En 2025, la relación comercial entre Estados Unidos y China ha dejado de ser simplemente una tensión bilateral para convertirse en el eje de una reconfiguración global. Donald Trump, con su «Liberation Day» y su estrategia de aranceles masivos, no solo rompió con el libre comercio tradicional: inició una era de «multilateralismo preferencial», un concepto que resuena con fuerza en la agenda estratégica norteamericana.
La idea no es nueva. Como señala Robert Lighthizer, ex representante de Comercio de EE.UU., la liberalización comercial solo fue funcional mientras benefició a los intereses geoestratégicos de Washington. En su libro «No Trade is Free», Lighthizer sostiene que China abusó del sistema multilateral para expandir su poder sin ofrecer reciprocidad: exigió asociaciones obligatorias a empresas extranjeras, robó propiedad intelectual, y moldeó un ecosistema productivo con disciplina autoritaria y subsidios encubiertos.
La Oficina del Representante para el Comercio de Estados Unidos (USTR, por sus siglas en inglés), donde se desempeñó Lighthizer, publicó un informe que marca una continuidad de políticas desde el primer gobierno de Trump e incluso durante la administración Biden. En sus casi 400 páginas está la respuesta a la sobrerreacción de Trump frente a los chinos, de hecho cerca de 50 páginas son un análisis sobre las prácticas desleales en el comercio por parte de China.
Bajo esta óptica, la reacción de Trump no es una anormalidad proteccionista, sino una respuesta realista a una asimetría estructural. Ya no se trata solo de balancear las cuentas externas, sino de contener una amenaza sistémica.
La estrategia no busca renegociar reglas sino crear otras: alianzas cerradas con países democráticos, apertura selectiva de mercados y exclusión de autocracias que no respetan principios de competencia justa. Es el nacimiento del multilateralismo preferencial.
Este nuevo enfoque fue respaldado incluso por figuras del partido demócrata y expertos como Rush Doshi y Kurt Campbell. Ambos, en documentos estratégicos del Consejo de Seguridad Nacional, advierten que la mejor manera de enfrentar a China no es con discursos morales, sino con estructuras de cooperación robustas que excluyan prácticas predatorias. En sus palabras, se trata de construir «una red de aliados que limite la penetración china en sectores clave».
Albert Hirschman, en su obra clásica de 1945 – «El Poder Nacional y la Estructura del Comercio Exterior»-, ya había anticipado que el comercio puede ser usado como herramienta de dominación. La dependencia comercial no es neutra: puede generar coerciones que limiten la soberanía. No es menor que Hirschman haya sido mentor en la década del ´60 del ex presidente brasileño Fernando Henrique Cardoso, en su teoría de la dependencia.
En este sentido, Trump y Lighthizer aplicaron una lectura hirschmaniana del conflicto con China: reducir la dependencia de productos chinos, estimular cadenas de suministro regionales y condicionar la apertura a reciprocidad efectiva.
Las medidas no se limitaron a lo simbólico. En 2024 y 2025, Estados Unidos impuso tarifas adicionales del 50% a miles de productos chinos, retiró el estatus de Nación Más Favorecida y condicionó el acceso al mercado interno a que China dejara de subsidiar industrias clave. A su vez, se promovió la repatriación de inversiones y la producción local de minerales críticos, energía limpia y microelectrónica.
El «decoupling estratégico» no es una declaración ideológica, sino una praxis sostenida. Se cristaliza en el veto de Trump a exportaciones de chips de IA a China, en la prohibición de operaciones de TikTok sin sede estadounidense, y en los nuevos acuerdos comerciales con países del sudeste asiático y América Latina que incluyen cláusulas ambientales, laborales y tecnológicas restrictivas para Beijing.
Mientras tanto, China responde con una visión sistémica propia. No hay improvisación: desde su ingreso a la OMC en 2001, ha articulado un modelo de desarrollo que prioriza la producción industrial, el ahorro forzoso y la acumulación de reservas. Su estrategia es confuciana: no confrontar, sino rodear. El juego del Go, y no el ajedrez, marca su pensamiento.
Sin embargo, como advierte Lighthizer, ese juego ahora está interrumpido. Trump pateó el tablero. Y en esa jugada, expuso que la competencia no es por eficiencia, sino por hegemonía. La globalización liberal está siendo reemplazada por un orden comercial fragmentado, basado en alianzas de conveniencia ideológica y afinidad estratégica: Preferential Plurilateralism.
La clave estará en la capacidad de los países intermedios para leer correctamente el tablero. No se trata de elegir entre China o Estados Unidos, sino de comprender las nuevas reglas: reciprocidad, transparencia, cumplimiento normativo y soberanía productiva. El futuro del comercio será, inevitablemente, selectivo.
Trump, guste o no, ha acelerado ese viraje. El pragmatismo ha reemplazado al dogma del libre mercado. La disyuntiva ya no es proteccionismo versus apertura, sino con quién se comparte el mercado y bajo qué condiciones. La competencia global ahora se da entre modelos de organización económica, no solo entre empresas.
Lighthizer lo sintetizó con claridad: «La era de la rendición económica ha terminado». En esta nueva etapa, solo sobrevivirán quienes comprendan que el comercio ya no es libre, ni gratuito, ni ingenuo. Es geopolítica pura. Y el que no se prepare, perderá su lugar en el nuevo tablero global.
Es licenciado en Economía con Diploma de Honor de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Argentina. Actualmente es consultor independiente, asesorando a instituciones financieras y empresas privadas de diferentes industrias. En los últimos 30 años ha desarrollado su actividad en instituciones financieras, públicas y privadas. Se ha desempeñado como Director del Banco de la Ciudad de Buenos Aires, Director del Banco de Corrientes, Vicepresidente del Banco de Inversiones y Extranjero (BICE) y Gerente General del Banco de Crédito Argentino, entre otras funciones. En el ámbito empresarial, dirigió la consultoría Macroeconómica, entidad especializada en economía y finanzas. Ha sido Director General del Ministerio de Hacienda de la Nación (1975-1977) y Economista Jefe de FIEL, Fundación Latinoamericana de Investigaciones Económicas (1971-1975). Desde el 2000 se ha especializado en Economía China y sus repercusiones globales y regionales.
Co-fundador de Reporte Asia.















