Con Lai electo, dependerá del apoyo de Estados Unidos mientras se esfuerza por reforzar la delicada soberanía de Taiwán. Se ha comprometido a disminuir la dependencia económica de Taiwán de China, país al que se dirige el 35% de sus exportaciones, contando Hong Kong y el continente, en los primeros 11 meses de 2023. Su objetivo es que Taiwán firme más tratados comerciales con naciones extranjeras y establezca más «alianzas con democracias alrededor del mundo». Aun así, afirma estar abierto al diálogo con el poder al otro lado del estrecho.
Muchos taiwaneses esperan que China levante la prohibición a sus turistas de visitar la isla, lo que sería beneficioso para la economía. No obstante, con la victoria confirmada de Lai, es probable que China continúe amenazando y aislando a Taiwán. Esta posibilidad alimentó las críticas de los candidatos presidenciales de la oposición, quienes argumentan que el PPD pone en riesgo la seguridad de la isla. Lai, por su parte, pinta a sus oponentes como conciliadores de una China cada vez más agresiva y sostiene que, bajo su liderazgo, la influencia excesiva de China contribuirá a la destrucción de la democracia duramente ganada de Taiwán.
Antes de las elecciones en Taiwán, tanto China como EE. UU. han dado señales de trabajar para aliviar las tensiones. En Washington, Antony Blinken, el Secretario de Estado de EE. UU., sostuvo una reunión con Liu Jianchao, líder del departamento internacional del Partido Comunista Chino, justo un día antes de las votaciones en Taiwán.
Además, EE. UU. y China llevaron a cabo su primer encuentro militar cara a cara en cuatro años, durante el cual Beijing presionó a EE. UU. para que cesara el envío de armas a Taiwán. No se ha revelado cómo respondió EE. UU. a esta solicitud, según el comunicado del Pentágono.
Tras la cumbre entre el presidente de EE. UU., Joe Biden, y el presidente chino, Xi Jinping, en San Francisco en noviembre, las relaciones entre ambos países han mantenido una calma relativa. Xi, quien lidia con una economía en declive en China, habría indicado a Biden que no tiene un plazo fijo para alcanzar la meta de unificar Taiwán, lo que contradice las afirmaciones de oficiales estadounidenses y taiwaneses que sugieren que una invasión podría suceder para el año 2027.