Exhibición de la diplomacia china frente a un Trump golpeado

Trump china

Concluyó la tan esperada gira oficial de Donald Trump por China. Tras una forzada postergación por la guerra en Medio Oriente, fue de por sí un gran logro la mera realización de esta cumbre durante dos días, en el actual contexto internacional. China desplegó una puesta en escena de estilo imperial muy bien trabajada para recibir a Trump, quien adora este tipo de tratamiento y se deshizo en elogios hacia su anfitrión. Trump siente admiración genuina por los líderes poderosos como Xi Jinping. A partir de su elocuente gestualidad -como inclinarse reverencialmente al saludarlo- se percibe que esos elogios son auténticos.

Todo transcurrió con mucha normalidad, en un clima de visible optimismo, aunque sin estridencias ni anuncios relevantes. De todas formas, Xi tenía preparados una serie de regalos poco costosos para el alicaído Trump, que le dieron algo de oxígeno y la posibilidad de presentar su viaje como un éxito.

La clave de este encuentro para ambas partes fue buscar la estabilización de una relación que es estratégica, irremplazable y, a la vez, totalmente decisiva para el resto del mundo. En los meses previos hubo negociaciones con el objetivo de lograr un acuerdo comercial amplio. No sucedió. Hubo apenas promesas, que no se plasmaron en ningún documento. Pero el hecho de que no se firmen acuerdos probablemente haya tenido que ver con el hábil manejo de los tiempos por parte de China, aprovechando el momento de debilidad relativa de EEUU, y no tanto por la existencia de desacuerdos insalvables.

La llegada de Trump a China, acompañado por los CEO de las principales empresas tecnológicas (incluido Jensen Huang de NVDIA) implica la asunción de una realidad incuestionable: Para cualquier gran empresa de EEUU, sobre todo del rubro tecnológico, hoy es imposible prescindir del mercado chino y, mucho menos, desacoplarse de los procesos de innovación que lidera China. Cabe destacar que estos CEO también se fueron de China con las manos más bien vacías. En ese sentido, será un gran éxito para Beijing si se confirma que NVIDIA finalmente podría liberar la venta de sus chips más avanzados.

Trump llegó muy golpeado a esta cumbre y Xi lo supo capitalizar, dándole apenas algo de oxígeno en lo comercial, con compromisos compras agrícolas (sin especificar cuánto ni qué), de aviones (muchos menos de lo esperado) y promesa de apertura a oportunidades de negocios para empresas de EEUU. China también emitió un mensaje en relación a la guerra en Irán que la Casa Blanca esperaba con mucha ansiedad, sobre la “necesidad de desmilitarizar y liberar el Estrecho de Ormuz”. No obstante, tampoco hubo compromisos concretos por parte de China. Además, el comunicado de Beijing no da cuenta de algunos dichos de Trump, sobre supuesta ayuda para ablandar la dura posición que mantiene Teherán. De nuevo, el tiempismo chino en acción.

No caben dudas que el mensaje más contundente de toda la gira fue la reafirmación china de la línea roja innegociable que representa Taiwán. “Las relaciones entre China y EEUU son las más importantes del mundo y Taiwán es el tema más relevante de la relación”, dijo Xi. O sea, si EEUU no se mete con Taiwan, las relaciones bilaterales pueden prosperar, pese a las diferencias en muchos otros campos. De lo contrario, si EEUU usa la carta Taiwán para presionar, la relación se encamina hacia el conflicto y la confrontación directa.

Trump evitó confirmar si finalmente aprobará un paquete adicional de venta de armas a la isla por USD 14.000 millones que ya tiene aval del Congreso, pero advirtió a las autoridades taiwanesas sobre el riesgo de una eventual declaración de independencia y dijo no estar interesado en participar de una guerra tan lejana.

En definitiva, China estaba interesada en descomprimir la relación permitiendo que Trump se vuelva satisfecho a Washington, aunque sin dejar de reafirmar sus posiciones ni hacer grandes compromisos en esta instancia. Los tiempos siempre juegan a favor de China. Quien está urgido es Trump, entrampado en su absurda y destructiva guerra en Irán y con la economía doméstica en problemas, cada vez más cerca de las cruciales elecciones de medio término.

La resolución del grueso de los temas de la agenda bilateral quedará pendiente, al menos, hasta el 24 de septiembre, fecha en la que Xi fue invitado por Trump a visitar EEUU. Mientras tanto, China será un espectador de lujo de las desventuras internacionales y domésticas de Trump.

Patricio Giusto
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Director del Observatorio Sino-Argentino. Docente de la Especialización sobre China Contemporánea de la UCA. Master of China Studies y profesor visitante de la Universidad de Zhejiang (China).