Hay países que saben exactamente qué hacer con un foro multilateral. Vietnam es uno de ellos. En el marco del 23° Diálogo de Shangri-La celebrado en Singapur, el secretario general del Partido Comunista y presidente Tô Lâm desplegó una agenda bilateral que en pocas horas lo ubicó en reuniones con el secretario de Defensa de Estados Unidos, el viceprimer ministro y ministro de Defensa de Australia y el ministro de Defensa de Japón. Tres potencias. Tres conversaciones. Un mensaje común: Vietnam ya no es un actor periférico de la región, sino uno de sus interlocutores más buscados.
Washington: invitación a Trump y tecnología avanzada
La reunión con Pete Hegseth fue la más cargada de señales. El funcionario estadounidense transmitió saludos del presidente Trump y fue explícito en su valoración: Vietnam es visto cada vez más como «un socio confiable capaz de realizar contribuciones sustanciales a las iniciativas internacionales para la paz y la estabilidad.» No es retórica diplomática menor viniendo del jefe del Pentágono en el mayor foro de seguridad de Asia.
Tô Lâm respondió en el mismo registro. Destacó la Asociación Estratégica Integral entre ambos países como marco central de la relación y fue directo en sus pedidos: que Washington facilite a Vietnam mayor acceso a tecnologías avanzadas y productos de alta tecnología estadounidenses, en lo que describió como una condición para una cooperación «más amplia y equilibrada» entre ambas economías.

El momento más simbólico de la reunión fue la invitación formal que el presidente vietnamita extendió a Trump para realizar una visita oficial a Vietnam. En el contexto de las tensiones comerciales entre Hanói y Washington —donde los aranceles estadounidenses amenazan las exportaciones vietnamitas— el gesto tiene tanto de diplomacia como de estrategia.
Ambas partes también reafirmaron los programas de colaboración para abordar las consecuencias de la guerra, un eje que desde la normalización de relaciones en 1995 ha funcionado como ancla de confianza entre dos países que fueron enemigos durante décadas.
Canberra: minerales, energía y 20.000 millones de dólares
Con el viceprimer ministro australiano Richard Marles, el foco fue económico. Ambas partes fijaron un objetivo ambicioso: llevar el comercio bilateral a 20.000 millones de dólares y duplicar la inversión recíproca. Para lograrlo acordaron acelerar mecanismos de cooperación en energía, minerales críticos, educación, ciencia y transformación digital.
El timing no es casual. Australia atraviesa su propia reconfiguración estratégica ante la presión de aranceles globales y la búsqueda de cadenas de suministro más resilientes. Vietnam, con su base manufacturera en expansión y su posición geográfica en el corazón del Sudeste Asiático, es un socio natural para esa diversificación.
En el plano de defensa, Marles celebró la participación vietnamita en el ejercicio naval multilateral Kakadu, organizado por Australia, y compartió los lineamientos de la nueva Estrategia de Defensa Nacional australiana para 2026, con énfasis en la cooperación regional. Tô Lâm aprovechó para invitar al primer ministro Anthony Albanese a visitar Vietnam y a participar en la reunión de líderes del APEC en 2027, cuando Hanói será sede del foro.
Tokio: confianza heredada y agenda concreta
Con el ministro de Defensa japonés Koizumi Shinjiro, la reunión tuvo un componente personal inusual. Tô Lâm reconoció explícitamente el rol del padre del ministro —el ex primer ministro Junichiro Koizumi— en el desarrollo histórico de las relaciones Vietnam-Japón, un gesto que en la cultura diplomática asiática tiene un peso específico considerable.

Más allá del protocolo, la agenda fue concreta. Ambas partes acordaron fortalecer la cooperación en defensa, ciberseguridad, operaciones de mantenimiento de la paz de la ONU, medicina militar y formación de recursos humanos. Tô Lâm destacó la visita de la primera ministra japonesa Takaichi Sanae a Vietnam a principios de mayo como un hito reciente e instruyó a los ministerios vietnamitas para traducir rápidamente los acuerdos alcanzados en acciones sobre el terreno.
El patrón que emerge
Las tres reuniones tienen un denominador común que va más allá de sus agendas específicas. Vietnam está ejecutando con consistencia una política exterior de equidistancia activa: no elige bloques, pero tampoco se queda al margen. Se posiciona como interlocutor confiable para todas las potencias que compiten por influencia en el Indo-Pacífico, y lo hace desde una base de legitimidad que pocos países de la región pueden exhibir.
En el Shangri-La Dialogue de 2026, con Hegseth advirtiendo sobre el rearme chino y Beijing expandiendo su presencia en todos los dominios, Vietnam demostró que la neutralidad inteligente —cuando está respaldada por crecimiento económico, estabilidad política y disposición a contribuir a la seguridad regional— puede ser tan poderosa como cualquier alianza formal.
Colaborador en ReporteAsia.













