El reciente anuncio del Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca de Japón sobre la liberación de 210.000 toneladas de arroz de un stock estratégico de 1,1 millones de toneladas responde a la escalada acelerada de precios de este insumo básico. La medida, adelantada respecto a su calendario inicial (previsto para finales de marzo), pone de manifiesto la urgencia política a la que se enfrenta el gobierno de Tokio. Desde el desastre de Fukushima hace casi catorce años, los niveles de precios actuales representan una situación inédita, y diversos análisis de organismos especializados advierten sobre la complejidad de su reversión a corto plazo.
La volatilidad de los precios del arroz es un fenómeno recurrente en Asia, impulsado por factores diversos. Entre ellos, las condiciones meteorológicas extremas, la escasez de recursos hídricos y tierras fértiles, el incremento sostenido en los costos de producción y la persistencia de prácticas agrícolas desactualizadas han transformado un problema localizado en una crisis de dimensión regional. En Tailandia, segundo exportador mundial, los rendimientos han caído entre un 3 y un 6 % en el periodo 2023-2024, exacerbando la presión inflacionaria sobre el grano. Por otro lado, en India —el principal exportador global—, los precios han sobrepasado los 400 dólares por tonelada, lo que ha impulsado la competitividad del arroz vietnamita. Estudios recientes del Consejo de Relaciones Exteriores y el Instituto Internacional de Políticas Alimentarias (IFPRI) indican que la prohibición instaurada en agosto de 2023 para la exportación de arroz no basmati desde India ha intensificado la inseguridad alimentaria en el Sudeste Asiático, donde algunos países dependen en más del 40 % de sus suministros de dicho producto. En Filipinas, las importaciones alcanzaron un récord de 4,7 millones de toneladas métricas en 2024, un incremento del 30 % en comparación con el año anterior, lo que llevó al gobierno a declarar una emergencia de seguridad alimentaria y comprometerse a distribuir el 50 % de sus reservas de 300.000 toneladas.
En Japón, el aumento de precios observado en la segunda mitad de 2024 se explica en gran medida por una escasez derivada de condiciones adversas del verano. A diferencia de ciclos anteriores, en los que la normalización se producía tras la cosecha de otoño, en esta ocasión los precios se han mantenido elevados hasta bien entrada la estación invernal. Una encuesta gubernamental realizada en enero reportó que el precio minorista promedio de un saco de 5 kilogramos de arroz alcanzó los 3.688 yenes (aproximadamente 25 dólares), en comparación con los poco más de 2.000 yenes del año precedente. Las autoridades atribuyen esta persistencia a la volatilidad de la oferta y la demanda, donde incluso un modesto incremento —por ejemplo, durante el pico turístico estival— puede desencadenar subidas abruptas, especialmente cuando se combinan factores especulativos y la cautela de los agricultores, quienes optan por retener sus volúmenes en previsión de nuevas alzas.
El impacto de este escenario repercute directamente en los niveles de vida, afectando de manera especialmente crítica a los hogares de menores recursos. Un estudio del Brookings Institution resalta que una de las causas estructurales de esta crisis es la discrepancia entre la demanda de arroz y las tendencias contemporáneas de consumo, evidenciada por la reducción del consumo per cápita anual de 118 kilogramos en 1962 a apenas 51 kilogramos en 2022. Desde la década de 1970, políticas orientadas a restringir la producción para sostener precios elevados han provocado una drástica reducción de la producción nacional, que pasó de 14,3 millones de toneladas en 1967 a 7,3 millones en 2022, mientras que la superficie destinada al cultivo se ha contraído en casi un 20 % en la última década. Esta estrategia, diseñada para estabilizar el mercado, ha generado alteraciones significativas en la cadena de suministro, lo que subraya la necesidad de reexaminar el modelo de gestión arrocera.
A esta problemática se suma la limitada capacidad de Japón para enfrentar eventos climáticos extremos. Actualmente, solo alrededor del 15 % del arroz cultivado corresponde a variedades resistentes al calor. Este factor adquiere especial relevancia en regiones como Niigata, históricamente reconocida por la calidad de su producción, donde la proporción de arroz de alta calidad ha disminuido considerablemente. Paralelamente, el envejecimiento de la población agrícola —con cerca del 90 % de los productores mayores de 60 años— agrava la situación, ya que la falta de una renovación generacional pone en riesgo tanto la continuidad como la modernización del sector.
Si bien los elevados precios pueden generar beneficios a corto plazo para distribuidores, productores y cooperativas, a mediano y largo plazo representan una amenaza para la seguridad alimentaria y el bienestar de los sectores más vulnerables, en especial para la población de mayor edad, para quienes el arroz sigue siendo un elemento central en la dieta. La liberación de reservas por parte de Tokio, si bien fue una medida emergente, desencadenó compras impulsivas y desajustes en la cadena de distribución. Conscientes de los riesgos de una intervención abrupta, las autoridades han optado por una estrategia de recompra del mismo volumen liberado en un plazo de un año, reflejando la cautela del gabinete encabezado por el Primer Ministro Shigeru Ishiba, constituido en octubre del año pasado. Su enfoque prioriza el fortalecimiento de relaciones estratégicas y de seguridad antes de adoptar medidas más directas en la crisis agrícola.
Es Doctor en Relaciones Internacionales (Universidad del Salvador, Argentina), Master of Strategic Studies and Defense (China's National Defense University) y Master en Planeamiento Estratégico y Dirección por Objetivos del Instituto Internacional de Estudios Globales para el Desarrollo Humano (España). Asimismo, tiene un tercer Master of Strategic Studies (US National Defense University, Estados Unidos) y es Lic. en Estrategia y Organización del Instituto de Estudios Superiores del Ejército argentino. Asimismo, es miembro del Consejo Asesor Académico de la Facultad del Ejército, es profesor en el doctorado en Defensa de dicha entidad, profesor invitado en la Universidad de Cuyo y de la Universidad Católica de Córdoba, e integra el Consejo Asesor de la Fundación CIEPEI (Centro de Investigación en Estudios Políticos Económicos e Internacionales).














