Ishiba se aferra al poder en Japón tras derrota electoral

Shigeru Ishiba

El primer ministro japonés, Shigeru Ishiba, enfrenta una tormenta política sin precedentes tras la aplastante derrota del gobernante Partido Liberal Democrático (LDP) en las elecciones a la Cámara Alta del domingo. A pesar de las crecientes llamadas a su dimisión desde dentro de su propio partido y de la oposición, Ishiba se aferra a su puesto, invocando la «responsabilidad» como su principal justificación para permanecer en el cargo. Su decisión, sin embargo, ha encendido una revuelta interna que podría culminar en un desafío a su liderazgo, especialmente si las inminentes negociaciones arancelarias con Estados Unidos no avanzan sin problemas.

La derrota del domingo marca la tercera consecutiva para el LDP, una situación inédita para un partido que ha gobernado Japón de forma casi ininterrumpida desde 1955. La racha de fracasos comenzó con las elecciones a la Cámara Baja en octubre de 2024, que ya relegaron a la coalición de Ishiba a un gobierno minoritario, seguida por la votación de la asamblea metropolitana de Tokio el mes pasado. En esta última contienda, el LDP y su socio de coalición, Komeito, se quedaron a solo tres escaños de mantener la mayoría en la Cámara Alta, obteniendo solo 47 de los 125 escaños en disputa, lo que deja a la coalición con un total de 122 diputados, frente a los 141 que poseía antes de los comicios.

La justificación de Ishiba: una «responsabilidad» cuestionada

En una tensa conferencia de prensa, Ishiba intentó justificar su permanencia en el cargo, repitiendo la palabra «responsabilidad» hasta en diez ocasiones. Argumentó que su deber no es dimitir y asumir la culpa de la derrota, sino permanecer como primer ministro para avanzar en las políticas. «El camino que tenemos por delante es ciertamente espinoso», dijo Ishiba. «Profundizaré las discusiones con otros partidos y haré todo lo posible por el país».

Esta postura contrasta drásticamente con la que Ishiba adoptó en 2007, cuando, tras una derrota electoral similar en la Cámara Alta, instó al entonces primer ministro Shinzo Abe a dimitir. Preguntado sobre este cambio de opinión dieciocho años después, Ishiba afirmó que en aquel momento solo le había dicho a Abe que «necesitaba ganarse la comprensión del pueblo» sobre por qué debía permanecer en el cargo, y que en esta ocasión, él mismo ha explicado a fondo sus razones para no dimitir.

Ishiba enfatizó que el LDP sigue siendo el partido con mayor número de legisladores y, por lo tanto, tiene la responsabilidad de abordar cuestiones cruciales como los aranceles, la inflación y los desastres naturales. Sin embargo, su insistencia parece no haber convencido a sus propios compañeros de partido, que lucían semblantes severos durante la conferencia de prensa.

La revuelta interna del LDP: «Los miembros más jóvenes están frustrados»

La frustración dentro del LDP es palpable. Miembros de alto rango expresaron duras críticas contra el primer ministro en una reunión de altos funcionarios del partido celebrada antes de la conferencia de prensa. Tatsuo Fukuda, secretario general ejecutivo en funciones del partido, reveló haber recibido alrededor de 20 llamadas de legisladores del LDP. «Por favor, tenga en cuenta que los miembros más jóvenes están frustrados e insatisfechos», le dijo Fukuda a Ishiba, quien no ofreció una respuesta clara.

La decisión de Ishiba de mantener a todos los altos ejecutivos del LDP, incluido el secretario general Hiroshi Moriyama, también está siendo cuestionada. Taro Kono, quien renunció el lunes como presidente interino del comité de estrategia electoral del LDP, no tardó en expresar su descontento en X (anteriormente Twitter): «Aunque el primer ministro no dimita porque está en medio de las negociaciones arancelarias, es extraño que el secretario general, el responsable de las elecciones, aún no haya presentado su dimisión». Kono advirtió que «a menos que el LDP aborde cuestiones como esta, no habrá una reactivación para el partido».

La desbandada podría no terminar con Kono. Un alto funcionario del LDP afirmó estar «listo para dimitir en cualquier momento», mientras que otro funcionario de alto rango del gobierno cuestionó la coherencia de Ishiba: «Me pregunto si es correcto que alguien que presionó a Abe para que dimitiera después de una derrota electoral, siga sirviendo como primer ministro después de perder tanto las elecciones de la Cámara Baja como las de la Cámara Alta».

La etiqueta «#ExigimosLaDimisionDeIshiba» ya está en tendencia en X y ha sido adoptada por miembros del LDP de asambleas locales en Tokio, Fukushima, Yamaguchi y otras prefecturas. «Mantenerse en el cargo después de perder tres elecciones consecutivas es impensable», publicó otro legislador local del LDP. Incluso la rama del LDP en la prefectura de Kochi ha decidido solicitar formalmente la dimisión de Ishiba como presidente del partido, citando su responsabilidad por el resultado de las elecciones.

La facción anti-Ishiba dentro del LDP podría crecer aún más. Taro Aso, asesor supremo del partido y líder de la única facción restante del LDP (Shikōkai), se reunió con miembros de alto rango de su facción el domingo por la noche en Tokio para discutir opciones. Aso, quien fue primer ministro durante un año antes de dimitir en 2009, tiene un historial de confrontación con Ishiba, quien en su momento se unió a los esfuerzos para forzar la salida de Aso. Si Aso exige la salida de Ishiba, el gobierno podría quedar paralizado.

El desafío de los aranceles de EE.UU. y la amenaza de moción de censura

El futuro político de Ishiba también está intrínsecamente ligado a las negociaciones comerciales con Estados Unidos. El presidente de EE.UU., Donald Trump, tiene previsto imponer aranceles «recíprocos» del 25% a las importaciones japonesas el 1 de agosto. Si estas negociaciones arancelarias no avanzan sin problemas, los detractores de Ishiba podrían usarlo como una razón de peso para derrocarlo. Los datos recientes ya muestran un impacto: las exportaciones de Japón cayeron por segundo mes consecutivo en junio de 2025, con una disminución del 0.5% interanual, mientras que las exportaciones a EE.UU. se desplomaron un 11.4%, impulsadas por una caída del 26.7% en los automóviles, un sector crucial para la economía japonesa.

La situación se complica aún más por el hecho de que la coalición gobernante del LDP y Komeito carecerá de mayoría en ambas cámaras de la Dieta. Esto hace que la colaboración con los partidos de la oposición sea clave para que la legislación avance. Sin embargo, los partidos de la oposición se niegan a formar una coalición con el lado de Ishiba. Yuichiro Tamaki, líder del Partido Democrático para el Pueblo (DPP), declaró en una transmisión de NHK el domingo: «Me pregunto si el gobierno de Ishiba continuará. No tenemos absolutamente ninguna intención de cooperar con un gobierno que no cumple sus promesas». El DPP, que obtuvo 17 escaños en la Cámara Alta, se siente «traicionado» por la coalición LDP-Komeito desde el año pasado.

Yoshihiko Noda, líder del Partido Democrático Constitucional (CDPJ), el principal partido de la oposición que obtuvo 22 escaños, ha señalado que su partido presentará una moción de censura contra el gabinete. Si esta moción prospera, la constitución exige que Ishiba disuelva la Cámara Baja o dimita del gabinete en un plazo de 10 días. Dada la derrota electoral del LDP, los partidos de la oposición tendrían pocas razones para oponerse a tal moción. Para sobrevivir, Ishiba probablemente se vería obligado a hacer grandes concesiones, como aceptar un gasto adicional significativo, lo que complicaría aún más las ya ajustadas finanzas del estado.

La elección también fue testigo del notable avance del partido de derecha Sanseito, que ganó 14 escaños, sumándose al único que ya tenía. Lanzado en YouTube, el partido ha ganado atractivo con su campaña «Japón Primero», arrastrando una retórica que antes era marginal al mainstream. El éxito de Sanseito podría marcar la llegada de la política populista a Japón, un país tradicionalmente más estable en su panorama político. Sanseito aboga por «reglas y límites más estrictos» a la inmigración, se opone a las «políticas de género radicales» y exige una reconsideración sobre la descarbonización y las vacunas.

Analistas sugieren que el ascenso de Sanseito podría «alimentar más sentimientos conservadores y populistas en Japón». Esta tendencia «podría empujar al país hacia una política exterior más agresiva y de línea dura, aumentando la incertidumbre en la dinámica de seguridad regional».

Ishiba ha programado una reunión con legisladores de ambas cámaras del parlamento para el 31 de julio, un evento que, según se ha dicho, servirá como un foro para que los miembros «liberen tensiones», sin que se tomen decisiones importantes. Sin embargo, los estatutos del LDP estipulan que el partido puede forzar una elección para un nuevo presidente si la mayoría de los delegados prefecturales y los legisladores nacionales lo exigen.

Con la creciente presión interna, la amenaza de aranceles estadounidenses inminentes y una oposición unida en su contra, los días de Shigeru Ishiba como primer ministro de Japón parecen contados. La «responsabilidad» que invoca podría ser su última baza en un juego político de alto riesgo, donde la estabilidad de la cuarta economía más grande del mundo pende de un hilo.

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Colaboradora en ReporteAsia.