China exhibió su creciente poderío militar en un masivo desfile conmemorativo del 80° aniversario de la victoria sobre Japón en la Segunda Guerra Mundial, en una ceremonia cargada de simbolismo geopolítico que contó con la presencia de Vladimir Putin y Kim Jong Un como invitados destacados de Xi Jinping, mientras Estados Unidos brilló por su ausencia.
Desde la icónica Puerta de Tiananmen, el presidente chino Xi Jinping pronunció un discurso que resonó como una clara demostración de fuerza, advirtiendo que «la humanidad se enfrenta nuevamente a una elección entre paz o guerra, diálogo o confrontación». Sus palabras, dirigidas a una audiencia global, llegaron en un momento de crecientes tensiones internacionales y realineamientos geopolíticos.
Una alianza estratégica en exhibición
La presencia de Putin y Kim Jong Un en primera fila no pasó desapercibida para los analistas internacionales. El líder ruso, quien ya había compartido tribuna con Xi en un desfile similar en Moscú el pasado mayo, y el dictador norcoreano enviaron un mensaje claro sobre el fortalecimiento del eje autoritario Asia-Pacífico.
Particularmente notable fue la asistencia de Kim Ju Ae, la hija de Kim Jong Un, en lo que expertos consideran su primer evento diplomático internacional de gran envergadura. «El hecho de que Kim Ju Ae estuviera directamente detrás de Kim Jong Un y observara a los funcionarios chinos de alto rango saludar a su padre muestra que continúa recibiendo el tratamiento protocolar equivalente al ‘segundo al mando’ de Corea del Norte, incluso en el extranjero», explicó Cheong Seong-Chang, vicepresidente del Instituto Sejong de Seúl.
La respuesta estadounidense no se hizo esperar. El presidente Donald Trump utilizó su plataforma Truth Social para lanzar una provocadora declaración dirigida a Xi: «Por favor, transmite mis más cálidos saludos a Vladimir Putin y Kim Jong Un, mientras conspiran contra Estados Unidos de América».
Esta declaración refleja la profunda desconfianza que caracteriza las relaciones sino-estadounidenses, especialmente después de la escalada de tensiones comerciales en abril con aranceles punitivos mutuos. Aunque ambas partes han acordado eliminar la mayoría de los aranceles adicionales hasta mediados de noviembre, la presencia de Putin y Kim en Beijing complicó aún más el panorama diplomático.
Modernización militar en primer plano
El desfile incluyó 45 formaciones y escalones militares, con numerosas armas y equipos que hicieron su debut público. Misiles de última generación, camiones militares, tanques, vehículos autónomos y cazas rugieron sobre Tiananmen Square en una demostración cuidadosamente coreografiada del arsenal chino.
Los narradores oficiales destacaron especialmente los esfuerzos de China en seguridad de internet e información, señalando las nuevas capacidades tecnológicas del Ejército Popular de Liberación (EPL). Xi aprovechó la ocasión para instar al EPL a «convertirse en fuerzas de clase mundial» y «salvaguardar resueltamente la soberanía, unidad e integridad territorial nacional», una referencia apenas velada a Taiwán.
La modernización militar china ha experimentado transformaciones dramáticas en la última década. Desde que Xi ordenó la reorganización de la estructura administrativa militar en 2015, las tropas se redujeron en 300,000 efectivos, marcando un cambio histórico donde el personal del Ejército cayó por debajo del 50% del total por primera vez.
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La composición de los asistentes reveló patrones cambiantes en la influencia china. Mientras los líderes occidentales estuvieron notablemente ausentes, ocho líderes del Sudeste Asiático asistieron, reflejando la creciente influencia regional de Beijing.
La ausencia del presidente surcoreano, quien declinó la invitación china, contrastó con la sorpresiva presencia de Kim Jong Un, señalando un calentamiento en las relaciones entre Beijing y Pyongyang. Jeremy Chan, analista senior de Eurasia Group, interpretó esto como un intento chino de «mantener cerca a Kim ante la creciente cooperación entre Corea del Norte y Rusia».
El gasoducto de la discordia
Durante la visita, Xi y Putin firmaron un acuerdo legalmente vinculante para construir el largamente postergado gasoducto Power of Siberia 2, profundizando la cooperación energética entre ambos países en un momento en que Rusia enfrenta sanciones occidentales por su guerra en Ucrania.
Esta alianza energética representa un desafío directo a la arquitectura de seguridad occidental, especialmente considerando que Corea del Norte ha enviado tropas a Rusia para apoyar su guerra contra Ucrania, según informes de inteligencia.
A pesar de la exhibición de fuerza militar, Xi reafirmó el compromiso de China con el «desarrollo pacífico» y la construcción de «una comunidad con un futuro compartido para la humanidad». Este mensaje, que China ha promovido consistentemente en foros internacionales, busca posicionar a Beijing como una alternativa al liderazgo estadounidense.
«Solo cuando las naciones de todo el mundo se traten como iguales, vivan en armonía y se apoyen mutuamente, se puede salvaguardar la seguridad común, eliminar la causa raíz de la guerra y prevenir que se repitan las tragedias históricas», declaró Xi.
Esta concentración de líderes autoritarios en Beijing es improbable que descarrile las negociaciones comerciales sino-estadounidenses, ya que ambas partes parecen favorecer avanzar hacia un acuerdo en los próximos meses.
Sin embargo, el hecho de que China tenga esta mayor atracción gravitacional en la diplomacia regional es revelador del progreso que ha podido lograr, especialmente cuando hay mayor incertidumbre sobre si Washington quiere hacer acuerdos comerciales y de inversión con países de Asia.
La ceremonia concluyó con la liberación simbólica de palomas, representando la paz, y globos de colores. Pero más allá del simbolismo, el desfile envió un mensaje inequívoco sobre las ambiciones chinas y su determinación de desafiar el orden mundial establecido.
Con la participación de líderes de más de 20 países y la notable ausencia occidental, China demostró su capacidad para atraer aliados y socios hacia su visión alternativa del orden internacional. La pregunta que permanece es si esta exhibición de fuerza contribuirá a la estabilidad regional o acelerará una nueva carrera armamentista en el Asia-Pacífico.
La «rejuvenación imparable de la nación china», como la describió Xi, parece estar redefiniendo el equilibrio de poder global, con implicaciones que trascienden las fronteras de Asia y se extienden hacia una nueva era de competencia geopolítica multipolar.
Colaborador en ReporteAsia.













