Taiwán lucha por su supervivencia diplomática en América Latina

Taiwán América Latina
La presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, y su homólogo paraguayo, Mario Abdo Benítez, durante una reunión en Taipei en 2018. (Oficina Presidencial de Taiwán)

De los catorce pequeños aliados diplomáticos que conserva la autodenominada República de China (Taiwán), ocho se encuentran en América Latina.

Se trata de una región que se ha convertido en uno de los principales campos de la creciente disputa geopolítica entre China y los Estados Unidos. La cuestión de la supervivencia diplomática de Taiwán como Estado ha pasado a ocupar un lugar central en la relación entre ambas potencias.

China ha avanzado a paso firme en las últimas décadas en la región, convirtiéndose en el primer socio comercial de la mayoría de los países latinoamericanos. Al mismo tiempo, las inversiones y la cooperación financiera de China también han aumentado notablemente, si bien esta tendencia se ha modificado recientemente hacia la baja. De acuerdo a un reporte de la Universidad de Boston, por segundo año consecutivo, en 2021 el Banco de Desarrollo y el Eximbank de China no emitieron nuevos préstamos a la región. Si bien el dato es muy llamativo, todavía es temprano para sacar conclusiones al respecto, debido al contexto internacional excepcional que se ha presentado a raíz del COVID-19.

Especialmente teniendo en cuenta que, al inicio de la pandemia, empresas estatales chinas como State Grid Corporation y Three Gorges han adquirido compañías y proyectos en el sector eléctrico de Brasil (miembro del BRICS), Chile y Perú. Ambos países localizados en el Pacífico tienen firmados Tratados de Libre Comercio con China y son miembros del Belt and Road Initiative (BRI) impulsado por la administración de Xi Jinping. Esta ambiciosa iniciativa china ha tenido bastante éxito en América Latina en materia de adhesiones: con la confirmación de Argentina, ya son 20 los países de la región que se sumaron a la BRI.

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La cuestión de Taiwán ha estado en el centro de los intereses de Beijing para con Latinoamérica, buscando por un lado acrecentar la asfixia diplomática de la isla a escala global y, en paralelo, molestar a los EEUU en su histórico patio trasero. La estrategia de China ha dado sus frutos, básicamente a fuerza de un inigualable atractivo económico-financiero para las naciones latinoamericanas. 

Por citar uno de los casos más paradigmáticos, cabe recordar lo que sucedió con Costa Rica. En 2006, la República Popular China obsequió un nuevo estadio nacional de fútbol tras la ruptura de relaciones con Taiwán. Apenas un año después, Costa Rica firmó un Tratado de Libre Comercio con Beijing y se anunciaron importantes proyectos de inversiones con financiamiento chino.

Tan sólo en los últimos cinco años, Taiwán perdió cuatro aliados en Centroamérica: Panamá (2017), El Salvador (2018), República Dominicana (2018) y Nicaragua (2021). En todos los casos, la ruptura de relaciones con Taiwán vino de la mano de grandilocuentes anuncios de inversiones y préstamos de China para esos pequeños países, algo que Beijing ha podido afrontar con facilidad, teniendo en cuenta las gigantescas asimetrías y las acuciantes necesidades financieras de dichos países. 

China ha avanzado a paso firme en las últimas décadas en la región, convirtiéndose en el primer socio comercial de la mayoría de los países latinoamericanos

En el caso de Panamá, se destaca el anuncio en 2017 de un proyecto de tren de alta velocidad por US$ 4.000 millones a ser financiado por bancos chinos, aunque aún no se ha concretado. En cuanto a El Salvador, la ruptura con Taiwán implicó anuncios inmediatos por parte de Beijing para financiar diversos proyectos de infraestructura por unos US$ 500 millones. Para República Dominicana, en tanto, la promesa china tras la ruptura con Taiwán fue de préstamos iniciales por US$ 3.000 millones, expandibles a unos US$ 10.000 millones. Finalmente, China ahora podría relanzar su demorado proyecto de Canal de Nicaragua en la aislada y económicamente asfixiada dictadura de Daniel Ortega.

Otros países centroamericanos están en la “cuerda floja”, tanto frente a las presiones como a las seductoras propuestas por parte de China. Quizás el caso más destacable es el de Honduras. Tras la victoria de la izquierdista Xiomara Castro en las elecciones presidenciales de 2021, todo indicaba que Tegucigalpa también rompería relaciones con Taiwán. La propia Castro lo había insinuado en campaña. Sin embargo, por ahora Honduras se mantiene alineada con Taipéi, tras una fuerte campaña de los EEUU para apuntalar a Castro en el poder y garantizar el mantenimiento del status-quo diplomático.

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La pregunta es: ¿cuánto podrá resistir Honduras? Y, sobre todo, por cuánto tiempo más podrán sostenerse alineados a Taipéi otros países aún más pequeños y mucho más urgidos de asistencia económica de la región, como Guatemala o Haití

El gobierno de Taiwán, en sintonía con los EEUU, ha redoblado sus esfuerzos para detener la pérdida de aliados, desplegando importantes paquetes de ayuda económica. Pero está claro que ello no ha sido suficiente para contrarrestar el imparable avance chino y también ha tenido un costo para la imagen de Taiwán y su principal sponsor, los EEUU. Por caso, cabe recordar que el expresidente guatemalteco Alfonso Portillo fue condenado en 2014 a cinco años y diez meses de prisión después de que admitiera haber recibido US$ 2,5 millones en sobornos de Taiwán y haber blanqueado dinero a través de bancos estadounidenses.

En la pandemia, mediante la denominada “diplomacia de las vacunas”, este desbalance en favor de Beijing se hizo mucho más evidente. Un caso emblemático fue el de Paraguay, único aliado sudamericano de Taiwán y que padeció la escasez de vacunas en el peor momento de la pandemia. Mientras los países vecinos recibían dosis de Sinopharm, Sinovac y CanSino, Asunción debió recurrir a operativos vía Chile y otros países para poder acceder a vacunas.

Beijing se encargó de transmitir que otra hubiese sido la historia si Paraguay rompía relaciones con Taiwán. En su flamante libro “Irrupción, bitácora de un viaje en aguas turbulentas” (2022), el ex ministro de Salud paraguayo, Julio Mazzoleni, afirma que el tema de las vacunas fue usado por China como “instrumento político, geopolítico y diplomático”.

No ayuda a los intereses de Taipéi que las notas distintivas de los pocos aliados diplomáticos que le quedan en la región sean bajo su peso relativo en la economía regional, altos niveles de corrupción, fragilidad institucional y gran volatilidad política. 

Tan sólo en los últimos cinco años, Taiwán perdió cuatro aliados en Centroamérica: Panamá (2017), El Salvador (2018), República Dominicana (2018) y Nicaragua (2021).

Esto quiere decir que, desde la óptica de Beijing, es apenas cuestión de tiempo para que los restantes ocho aliados de Taiwán en la región terminen rompiendo lazos con la isla y reconociendo a la República Popular. A priori, lo único que podría cambiar este escenario sería un eventual repliegue de China de la región (altamente improbable) o un renovado interés de los EEUU por intervenir más activamente para contener a los aliados de Taiwán (no hay señales claras al respecto, más allá de acciones acotadas). 

El escenario no es alentador para Taipéi, ya que si bien China pareciera estar recalculando sus prioridades geopolíticas y hasta recortando asistencia financiera en la región, con muy poco igualmente le alcanza para seguir restándole aliados diplomáticos a Taiwán. Por otra parte, a diferencia de lo que sucede por caso en Europa, donde países como Lituania han insinuado pasar a reconocer a Taiwán, en América Latina no hay ningún país con intenciones ni posibilidades reales de hacerlo. 

Finalmente, el factor tiempo también juega a favor de Beijing, que no tiene plazos ni metas específicas en la carrera para seguir ganando aliados diplomáticos. La visión del Partido Comunista es que el aislamiento diplomático de Taiwán es un proceso natural e irreversible, en el camino hacia la unificación (pacífica o forzada). Como sea, América Latina seguirá siendo un escenario central de la lucha desigual que viene librando Taiwán por su supervivencia diplomática, aferrada más que nunca a la indispensable línea de vida que le pueda ofrecer Washington.

Acerca del autor

Director del Observatorio Sino-Argentino. Docente de la Especialización sobre China Contemporánea de la UCA. Master of China Studies y profesor visitante de la Universidad de Zhejiang (China).

Co Fundador ReporteAsia.com
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