El 2 de abril, el presidente estadounidense Donald Trump encendió un conflicto comercial global, apuntando específicamente contra China debido a su considerable superávit comercial anual con Estados Unidos. Desde entonces, las dos economías más grandes del mundo han entrado en una escalada de represalias mediante aranceles. Estados Unidos impuso un aumento del 145% en los aranceles a la mayoría de los productos chinos. China respondió con un arancel del 125% a los productos estadounidenses.
Los niveles absurdos de aranceles han paralizado el comercio bilateral. Cuándo y cómo terminará esta guerra comercial es motivo de intenso debate y especulación a nivel mundial. Sin embargo, hay algo claro: si Trump esperaba que China cediera primero, calculó mal la estrategia política de Pekín y su capacidad para resistir dificultades económicas.
En las últimas semanas, se desarrolló un episodio absurdo de teatro político. A través de diversas entrevistas en los medios y comentarios improvisados, Trump, con cara de póker, afirmó que el presidente Xi Jinping lo había llamado para hablar sobre las negociaciones comerciales y arancelarias, insinuando una concesión por parte de Pekín.
“[Xi] me llamó. Y no creo que eso sea una señal de debilidad de su parte”, dijo Trump en una entrevista con la revista Time a fines del mes pasado, afirmación que reiteró posteriormente. También aseguró que su administración estaba negociando con los chinos para alcanzar un acuerdo.
Sin embargo, Pekín ha negado de forma constante y categórica todas las afirmaciones de Trump, incluyendo que Xi lo haya llamado o que ambas partes estén dialogando sobre aranceles.
Dado el historial de exageraciones y falsedades de Trump para influir en las negociaciones, la versión de Pekín —que no hubo conversaciones directas sobre aranceles entre Xi y Trump— parece más creíble.
Sin embargo, resulta difícil imaginar que no haya existido ningún contacto entre ambas naciones. De hecho, el 17 de abril, ocho días después de que Trump aumentara los aranceles a al menos 145% sobre las importaciones chinas, Xinhua informó que el Ministerio de Comercio de China había mantenido comunicación técnica con su contraparte estadounidense, citando a su portavoz.
Desde entonces, sin embargo, Pekín ha adoptado una postura más firme, insistiendo en que no hay conversaciones directas en curso sobre comercio y aranceles, mientras Trump amplifica sus afirmaciones sobre negociaciones en marcha.
Pekín sigue siendo reacio a entablar negociaciones serias con Washington hasta no tener claridad sobre las intenciones de Trump. En comparación con la fase inicial de la guerra comercial iniciada en 2018, China está mejor preparada esta vez. Los funcionarios chinos comenzaron a analizar varios escenarios el año pasado, mucho antes de la investidura de Trump.
Parece que Pekín ha decidido devolverle la jugada a Trump adoptando su estrategia de máxima presión, con el objetivo de forzar a la otra parte a ceder primero y lograr un acuerdo favorable. Los funcionarios chinos creen que China está en una mejor posición para soportar el dolor a corto plazo que Washington, en gran parte gracias a su sistema político, que permite a sus líderes movilizar recursos para mitigar el impacto de los aranceles sin temer una reacción pública, a diferencia del gobierno de Trump.
Además, el estricto control mediático en China ayuda a moldear la narrativa pública. El Ministerio de Relaciones Exteriores publicó un video viral titulado “Nunca arrodillarse”, equiparando la sumisión a las demandas de Trump con beber veneno. Los medios estatales chinos han publicado comentarios que remiten al ensayo de Mao Zedong de 1938, Sobre la guerra prolongada, instando a confiar en una eventual victoria como la de 1945 sobre Japón.
Aunque pocos creen que la guerra de aranceles se prolongue tanto como lo sugiere la retórica, la postura de China se basa en esperar que Trump sea el primero en ceder.
¿Qué sigue? El jueves, Yuyuan Tantian —una cuenta en redes sociales vinculada al canal estatal CCTV— publicó que Estados Unidos había contactado a China por “múltiples canales” para iniciar conversaciones comerciales, citando fuentes anónimas. La publicación sugirió que no hay necesidad de que Pekín se comprometa con Washington a menos que haya acciones sustanciales.
Sin embargo, si los funcionarios estadounidenses buscan iniciar el diálogo, Pekín podría beneficiarse al observar o incluso forzar a EE.UU. a mostrar sus verdaderas intenciones, ganando ventaja en la negociación.
El viernes, el Ministerio de Comercio de China emitió un comunicado indicando que está evaluando la disposición de EE.UU. a entablar conversaciones sobre aranceles, lo que sugiere que los líderes chinos podrían estar construyendo una vía de escape para que ambas partes inicien el diálogo.
Algunos analistas ven estos dos mensajes recientes como señales positivas de que Pekín estaría dispuesto a dialogar con Washington ante sus reiterados pedidos.
Estos nuevos desarrollos fortalecen el escenario más optimista: que los crecientes costos del conflicto obliguen a Xi y a Trump a mantener una conversación telefónica genuina en las próximas semanas, con sus respectivos asesores de comunicación moldeando el lenguaje para que ambos líderes aparezcan como vencedores.
Según los últimos datos, la economía estadounidense se contrajo por primera vez en tres años durante el primer trimestre del año, mientras que el índice de gerentes de compras manufactureras de China cayó a su nivel más bajo en 16 meses en abril.
Además, a pesar de la retórica dura de Pekín, sigue aplicando la estrategia formulada tras la primera guerra comercial iniciada por Trump en 2018: luchar, pero no romper. Esa estrategia de cinco palabras implica que, aunque China y EE.UU. se enfrenten en cuestiones geopolíticas y tecnológicas, Pekín probablemente aún quiera cooperar con Washington en temas como narcotráfico, terrorismo y comunicación militar.
Una llamada telefónica podría ser seguida por una reunión presencial en un plazo de seis meses, posiblemente al margen de una cumbre internacional o en una visita bilateral programada. Esto podría llevar a ambas partes a negociar una reducción de los niveles arancelarios excesivos hacia fin de año. La alternativa —una guerra arancelaria prolongada— sería perjudicial para todos los involucrados.
Nota: este es un artículo republicado con autorización expresa de su autor. Link al artículo original.
Ex editor en jefe del South China Morning Post (SCMP). Tiene una maestría en periodismo y una licenciatura en inglés. Durante 20 años se desempeñó en el China Daily y fue corresponsal de la BBC China. Ahora reside en Beijing como asesor editorial del SCMP.














