El anuncio del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de imponer aranceles draconianos a las exportaciones hacia EE. UU. desde prácticamente todos los países del mundo es un acto de tal hostilidad que, en otras épocas, habría sido considerado incluso como un preludio a un conflicto militar. Con esta acción, la línea entre ‘guerra’ y ‘paz’ se ha vuelto aún más borrosa, lo que evidencia las complejidades de la transición multidimensional y turbulenta hacia la ‘multipolaridad’ que EE. UU. intenta frenar e incluso revertir. Cualesquiera sean los avances hacia la multipolaridad, Estados Unidos quiere asegurarse de seguir siendo el actor dominante en todas las regiones. EE. UU. no tiene aliados permanentes, ni enemigos eternos, solo intereses permanentes. La política arancelaria beligerante se alinea directamente con las amenazas de la administración de anexar territorios soberanos —Canadá, Groenlandia, Panamá, México— por la fuerza. Primacía global, por cualquier medio necesario…
Primero vinieron por China, pero…
Lo que en un principio parecía un intento de contener y someter a China, se ha convertido ahora en una declaración de guerra económica a escala global, sin importar el estatus de los países, como una estrategia para subordinar al mundo al poder de EE. UU. Ningún aliado ha sido salvado, incluidos la Unión Europea y el Reino Unido —que presume de su ‘relación especial’ con EE. UU. ante quien quiera escuchar—. Incluso Israel ha recibido un arancel del 17 %.
Este movimiento radical es un intento —que bien podría salirle el tiro por la culata— de mostrar al mundo quién manda, y de que EE. UU. sigue siendo la potencia dominante frente a cualquier rival. No se veía una estrategia proteccionista similar desde los aranceles Hawley-Smoot de la década de 1930, durante la Gran Depresión. De un plumazo, el presidente Trump ha prácticamente desmantelado el orden comercial internacional. Parte importante de esa decisión radica en invocar supuestas amenazas a la seguridad nacional, lo que permite a EE. UU. aplicar leyes de emergencia internas y alegar excepciones a las normas de la OMC que prohíben los aranceles.
Pero 2025 no es 1930, y las economías global y estadounidense están más interconectadas que nunca. La recesión en una región o economía impacta a otras, y el colapso actual del mercado bursátil estadounidense —sin precedentes en la memoria reciente (mayor incluso que el de 2008 y los efectos de la pandemia)— ya ha provocado reacciones en cadena en otros mercados. Algunas estimaciones sobre los efectos económicos sugieren pérdidas de casi 1,5 billones de dólares en la economía mundial.
Y en términos geopolíticos, la guerra arancelaria está acercando a potencias que anteriormente se mostraban reacias a colaborar, como China, Japón y Corea del Sur.
¿Una economía mundial fracturada?
Aún está por verse si los aranceles de EE. UU. fracturarán seriamente la economía global. Después de todo, incluso los autos “fabricados en América” por Ford dependen de piezas manufacturadas y suministradas por docenas de países. Eso difícilmente cambiará en el corto plazo, lo que llevará a un aumento de precios para los consumidores estadounidenses y alimentará la inflación. También podría alentar a las empresas estadounidenses a volverse contra Trump, a menos que él desvíe parte de los ingresos arancelarios hacia sus bolsillos.
Además, los movimientos tentativos de China, Japón y Corea del Sur son defensivos, con el objetivo de mitigar el impacto de los aranceles estadounidenses, no de formar un bloque contra EE. UU. Y el arancel de represalia inicial de China sobre importaciones estadounidenses por 20.000 millones de dólares —una cifra relativamente baja— contrasta con los aranceles estadounidenses sobre exportaciones chinas por 450.000 millones. China ha anunciado un arancel de represalia del 34 %, lo que suma unos 48.000 millones adicionales. No obstante, si se consideran también los altos aranceles estadounidenses sobre Camboya y Vietnam, en particular, los aranceles sobre China resultan aún más significativos. Estos presionarán a las empresas que usan a China como base de manufactura y que luego reexportan esos productos a EE. UU. a través de Vietnam y Camboya.
¿Locura metódica de Trump?
Los aranceles de Trump no deben verse como arbitrarios. Han sido calculados en detalle. Y el arancel aplicado no solo responde a los aranceles recíprocos que otros imponen sobre productos estadounidenses, sino también a una gama de otros factores. Al parecer, los funcionarios económicos de EE. UU. asignan un número a cada país. Ese número se basa en el arancel que ese país aplica a bienes estadounidenses y en regulaciones de manufactura, subsidios, valores monetarios, que EE. UU. alega impactan en los costos de producción. Cualquiera sea el número final asignado, se divide por dos para calcular el nivel del arancel. Así, a China se le asigna un 67 y, por lo tanto, el arancel se fija en 34 %. Pero como ya se había aplicado un arancel del 20 % a China, el arancel actual asciende a 54 %. El ‘número’ de la UE es 39, por lo que su arancel es del 20 %.
Y los países para los cuales no se aplica un arancel recíproco han sido golpeados con un cargo del 10 % para evitar que las empresas trasladen la producción a esos estados.
Dinero, dinero, dinero
Se estima que el Tesoro de EE. UU. podría beneficiarse con hasta 700.000 millones de dólares anuales por los impuestos a las importaciones. ¿A dónde irá ese dinero? Difícilmente servirá para reducir significativamente la deuda total —que se sitúa en 36 billones de dólares—. Incluso los pagos anuales de intereses de la deuda gubernamental ascienden en este momento a cerca de un billón de dólares, y siguen aumentando. Lo más probable es que la mayor parte del ingreso externo vaya a parar a los bolsillos de los grandes fabricantes de armas y como subsidios a empresas y agricultores en estados pro-Trump.
Los estados rojos MAGA serán los más golpeados
Los estados gobernados por republicanos, con economías fuertemente ligadas a la agricultura, la manufactura dependiente de componentes importados o las exportaciones vulnerables a represalias, están por sufrir las peores consecuencias de los aranceles de Trump.
Kentucky podría ser el más afectado. Un análisis del Tax Policy Center de 2024 proyectó que los aranceles propuestos por Trump aumentarían los pagos arancelarios hasta cerca del 5 % del PBI estatal, el nivel más alto del país, debido a la dependencia del estado del Bluegrass de piezas importadas para manufactura. En 2025, el sector automotor de Kentucky (plantas de Ford y Toyota) enfrenta mayores costos por partes importadas. Los aranceles de represalia de Canadá (20.700 millones de dólares, efectivos desde el 13 de marzo) y de la UE (26.000 millones, ampliados desde el 13 de abril) apuntan al bourbon, una industria de 9.000 millones de dólares con 24.000 trabajadores. Si se repite la experiencia pasada, los costos se trasladarán a los consumidores, sin afectar a los exportadores extranjeros.
Los fabricantes de Tennessee, especialmente los automotrices (como Nissan y Volkswagen), dependen del acero y componentes importados, ahora más caros por el arancel del 25 % al acero y el arancel del 25 % a los autos (efectivo desde el 3 de abril). Los 3.600 millones de dólares que el estado exporta a Canadá (por ejemplo, whisky, maquinaria) enfrentan represalias canadienses, mientras que sus exportaciones por 1.500 millones a la UE (por ejemplo, productos químicos) se ven afectadas por medidas de la Unión. Las zonas rurales, a menudo dependientes de un solo empleador, corren el mayor riesgo.
Indiana y Mississippi enfrentan una situación similar. Los hogares de bajos ingresos, abundantes en este último estado, se verán afectados por un coste estimado de 2.700 dólares anuales por hogar, según el Center for American Progress. La economía agrícola de Iowa, con exportaciones por 16.000 millones (soja, maíz, cerdo), es vulnerable a los 20.000 millones en contramedidas chinas (por ejemplo, 10 % sobre maquinaria agrícola, suspensión de licencias de soja) y a los aranceles canadienses sobre aves de corral. Los agricultores están inquietos, tras haber sufrido pérdidas por 27.000 millones durante el primer mandato de Trump.
¿Todo sube?
La inflación está a punto de dispararse, ya que, por ejemplo, los autos aumentarán su precio entre 3.000 y 5.000 dólares. La tasa de inflación aumentará en todos los ámbitos, lo que provocará mayores dificultades, pese a las promesas de campaña, para los trabajadores, incluidos los propios votantes de Trump. Las pérdidas de empleo también se contarán por miles, y las nuevas plantas manufactureras que puedan instalarse en EE. UU. probablemente estén altamente automatizadas, lo que significa pocos empleos adicionales.
Otras contradicciones de la guerra arancelaria también son evidentes: la afirmación de Trump de querer abaratar las exportaciones estadounidenses mediante la devaluación del dólar choca con el papel del dólar como moneda de reserva global. Trump ha afirmado previamente que mantener ese rol es un asunto existencial para el país, equivalente a perder una guerra.
Los BRICS de barro
Pero basta mirar la reacción del bloque BRICS+ para ver que tiene pies de barro. Cada uno de los estados, excepto China, ha capitulado prácticamente ante los aranceles de Trump. Brasil ha sido en gran parte eximido, India se mantiene neutral, y nadie habla de una moneda BRICS para competir con el poderoso dólar.
India ha adoptado su postura tradicionalmente pragmática. Frente a un arancel recíproco del 26 % (efectivo desde el 9 de abril) sobre 83.000 millones de dólares en exportaciones estadounidenses (por ejemplo, productos electrónicos pero no farmacéuticos, por ahora), su Ministerio de Relaciones Exteriores ya ha restado importancia a la desdolarización, argumentando que India “no tiene tal política”. El primer ministro Narendra Modi está priorizando un acuerdo comercial bilateral con Trump. India redujo los aranceles a las motocicletas estadounidenses en febrero de 2025 como gesto de buena voluntad, reflejando su acto de equilibrio entre la solidaridad con los BRICS y su relación comercial con EE. UU., cercana a los 200.000 millones de dólares.
Las reacciones de los BRICS+ —desde la resistencia de China y el empuje de Rusia, hasta el pragmatismo de India, la cautela de Brasil y la moderación de los nuevos miembros (Irán, Indonesia, Egipto, etc.)— demuestran que los aranceles de Trump no han galvanizado una contraofensiva unificada. Sin embargo, sí han acelerado los debates sobre la reducción de la dependencia del dólar, aunque sin alternativas concretas hasta la fecha. La respuesta fragmentada del bloque subraya su desafío: equilibrar sus vínculos económicos con EE. UU. frente al deseo de un orden multipolar.
Los objetivos de primacía global de EE. UU. requieren la subordinación de todos los posibles competidores y rivales, incluso entre aquellos que han sido aliados históricos, por cualquier medio necesario.
Con sus acciones, Trump está normalizando la guerra como primera opción del más fuerte. La ley de la selva es su camino para Hacer a América Grande Otra Vez.
Nota: esta es un artículo republicado del medio «The Wire» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.
Inderjeet Parmar es profesor de política internacional y decano asociado de investigación en la Escuela de Políticas y Asuntos Globales de City St George’s, Universidad de Londres. Es miembro de la Academia de Ciencias Sociales y columnista enThe Wire. También es Investigador Internacional en el think tank ROADS Initiative, con sede en Islamabad, y autor de varios libros, entre ellosFoundations of the American Century. Actualmente está escribiendo un libro sobre la historia, la política y el poder del establishment de política exterior de Estados Unidos.














