solamente discos de vinilo. Me extrañó porque el nombre del local era “Tarjeta de crédito Hyundai”. Y yo pensaba “¿Qué tienen que ver los vinilos con Hyundai?”. Tiene una terraza con un café que se maneja como un lounge para quienes tienen la tarjeta de crédito de Hyundai. Si bien cualquiera puede ingresar, se ofrece 30 o 40% de descuento a los clientes de esa tarjeta a manera de fidelizarlos.
– ¿Qué ves hacia el futuro?
Argentina está festejando en estos momentos haber obtenido el superávit energético más importante de los últimos 20 años, y quizás en el año 2030 el superávit energético supere al ingreso de divisas del sector de alimentos. Para Argentina sería como tener dos Pampas Húmedas. Todo esto es muy importante para el país en términos de mejora de ingresos y de crecimiento económico. Pero, ¿cómo haría Argentina para crear una industria en el sector de hidrocarburos que compita a nivel mundial con países como China o Arabia Saudita?
Yo creo que Argentina tiene una enorme oportunidad, pero me gustaría que deje de tener este modelo de extracción. Se entiende que el gobierno necesita, a través del RIGI y de ciertas garantías legales, reactivar la economía. Las empresas que entren con el RIGI van a invertir y es lo que hacía falta en el país, pero ahora el desafío es cómo hacemos para que toda esa inversión pueda derramarse en la sociedad, cómo Argentina va a capitalizar esa inversión, cómo a través de esas industrias se creará empleo.
– Mucho se ha hablado del éxito o fracaso del modelo de Tierra del Fuego a través de los años. ¿Creés que ha ayudado al desarrollo de la industria argentina?
Está demostrado que el modelo de Tierra del Fuego es inadecuado. Corea también tuvo algo similar, donde durante años protegieron a la industria electrónica para que pudiera competir, exportar y crecer. Sin ese intervencionismo estatal no tendríamos empresas como Samsung o LG, pero el régimen de Tierra del Fuego ya tiene 50 años. ¿Qué logró Argentina en términos tecnológicos o de competitividad de importaciones en la industria de los electrodomésticos? No logró nada.
En el año 2012, cuando llegó el iPhone a Corea, Samsung tenía un smartphone que se llamaba Omnia. Era un desastre, todo el mundo se quejaba. Entonces iPhone se quedó con el mercado. ¿Y qué hizo Samsung? No le pidió proteccionismo al gobierno, se puso a competir y desarrolló el Galaxy. Hoy tienen el mayor market share de teléfonos celulares.
Ese esfuerzo es lo que faltó lamentablemente en la Argentina. En Argentina se arman alrededor de 2 o 3 millones de televisores por año, ni siquiera se desarrollan. Hay ingenieros que saben cómo funciona y cómo se podría fabricar, pero no se creó una escuela de ingenieros que sean capaces de diseñarlo. No hay una industria realmente basada en conocimiento y competitividad. Y yo soy industrialista. Creo que la Argentina tiene que tener desarrollo industrial porque tiene 50 millones de habitantes, y solamente con explotación de recursos naturales no puede garantizar nivel de vida a toda la población. Tiene que haber un trabajo mancomunado entre el empresariado y el gobierno, y una política industrial real, como sucedió en Corea.
– El 2025 es un año muy especial para Corea y la comunidad en el país. ¿Qué actividades se están organizando para celebrarlo?
Es un año muy importante porque se cumplen el 60° aniversario de la inmigración coreana y también los 80 años de la independencia de Corea. La Asociación Civil de Coreanos en Argentina va a estar presente por primera vez en la Feria del Libro con un stand de 34m2 en donde tendremos la presencia de tres autoras de Corea. Va a venir Keum Suk Gendry-Kim, que es una autora e ilustradora coreana que vivió durante 18 años en Francia, y cuyos libros se han publicados por Random House y son best seller en Amazon. También va a venir Yoon Sunme, la traductora al español de la ganadora del Nóbel de literatura, Han Kang. Y además vamos a traer a una poeta coreana, Moon Chunghee, que es actualmente la presidente de la Asociación de Escritores de Corea. Por otro lado, desde la Asociación Civil y la Fundación Manyoung que yo presido, vamos a publicar un libro de Historia de las Religiones de Corea, que tratará del chamanismo, confucianismo, budismo y cristianismo en Corea. Realizaremos el evento Haru Korea Fest en noviembre, que a diferencia de años anteriores va a ser de dos días, en la Plaza República Oriental del Uruguay en Palermo. Invitamos además a una soprano coreana para el festejo del 60° aniversario, que compartirá escenario con la Sinfónica Nacional en el Palacio Libertad a principios de noviembre. Por otra parte, vamos a colaborar en el Congreso de Estudios Coreanos que se realizará en la Facultad de Derecho de la UBA y en la Universidad Austral, entre otras actividades.
Licenciada en Estudios Orientales (Universidad del Salvador). Especialista en Relaciones Públicas. Cuenta con una diplomatura superior en Educación, Imágenes y Medios (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales). Tiene una Maestría en Industrias Culturales, Política y Gestión (Universidad Nacional de Quilmes). Es profesora de la clase sobre Japón en la materia Procesos Interculturales, de la Maestría de Diversidad Cultural (Universidad Nacional de Tres de Febrero). Imparte cursos de capacitación sobre historia, cultura y protocolo de China, Corea y Japón (Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco).














