Mientras la India conmemora el 75.º aniversario de su Constitución —un documento que consagra los derechos fundamentales de su pueblo—, el gobierno de Modi ha cometido un acto que contradice todo lo que representa esa carta magna. El bloqueo arbitrario del acceso a The Wire, un portal de noticias respetado e independiente, no es solo un ataque a un medio de comunicación. Es un atentado contra la propia Constitución, especialmente contra su garantía de libertad de expresión y de prensa.
No hubo aviso. No hubo explicación. No se dio oportunidad a los editores ni a los lectores de The Wire para ser escuchados. La medida parece haberse tomado en secreto, sin el debido proceso ni una base legal declarada públicamente. Esto constituye una violación flagrante de los principios de justicia natural, principios que no solo son fundamentales para nuestro sistema legal, sino también para el espíritu democrático de la República de la India.
De forma inquietante, esta acción recuerda a la censura autoritaria de la India colonial, e incluso la supera en algunos aspectos. En 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, la administración colonial británica impuso una estricta censura para suprimir la disidencia. Incluso a Mahatma Gandhi se le impidió escribir sobre la no violencia mientras las operaciones bélicas se expandían por distintos continentes. Aquella censura fue condenada entonces como injusta y contraria al espíritu indio.
Hoy, en 2025, la India es una democracia soberana —al menos en teoría. No hay estado de emergencia. No existe censura de prensa autorizada por la ley ni por la Constitución. Sin embargo, el gobierno ha bloqueado un portal de noticias completo, y lo ha hecho sin ofrecer ninguna razón públicamente. Si esto no es censura, ¿entonces qué es?
Gandhi respondió a la censura de prensa británica lanzando su Satyagraha Individual —la única campaña de ese tipo en defensa de la libertad de prensa. Él definía la libertad de prensa y de expresión como “la base del Swaraj”. Cualquier ataque a esa base, advertía, debía ser resistido con todas nuestras fuerzas. Esa advertencia es hoy más pertinente que nunca.
El bloqueo de The Wire sigue un patrón: la acción coercitiva contra Newsclick.in, la persecución a periodistas independientes en YouTube, la creciente intimidación de voces disidentes. Estas acciones no son hechos aislados; son sistemáticas. Forman parte de un intento más amplio por silenciar las críticas y consolidar el control sobre la información, que es el alma de cualquier democracia funcional.
Además, al impedir que los ciudadanos accedan a The Wire, el gobierno está vulnerando su derecho a la información, un derecho que la Corte Suprema ha reafirmado repetidamente como parte integral del derecho a la libertad de expresión. Una democracia no puede prosperar si su pueblo es mantenido en la oscuridad.
Esto no se trata solo de The Wire. Se trata del futuro de la libertad de expresión en la India. Se trata de si nuestra Constitución, con 75 años de historia, sigue teniendo valor frente al autoritarismo que avanza silenciosamente.
Como ciudadanos, periodistas y defensores de la democracia, debemos estar a la altura de este desafío. La prensa no es enemiga del Estado: es el espejo en el que el Estado debe mirarse. Romper ese espejo es romper la idea misma de la India.
Decisiones tan perversas como esta, que buscan silenciar voces críticas representadas por The Wire, son un claro indicio del grave retroceso democrático en la India y del deterioro de su posición en los índices globales de libertad de prensa. Estas acciones deben ser combatidas con firmeza para que la libertad de prensa garantizada por la Constitución brille en todo su esplendor.
Nota: esta es un artículo republicado del medio «The Wire» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.
Fue Oficial de Servicio Especial del Presidente de la India K R Narayanan.














