Poco más de un año antes de la adopción del histórico Acuerdo de París sobre el clima, el presidente chino Xi Jinping y el entonces presidente de EE. UU., Barack Obama, realizaron un anuncio histórico en Beijing sobre el cambio climático, reafirmando su compromiso con un acuerdo exitoso en París y marcando una nueva era de diplomacia climática multilateral. En dicha agenda, la transición energética se encuentra en los primeros puestos.
Ambos líderes, en 2016, en la víspera de la Cumbre del G20 en Hangzhou, ratificaron formalmente el tratado. Al conmemorar ese momento trascendental, Obama afirmó: “… cuando países como China y Estados Unidos están dispuestos a mostrar liderazgo… es posible crear un mundo más seguro, más próspero y más libre que el que heredamos”.
Pero, a los pocos meses de esta cooperación sin precedentes, el presidente Donald Trump retiró a EE. UU. del acuerdo durante su primer mandato, una decisión que fue vista por otros líderes mundiales como un acto de “negar la ciencia y dar la espalda al multilateralismo”. Este amplio enfoque multilateral volvió a verse amenazado cuando Washington se retiró por segunda vez del Acuerdo de París, lo que llevó a otras potencias como China y la Unión Europea a ocupar ese vacío y asumir el liderazgo climático.
Como parte de la búsqueda de nuevos socios climáticos, la ministra francesa de Transición Ecológica, Agnès Pannier-Runacher, visitó recientemente Beijing y encontró “puntos de convergencia”, como el “compromiso con el Acuerdo de París” y con el “multilateralismo”. “En un momento en que se duda de la ciencia… y se cuestiona el impacto del desajuste climático… es importante que la Unión Europea y China asuman sus responsabilidades”, afirmó.
Ante el continuo retroceso de EE. UU. respecto a sus compromisos, China podría convertirse en un socio valioso para la UE en materia de cambio climático y en la aceleración de la transición global hacia las tecnologías verdes. Así lo expresó Pannier-Runacher, quien destacó el “dinamismo” de China e instó a todos los países a aprender de su “rapidez” en la transición energética y el desarrollo de tecnologías de energías renovables.
China, como líder en tecnología verde, ofrece importantes oportunidades de cooperación para Europa en la reducción de emisiones de carbono mediante la transición energética hacia energías limpias. Según la Agencia Internacional de Energías Renovables, el 92,5 % de la capacidad energética añadida en 2024 provino de fuentes renovables, con un total de 585 gigavatios (GW). China representó 373,6 GW, es decir, alrededor del 64 % de la nueva capacidad renovable global, con importantes aportes en energía solar, eólica, bioenergía e hidroeléctrica.

China también es el mayor inversor mundial en energía limpia.
Según la firma de investigación Bloomberg New Energy Finance (BNEF), la inversión total de China en tecnología verde alcanzó los 818 mil millones de dólares el año pasado, superando la inversión combinada de Estados Unidos, la Unión Europea y el Reino Unido. De los 16,2 millones de empleos creados en el sector de energías renovables a nivel mundial en 2023, 7,4 millones se generaron en China. Además, el país es el «fabricante dominante de equipos» en los dos sectores más dinámicos de las energías renovables: la eólica y la solar fotovoltaica (FV).
La segunda economía más grande del mundo está encaminada a consolidar su posición como líder mundial en energía limpia. Luego de haber superado seis años antes su objetivo de alcanzar 1.200 gigavatios (GW) en energía solar FV y eólica para fines de la década, se prevé que China sea responsable de uno de cada dos megavatios de toda la capacidad de energía renovable que se instale en el mundo de aquí a 2030. El director ejecutivo de la Agencia Internacional de Energía, Fatih Birol, resumió el liderazgo impresionante de Beijing en dos palabras: “China, solar”.
El ascenso de China en energías renovables puede ser asombroso, pero no es sorprendente. Hace ya varias décadas, Beijing identificó a las industrias de energía limpia como estratégicas, dirigió inversiones hacia ellas y estableció políticas que promovieran tanto el despliegue de energías renovables como la fabricación de esas tecnologías. Iniciativas como los Certificados de Electricidad Verde están acelerando la descarbonización y el desarrollo sostenible en el ámbito doméstico; a su vez, la Iniciativa de la Franja y la Ruta, propuesta por China, está promoviendo la adopción internacional de tecnologías limpias mediante el desarrollo de infraestructura verde.
Tanto Beijing como Bruselas, como grandes consumidores globales de energía y con intereses y objetivos compartidos en torno al desarrollo verde y bajo en carbono, tienen un gran potencial para colaborar y acelerar su transición energética hacia energías limpias. Con la amplia experiencia de China en desarrollo de proyectos e innovación tecnológica, y con las metas climáticas ambiciosas de la UE y su cercanía con África, la cooperación entre ambas partes puede contribuir significativamente a los objetivos climáticos, la transición energética y la industrialización verde, generando oportunidades inigualables para la expansión del mercado, la creación de empleo y el avance del futuro energético de África.
China y la UE tienen una larga historia de cooperación en materia de cambio climático. La Asociación China-UE sobre Cambio Climático, firmada en 2005, fue uno de los marcos políticos de alto nivel que buscaba fortalecer la cooperación y el diálogo sobre tecnologías bajas en carbono, con un enfoque en el «desarrollo y despliegue de tecnologías de energía limpia».
Establecido en la Reunión de Líderes China-UE de 2020, el Diálogo de Alto Nivel China-UE sobre Medio Ambiente y Clima (HECD, por sus siglas en inglés) se basa en esa asociación. Al reconocer los desafíos interrelacionados del cambio climático, la contaminación, la pérdida de biodiversidad y la desertificación, ambas partes, en la quinta edición del HECD celebrada el año pasado, reconocieron la urgencia de una acción climática global para “respetar los objetivos del Acuerdo de París y las metas del Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal”, acordando intensificar la cooperación en medio ambiente, agua y economía circular, y contribuir conjuntamente a un proceso multilateral de gobernanza climática.
A diferencia de Estados Unidos, que ha abandonado frecuentemente sus compromisos, China ha mantenido firmemente sus promesas ante el mundo. Luego de que Trump se retirara del Acuerdo de París durante su primer mandato, Beijing se comprometió a cumplir sus responsabilidades frente al cambio climático, y China y la UE, tras la 20ª Cumbre China-UE en 2018, subrayaron su “firme determinación” de combatir el cambio climático y ejercer un liderazgo global, reafirmando su compromiso con el multilateralismo.
Dado que las acciones de Washington amenazan con debilitar la acción climática y el multilateralismo, así como agravar la crisis climática, la cooperación verde entre Beijing y Bruselas es esencial para lograr una transición hacia bajas emisiones, desarrollar nuevas tecnologías y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible: un llamado universal para erradicar la pobreza, proteger el planeta y garantizar que todas las personas disfruten de paz y prosperidad para 2030.
Nota: esta es un artículo republicado del medio «CGTN» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.
Azhar Azam, un comentarista especializado en asuntos actuales para CGTN, trabaja en una organización privada como analista de mercado y negocios, y escribe sobre temas geopolíticos y conflictos regionales.














