En el 2026, Argentina y Brasil son el resultado de una fragmentación defensiva

1. Introducción

El artículo pretende abordar los acontecimientos sucedidos en la primera semana del 2026 en el hemisferio occidental, producto de acciones y resoluciones adoptadas por el presidente de Estados Unidos Donald Trump, que llevaron a los países de la región a adoptar diferentes posiciones, especialmente de Argentina y Brasil como los actores más relevantes de la crisis de multilateralismo que se cierne sobre el continente.

El año 2026 ha inaugurado una era de ruptura sistémica en el hemisferio occidental, caracterizada por el tránsito de un orden basado en reglas hacia una cruda Realpolitik. Aunque el término fue popularizado y refinado en el siglo XX por Henry Kissinger, quien definía la Realpolitik como una política exterior basada en el cálculo de poder y el interés nacional por encima de las nociones de moralidad o justicia (Kissinger, 1994), su aplicación en la actual NSS 2025 de la administración Trump adquiere una dimensión disruptiva. Mientras que la Realpolitik tradicional buscaba el equilibrio de fuerzas para mantener la estabilidad, la acción unilateral de captura en Venezuela y el desmantelamiento de los marcos multilaterales el 7 de enero de 2026 representan una voluntad de instaurar el caos sobre la previsibilidad.

La semana del 3 al 8 de enero se produjeron hechos de impacto local con repercusiones internacionales con incidencia directa sobre lo multilateral a nivel de América Latina; entre los hechos más relevantes que desencadeno la crisis del multilateralismo tenemos:

Fecha

Organismo / Evento

Lugar

Resultado / Declaración

3 de enero

Acción militar de EE. UU.

Caracas / Maracaibo

Inicio de la captura de altos mandos del chavismo. Washington invoca la NSS 2025.

4 de enero

Cumbre de emergencia en Uruguay.

Montevideo (Presidencial)

Sin consenso. Argentina (Milei) “celebró la captura de Maduro»; Brasil (Lula) condenó la «violación de soberanía». No hubo comunicado conjunto. (Montevideo de Presidencia Uruguay, 2026).

5 de enero

Delcy Rodríguez asume la presidencia de Venezuela

Venezuela

Fue habilitada por un fallo del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que declaró la «ausencia forzosa» del presidente. (Ámbito Financiero, 2026).

Declaraciones de António Guterres, Secretario General

ONU

Observaciones del Secretario General ante el Consejo de Seguridad – sobre Venezuela. (UN, 2026).

Reunión virtual de la CELAC

Convoca Presidente Pre tempore Petro

Declaración de condena parcial. Firmada por 15 países (bloque progresista). Denunciaron la intervención unilateral, pero el bloque de derecha (Chile, Argentina, Paraguay) se retiró de la sesión.(Perfil, 2026)

6 de enero

Sesión extraordinaria de la OEA

Washington D.C.

Declaración dividida. El Secretario General Ramdin pidió diálogo (Discurso C-002/26). EE. UU., Argentina y Chile impulsaron el apoyo a la acción; Brasil y Colombia votaron en contra. (OEA, 2026).

7 de enero

Presidente Trump

Washington DC

EE. UU. responde publicando el Memorando de Retirada de organismos de la ONU. (Casa Blanca, 2026). Retiro de USA de la CEPAL.

Llamada Trump-Petro

Washington / Bogotá

Acuerdo Táctico de No Agresión. Petro acepta «neutralidad vigilada» a cambio de mantener preferencias arancelarias ante la amenaza de la NSS 2025.

8 de enero

Reunión Grupo de Puebla

Ciudad de México

Declaración de Soberanía. Líderes de izquierda llaman a crear un «Eje de Resistencia Autónoma» ante el retiro de EE. UU. de la CEPAL y otros organismos. (Grupo de Puebla, 2026)

Estos acontecimientos, sumado a los aranceles implementados con anterioridad por la administración Trump y la crisis al multilateralismo se dieron bajo el paraguas de la NSS 2025, donde no sólo fue el inicio en la intervención en Venezuela, sino que se instrumentalizo mediante el Memorando para los jefes de Departamentos y Organismos Ejecutivos, emitido por el presidente Trump. (Casa Blanca, 2026)

Este memorando presidencial del 7 de enero de 2026 representa un giro radical hacia el aislamiento institucional y el pragmatismo bilateral, por el cual se desmantela su participación en el multilateralismo para recuperar «libertad de acción».

Caracas bajo fuego.

El documento ordena la retirada inmediata y el cese de financiamiento de Estados Unidos en más de 60 organismos internacionales y dependencias de la ONU, bajo el argumento de que son «contrarios a los intereses» del país. Entre los aspectos más importantes se encuentran

  • Abandono de la Gobernanza Global: Se retira de entidades clave de la ONU como la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe), la UNCTAD (Comercio y Desarrollo) y ONU Mujeres.
  • Desprecio por la Agenda Climática y Social: Salida masiva de organismos de cambio climático (IPCC, Convención Marco), energía renovable y derechos humanos específicos (violencia contra niños, afrodescendientes).
  • Golpe a la Democracia Internacional: Se retira del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA) y del Fondo de las Naciones Unidas para la Democracia.

2. Marco Teórico

Para analizar utilizaremos dos herramientas, la Realpolitik de Kissinger y la legibilidad, término que proviene del libro Seeing Like a State de James C. Scott.

La Realpolitik de Kissinger, según se aplica en la actual crisis de 2026, se fundamenta en la premisa de que la estabilidad internacional no emana de la justicia o el derecho internacional, sino de un equilibrio de poder crudo y calculado donde el interés nacional es el único imperativo moral. Bajo esta óptica, la acción unilateral de Estados Unidos en Venezuela y el alineamiento de Argentina no son transgresiones éticas, sino ajustes necesarios en el tablero geopolítico para eliminar «puntos ciegos» y consolidar una esfera de influencia segura. En este sistema, la moralidad es un lujo que las potencias secundarias como Brasil no pueden permitirse; Kissinger argumentaría que la soberanía es relativa a la capacidad de disuasión, y que el vacío dejado por el desmantelamiento del multilateralismo el pasado 7 de enero solo puede ser llenado por una jerarquía de fuerzas donde el más fuerte impone la «legitimidad» a través de hechos consumados.

En esa misma línea de pensamiento, la tesis de Scott en Seeing Like a State sugiere que el orden internacional no busca regímenes morales, sino regímenes legibles. Bajo esta óptica, la permanencia de Maduro hasta enero de 2026 no fue un fracaso del sistema, sino una utilidad funcional. Venezuela, bajo el chavismo, proporcionaba un «punto de referencia único» para mapear la influencia de los BRICS (Rusia, China, Irán) en el hemisferio. El aparato de política exterior prefería una dictadura previsible —donde las sanciones reducían el comercio a rutas visibles y las ONG convertían la tragedia humana en métricas enumerables— a la incertidumbre de un colapso total.

El conflicto central de la NSS 2025 no es el «cambio de régimen», sino la ruptura de la legibilidad protocolaria. Como bien señala el texto de Scott, el sistema global había aprendido a «convivir con Maduro» porque su existencia obligaba a Estados Unidos a actuar como un nodo dentro de una coalición multilateral (OEA, ONU, aliados).

Al ejecutar una captura unilateral y disruptiva en enero de 2026, Donald Trump ha cometido el pecado irreverente para la burocracia transnacional: ha introducido incertidumbre. Al destruir el guion multilateral, Trump no solo elimina a Maduro, sino que «ciega» las prótesis oculares (ONG, organismos internacionales) que el orden liberal utilizaba para administrar la crisis a distancia sin resolverla.

Esta perspectiva explica por qué la reacción de Brasil, México y Colombia es tan visceral. No es solo una defensa de la soberanía; es el pánico de las élites administrativas ante un mundo que se vuelve ilegible.

3. Posiciones de Argentina y Brasil

3.1 Argentina

La consolidación de lo que se ha denominado el «Eje del Corolario Trump» en el Cono Sur representa la aplicación más depurada de la Realpolitik kissingeriana en el siglo XXI. Bajo el liderazgo del presidente Javier Milei en Argentina y la alineación estratégica de José Antonio Kast en Chile, la región ha abandonado la retórica del consenso latinoamericanista para abrazar un alineamiento basado en el interés nacional y la seguridad hemisférica. Como argumentaba Kissinger (1994), en un sistema internacional donde la moralidad es secundaria frente al equilibrio de poder, Argentina ha identificado que su supervivencia política depende de ser el ancla de la NSS 2025 en el Atlántico Sur.

Rodríguez jurando como nueva presidente de Venezuela.

No obstante, este alineamiento presenta lo que la geopolítica híbrida define como el «Doble Carril Estratégico». Mientras que en el plano ideológico y de seguridad Milei se sitúa en la vanguardia de la lucha contra el «globalismo» —apoyando activamente la desarticulación de la legibilidad multilateral de la ONU, la OEA y CELAC—, en el plano financiero ha debido recurrir a una praxis estrictamente pragmática. El hecho de que el 7 de enero de 2026 un banco estatal chino procediera a la compra de bonos argentinos para cubrir vencimientos críticos de deuda (Espinoza Hernández, 2020) demuestra que, en la era de la fragmentación, las alianzas no son monolíticas.

Esta dinámica confirma la premisa de Milei: el alineamiento geopolítico con Estados Unidos no implica necesariamente una ruptura comercial con China. Se cumple así la paradoja del «Asegurador de Última Instancia»: mientras Washington provee el marco de seguridad y validación política, Beijing provee la liquidez necesaria para evitar el colapso económico. Esta separación de carriles es una forma de fragmentación defensiva donde Argentina utiliza su lealtad política hacia Trump como un escudo contra las presiones regionales de Brasil y Colombia, mientras utiliza el capital chino como oxígeno financiero; siempre y cuando este no se oriente a infraestructura de carácter estratégico considerada por USA como es puertos, tecnología militar, red G% o cables submarinos.

El riesgo de esta estrategia radica en la propia NSS 2025; si la administración Trump decide que la legibilidad del sistema exige la exclusión total de la infraestructura china en la región, el «doble carril» argentino colapsará, forzando una elección que Kissinger calificaría como el dilema último de la Realpolitik: sacrificar la estabilidad económica inmediata por la lealtad estratégica a largo plazo.

3.2 Brasil

La NSS 2025 de Trump ha empujado a Brasil a un rincón donde la única salida para mantener su liderazgo es romper el tabú nuclear o aceptar ser un actor secundario en un continente bajo tutela. Debemos recordar que Brasil al formar parte de los BRICS originales junto con Sudáfrica, no poseían armas nucleares y aún carecen de las mismas.

En este escenario, el debate sobre el Tratado de No Proliferación (TNP) en Brasilia es la respuesta a una realidad brutal: la geopolítica ha demostrado que los recursos naturales (petróleo/alimentos) no garantizan la soberanía si no hay un poder de disuasión equivalente al de los agresores

La asimetría nuclear dentro de los BRICS se ha vuelto insoportable para el ala estratégica del gobierno brasileño. Ante una Venezuela bajo tutela estadounidense y una OEA inoperante, el debate sobre el TNP en Brasilia no es una cuestión técnica, sino un grito de supervivencia. Brasil entiende que en el ecosistema de la NSS 2025, el petróleo y los alimentos (su carril económico) no son suficientes para garantizar la autonomía si no están respaldados por una capacidad de disuasión que obligue a Washington a sentarse a la mesa.

A ello debemos sumarle que en octubre del 2026 habrá elecciones presidenciales, donde Lula buscará su cuarto período de gobierno, pero enfrente estará el ala derecha encabezada por el hijo de Bolsonaro, donde el resultado influirá significativamente en la orientación que pueda tomar Brasil.

Consideramos que Lula intentará calmar a los mercados y a Washington, defendiendo el uso civil y la defensa del Amazonas, pero sin romper el TNP para evitar sanciones que arruinen la economía.

Donald Trump supervisando en directo la operación “Resolución Absoluta”.

La derecha (Bolsonaro/Barros); paradójicamente, aunque son pro-Trump, sectores militares vinculados siempre han soñado con un Brasil nuclear («Gran Potencia»). Esto podría generar una alianza inusual de intereses nacionalistas. Ante esta situación la NSS 2025 identifica la proliferación nuclear como una «línea roja», que despertaría una reacción de Estados Unidos en donde cualquier movimiento de Brasil en este sentido justificaría una interferencia directa de Trump en las elecciones de octubre para asegurar un gobierno que renuncie a estas ambiciones.

Brasil ya posee tecnología avanzada de enriquecimiento de uranio y está construyendo su primer submarino de propulsión nuclear (Submarino Álvaro Alberto (SN-10) es el proyecto central del Programa de Desarrollo de Submarinos (PROSUB)), en consecuencia, el paso hacia la militarización sería técnicamente corto, pero diplomáticamente explosivo. (World Nuclear Association, 2025); (El Confidencial Digital, 2025).

4. Conclusiones

El escenario de 2026 marca el acta de defunción del multilateralismo como lo conocíamos en las Américas. La implementación de la NSS 2025 y la operación unilateral en Venezuela han transformado la región en un laboratorio de Geopolítica, donde la soberanía ya no se defiende en los foros de la OEA o CELAC —reducidos hoy a espacios de retórica institucional sin capacidad de freno— sino en la gestión del riesgo financiero y la disuasión militar dura. América Latina ha dejado de ser un bloque para convertirse en un tablero fragmentado por la «geometría variable» de intereses bilaterales, donde países como Argentina navegan una doble vía de supervivencia: alineamiento ideológico con Washington y dependencia crediticia de Beijing.

Esta «fragmentación defensiva» ha empujado a las potencias regionales a dilemas existenciales. En Brasil, el cuestionamiento del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) no es un arrebato ideológico, sino la respuesta pragmática de una potencia que se descubre vulnerable ante la capacidad de intervención directa de Estados Unidos en su frontera. La caída de Maduro ha servido como un espejo de la irrelevancia del «soft power» latinoamericano frente a una administración Trump que ha «vaciado» el sistema de reglas internacionales, dejando a líderes como Lula y Petro en una encrucijada entre la resistencia autonómica y la capitulación táctica ante la presión arancelaria.

En última instancia, el éxito o fracaso de este nuevo orden híbrido dependerá del ciclo electoral de 2026. Si el «Eje del Corolario Trump» se consolida en el Cono Sur y desplaza al progresismo en Brasilia, la región quedará definitivamente integrada bajo una tutela de seguridad hemisférica, perdiendo su capacidad de actuar como un polo independiente en el orden global. Si, por el contrario, la resistencia de los países que privilegian la autonomía estratégica logra sostenerse, presenciaremos una América Latina dividida en dos órbitas irreconciliables: una integrada al mercado de seguridad estadounidense y otra que buscará en el capital euroasiático (China y los BRICS+) el oxígeno necesario para no ser borrada del mapa geopolítico. La moneda está en el aire, y el 2026 será recordado como el año en que América Latina tuvo que elegir entre ser el patio trasero de una potencia o la vanguardia de un nuevo equilibrio multipolar.

Resumiendo, el multilateralismo está en crisis y ha sido suprimido por la fuerza. Argentina y Brasil no están eligiendo su destino; están reaccionando a un tsunami geopolítico que ha convertido el derecho internacional en un recuerdo del siglo XX.

 

 

 

 

Referencias Bibliográficas

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GB (R) PhD Oscar Armanelli
Ciencia Política UB
Defensa Nacional UNDEF
Profesor Universitario UA
Mg. Historia, Estrategia, Geopolítica, Ciencias Militares y Operaciones de Paz ACAGÜE Chile